La Galerna
·16 de enero de 2026
Amarga la verdad

In partnership with
Yahoo sportsLa Galerna
·16 de enero de 2026

Pues amarga la verdad/quiero echarla de la boca/y si al alma su hiel toca/esconderla es necedad. Creo que no me equivoco si el madridismo universal se siente hoy como el poeta, con la lengua como el acíbar después de ver dos eliminaciones ante equipos que se lo han ganado a pulso. En ambos partidos el triste espectáculo contemplado es el de un equipo desangelado, insípido y sin alma, lejos de lo que se espera del Madrid. Dicho esto, ¿y ahora qué?
Desde mi humilde rincón de observador, sin acceso a información privilegiada ni contactos importantes, opino que el problema es de enfoque. Me explico.

Florentino Pérez es empresario, y como tal aplica criterios empresariales a la hora de tomar decisiones importantes.Santas y buenas cuando hablamos de dineros, pero esto es un club de fútbol (por ahora) y lo que importa además de la gestión es ganar títulos. Tengo para mí, y que me corrijan si me equivoco, que en la planta noble del Bernabéu están justamente preocupados por el futuro del Madrid, y el momento en el que se convierta en sociedad anónima. Dejar un club con cuentas saneadas y patrimonio abundante, con un número limitado de socios -por si los desaprensivos con talón aparecen- parece lo más inteligente, pero no olvidemos que somos un club, el más grande, y eso exige ganar; y para ganar hay que fichar con cerebro, y cuando se puede, como por ejemplo en el mercado de invierno.

Ganar exige proyectos a largo plazo, dejar hacer y confianza en los equipos de trabajo; si el equipo carece de columna vertebral sin Kroos ni Modric, ¿por qué no buscarlos? ¿Por qué no confiar en jóvenes como Endrick, habilidosos y con ganas? Recordemos otra vertiente, como es que el entrenador y su equipo técnico tienen que saber que se confía en ellos. Andamos harto sobrados de egos en el fútbol de Primera como para permitir que uno o varios jugadores puenteen al míster sin que pase nada; créanme que con treinta años de enseñanza a mis espaldas,si dejamos que el alumno pase por encima del profesor tenemos preparado el guiso del desastre.
Poco más puedo añadir, amigos. Cabe pensar que mis reflexiones en voz alta, ahora que nos oye nadie,sean de poca sustancia, que no se oigan en el mar de reproches que caerá en los días que vienen, que Arbeloa y sus chicos me dejen con el trasero al aire en cuestión de días, pero prefiero manchar la página de sudor, de barro o de sangre antes que de la ignominia de callarme.









































