El Sevillista
·4 de enero de 2026
Analizamos al mejor jugador del Sevilla en el Ramón Sánchez-Pizjuán: Oso

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·4 de enero de 2026


El Sevilla firmó una de sus noches más duras de la temporada en el Ramón Sánchez-Pizjuán, superado con claridad por el Levante (0–3). En un contexto adverso, con un equipo desordenado, sin continuidad y muy expuesto en varias fases del encuentro, Oso fue el jugador más regular y fiable del conjunto nervionense, aun sin poder cambiar el rumbo del partido.
El lateral izquierdo español no brilló ni dejó acciones decisivas, pero sostuvo su banda con criterio y serenidad, algo poco habitual en un encuentro donde casi todo falló. A sus 22 años, mostró una versión madura, consciente del momento y del escenario, compitiendo desde la responsabilidad.
El Sevilla pasó demasiados minutos defendiendo bajo, llegando tarde a las ayudas y sin claridad en la salida de balón. En ese escenario, Oso entendió que el partido pedía contención más que protagonismo. No forzó, no se desordenó y no regaló situaciones de ventaja al rival.
Con balón fue una opción segura, participando cuando la jugada lo pedía y priorizando la continuidad. Sin balón, se mantuvo concentrado, atento a las coberturas y firme en los duelos que tuvo que afrontar.
El punto de equilibrio
Oso destacó en tres aspectos muy concretos, siempre desde la discreción:
• Seguridad en la circulación
26/34 pases precisos (76 %). Jugó sencillo, sin pérdidas y ofreciendo una salida limpia por banda cuando el equipo lo necesitó.
• Presencia ofensiva muy limitada
60 toques y solo 3 en el área rival. Intentó progresar en momentos puntuales, pero sin continuidad ni impacto real. Regate discreto (1/3) y sin generación de ocasiones.
• Seriedad defensiva
1 entrada, 1 intercepción y 2 recuperaciones. Correcto en el duelo terrestre (2/4) y sin sufrir en exceso por su costado pese a la presión constante.
Sus números en el partido
Claves de su actuación
• Madurez competitiva
No se escondió ni perdió la concentración pese al marcador.
• Fiabilidad sin balón
Ordenado y atento en una defensa muy exigida.
• Poco peso ofensivo
Cumplió, pero no marcó diferencias en campo rival.
Conclusión
Oso fue el mejor jugador del Sevilla en una derrota contundente en el Pizjuán, lo que habla más de su regularidad que del nivel colectivo del equipo. No dejó una actuación para el recuerdo, pero sí una sensación de fiabilidad en una noche muy complicada.
Un partido serio, sin brillo y sin impacto real en el marcador.
Pero también un partido que confirma que Oso no se cae cuando el equipo se descompone.
El Sevilla necesita futbolistas que, incluso en días así, compitan.
Hoy, dentro del mal partido general, el nombre fue Oso.
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