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La Galerna

·17 de enero de 2026

Arbeloa, un entrenador de los de antes

Imagen del artículo:Arbeloa, un entrenador de los de antes

Primera parte horrorosa del Real Madrjd contra el Levante. Indistinguible de la agonía de los últimos tres meses, en los que pareció que jugábamos una y otra vez el mismo partido como en el día interminable de la película de Bill Murray "Groundhog Day".

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Deseo que Arbeloa tenga un poco de suerte, porque tiene razón y una sensatez infrecuente en la locura del mundo del fútbol. En una semana ya ha sido criticado e insultado por la escoria neomadridista de las redes por sus ruedas de prensa, en las que ha exhibido un madridismo sin complejos y lo contrario de los mensajes neutros para salir del paso de Xabi, incapaz de esconder su estado de ánimo y de manejar la tensión desde que intuyó que no seguiría en el club.


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El entrenador ha sacado un once de titulares, donde sólo faltó Rodrygo, en la grada. Cero sorpresas. Y ha pasado lo que tenía que pasar y se venía anunciando: Ensañamiento desde la grada con el equipo y con el presidente. Ira continuada, jamás vista en el Bernabéu, sobre tres jugadores: Bellingham, Valverde y Vinicius. Precisamente los señalados por un madridismo youtuber que hace de la polarización del madridismo, de la división, del insulto y de la falta de respeto y de la crispación su modo de vida. Retratado por Arbeloa en la rueda de prensa post partido, en respuesta a Rubén Cañizares: "Yo sé de dónde vienen los pitos, sé de dónde vienen las campañas. No son de gente que no quiere a Florentino. Son de gente que no quiere al Real Madrid". No se puede decir más con menos. "A mí no me van a engañar, sé de dónde viene todo esto".

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Ante el espectáculo bochornoso del primer tiempo, Arbeloa ha movido el banquillo. Esta vez con acierto: Güler por un desnortado Camavinga, que da señales de futbolista desprovisto de inteligencia táctica, carencia escondida casi siempre por su despliegue físico. Un enigma si será recuperable, necesita un entrenador personal que trabaje sólo con él y que confirme si entiende los movimientos básicos de un centrocampista sobre una pizarra y después, si es capaz de ejecutarlos sobre el campo. Güler ha movido rápido la pelota, ha juntado el equipo a su alrededor. Lástima que no tenga fuelle, que es por lo que ha estado entrando y saliendo del once con Xabi, pero eso con 20 años no es un problema. Pintus seguro que sabe qué hacer.

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Ningún entrenador nos va a decir con sinceridad lo que se habla en un vestuario. Pero los mensajes del descanso han debido ser muy claros, visto lo visto en la reanudación. Sólo sentar a Camavinga ya nos ha cambiado la cara. El segundo acierto de Arbeloa hoy ha sido retrasar a Tchouameni con el 1-0 y poner en el eje a Ceballos. Era arriesgado si el Levante hubiera continuado llegando al área, pero el dominio con Mastantuono en la banda (Gonzalo trabajó hoy sin fortuna) y Güler como trescuartista les mantenía prudentes atrás. Con este poquito fútbol de la segunda parte, nos bastará para ganar el 80% de los partidos.

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Ceballos es el único organizador de la plantilla. Ha tenido malos partidos con Xabi que le condenaron al ostracismo. No acertó el tolosarra al darle sólo minutos de la basura. Ceballos tiene la calidad y la capacidad de llevar el peso de la construcción. Si nos da estabilidad en el eje durante cuatro partidos y los convertimos en cuatro victorias, podemos empezar a pensar en terminar la temporada compitiendo por los títulos. A estas alturas no pido más, pero tampoco menos.

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Los entrenadores de antes, Mourinho, sin ir más lejos, no tenían problema en sentar a un jugador en el descanso. En tocar posiciones, egos, en dar toques con las acciones, no con las palabras en rueda de prensa o filtrando. Eso ha cambiado mucho en los últimos diez años en el Madrid. Los entrenadores de antes tenían la capacidad de convertir el vestuario en el rincón más opaco del club, sentían la necesidad de blindar a sus jugadores franquicia del ruido exterior. Lo que hace Álvaro en ruedas de prensa es cerrar la puerta del vestuario a cal y canto a la especulación, el rumor y la escoria mediática. Negar la posibilidad de desestabilizar a los periodistas miserables, buscadores habituales de titulares malintencionados. Me está gustando Arbeloa en la banda, pero me está gustando mucho más frente a los micrófonos. Ojalá el día de hoy sea el punto de inflexión que estamos esperando.

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La sustitución de Raúl Asencio en el 89' ha sido otro de esos mensajes de entrenador veterano: "Os habéis hartado de pitar, cabrones, ahora vais a aplaudir porque me da la gana a mí". Gesto futbolero para disgusto de los que se alegran y regodean en la derrota. Quién sabe por qué hay personas que perciben como justicia la crítica destructiva, el insulto, el sufrimiento y la crispación. Se realimentan y quedan satisfechos siempre y cuando puedan encontrar un culpable a quien poner en el centro de su ira, alguien tiene que pagar por su amargura, por su infelicidad, tal vez por sus vidas de mierda.

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Con Xabi sólo tuve un punto de amargura que ahora, después de lo sucedido, se me viene a la mente. Le adoré como jugador. Escribí aquí todo lo bueno que nos podía dar, y también escribí que sin dudar de su madridismo, nunca le acabé de perdonar que abandonara el Madrid para ir a aprender el oficio de entrenador al Bayern con Guardiola. Hizo lo mejor para su carrera, sin duda, pero se fue con Pep. Será un entrenador top durante la próxima década, indudablemente, pero en dos días hemos visto más madridismo e inteligencia emocional en Arbeloa que en el bueno de Alonso. Cuatro victorias seguidas. Es todo lo que necesitamos: Mónaco, Villarreal, Benfica y Rayo. Empezando febrero con ese saldo recuperaremos lo más importante para un colectivo: la confianza.

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