Grada3
·18 de enero de 2026
Arda Güler pone una marcha

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·18 de enero de 2026

Arda Güler vuelve a poner una marcha. En la victoria del Real Madrid por 2-0 ante el Levante, el turco ha sido el jugador que desbloqueó el partido. Después de una primera parte soporífera, marcada por las distintas pitadas del Santiago Bernabéu y de las pocas ideas de juego mostradas en el campo, el joven de 20 años tomó las riendas a la vuelta de los vestuarios. Ante un Camavinga que no dio el paso durante los primeros 45 minutos, Álvaro Arbeloa decidió sentar al francés y poner al ’15’ durante el descanso. En este momento, el ‘Espartano’ todavía no lo sabía, pero había ganado el encuentro ante los granotas.
Porque nada más salir, Arda Güler revolucionó el partido. Dio lo que no se vio en toda la primera parte: ritmo, organización, estructura y distribución. Durante 45 minutos, la sala de máquinas se quedó huérfana de sus mecánicos. Hasta que llegó el «ingeniero Güler». El ’15’ resolvió todos los problemas técnicos de Álvaro Arbeloa en un abrir y cerrar de ojos. Con sus herramientas, el otomano le dio una vuelta de tuerca al centro del campo del Real Madrid y solucionó un encuentro que se dirigía hacia una nueva debacle.
Pero Arda no permitió que esto ocurriese. En el minuto 56, el primer destello del turco llegó. Fue todo un símbolo. Con el balón entre los pies, Güler levanta la cabeza, analiza, y le filtra un pase a Mbappé dentro del área. El francés recibe, caracolea, y es derribado por Dela. Penalti para el Real Madrid. El otomano estalla. El ’10’ todavía no ha tirado la pena máxima, pero él sabe cómo acabaría. Y no se equivocó, porque Kylian no falló. Ahí fue su primer destello.
Y diez minutos después, Güler volvería a golpear. Ésta vez, sí que asistió. Minutos antes, su pase consiguió provocar el penalti de Kylian Mbappé. O por lo menos lo buscó. Pero ahora, el ’15’ fue directamente uno de los partícipes del gol merengue. En un córner, el internacional turco botó la pelota… y encontró a Raúl Asencio dentro de la cocina. Allí, el canario no falló. El pasado 6 de enero, contra el Betis, Arda ya le había ofrecido su primer gol como profesional al canterano. Ante el Levante, se volvió a repetir. Con el mismo patrón: córner y testarazo. 2-0, y a pensar en la Champions.
Ante el Levant, Arda Güler entró en el césped del Bernabéu como quien abre las ventanas para que entre la luz: con calma, con precisión, pero también con intención. Amén de haber participado en los dos goles blancos, el joven turco se adueñó de la pelota desde su primer toque. Distribuyó el juego con un temple impropio de su edad: 36 pases completados de 38 intentos (95% de acierto) y un dominio absoluto tanto en campo rival (28/30) como en el propio, donde no falló ni uno (8/8). Su fútbol fluyó con armonía: siete centros al área, cinco de ellos precisos, siempre buscando una rendija, una grieta en el bloque granota.
No se conformó con el papel de constructor. Arda quiso también escribir su nombre en el marcador. Lo intentó tres veces, dos de ellas obligando al guardameta a intervenir, pero el gol aún se le resiste, como una promesa aplazada. Sin embargo, cada intento tiene la sensación de preludio: el gol llegará, porque su fútbol ya late dentro del área rival.
Y esto, Arbeloa lo sabe muy bien. Al final del encuentro, el salmantino se rindió al turco y le abrió una vía de escape. «Seguro que va a ser importante, como todos. Tiene mucho talento, capaz de jugar en muchas posiciones. Es joven, pero tiene una cierta experiencia para su edad. Hizo un gran esfuerzo en Albacete. Seguro que tendrá muchos minutos, tiene un talento diferente. Está destinado a tener grandes noches aquí», explicó el ‘Espartano’.
Arda Güler vuelve a recuperar colores. El turco, que hace apenas unas semanas veía su papel reducido a la mínima expresión, ha vuelto a mostrar señales de su mejor versión. Lejos quedan los días de dudas, suplencias y esperas silenciosas en Valdebebas. Ahora, el centrocampista empieza a reconectar con su fútbol –ese que maravilló a todos cuando apareció por primera vez en el Bernabéu– y a convertir la paciencia que se pedía en hechos sobre el terreno de juego.
No ha sido un camino corto ni sencillo. Hubo momentos en los que su nombre se desdibujaba entre las rotaciones de Xabi Alonso, eclipsado por el brillo de Jude Bellingham o la consistencia del doble pivote. Pero Güler nunca bajó los brazos. Ahora, bajo la dirección de Arbeloa, el turco empieza a ganarse los galones a pulso. Su impulso interior marca un punto de inflexión. Volvió con otro aire: más maduro, más consciente de lo que exige el sistema y, sobre todo, más preparado para resistir cuando el fútbol se pone cuesta arriba. Lo demostró en la debacle de Albacete, donde fue el único que buscó el gol. Provocó los dos únicos tantos madridistas, ambos nacidos de córners, y se pasó el partido sirviendo centros con insistencia. Mostró actitud y hambre. Algo que, hoy, escasea demasiado en este Real Madrid.
El vestuario también lo percibe. Su nombre va cogiendo cada vez más peso en los entresijos de Valdebebas. Con más fuerza en los duelos, sin perder la finura en el último pase y con la determinación de quien ha aprendido a competir al ritmo del Real Madrid. Porque si algo ha demostrado Arda en estas últimas semanas es que su talento no ha pasado de moda: solo necesitaba volver a encender la luz. En todo este mar de dudas, la figura de Güler vuelve a aparecer como una respuesta. Desde lejos, desde la paciencia, pero con la sensación de que su momento vuelve a estar cerca.









































