Boban: el blanco sigue siendo el Milan; criticar sí, hacerlo deporte no | OneFootball

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·3 de octubre de 2026

Boban: el blanco sigue siendo el Milan; criticar sí, hacerlo deporte no

Imagen del artículo:Boban: el blanco sigue siendo el Milan; criticar sí, hacerlo deporte no

Las palabras del excentrocampista rossonero Boban reavivan un guion ya habitual: muchas glorias del pasado parecen encontrar en el Milan de hoy un blanco fácil, incluso cuando la crítica corre el riesgo de volverse más nostálgica que constructiva

Hay una línea muy fina entre el amor por una camiseta y la tentación de convertir cada ocasión pública en un juicio permanente. Zvonimir Boban, hablando en el Festival dello Sport, reiteró conceptos muy duros sobre el Milan actual, llegando a sostener que el club se habría adaptado a no tener ya ambición y que conformarse con la clasificación a la Champions significaría no haber entendido nada de su propia historia.

Palabras fuertes. Quizá demasiado.


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Porque la crítica es legítima, sobre todo cuando viene de quien esa camiseta la vistió, la honró y contribuyó a construir su grandeza. Pero en los últimos años parece haberse vuelto casi automático, para muchos ex campeones rossoneri, tomar al Milan y usarlo como blanco preferido.

¿Algo no funciona? Culpa de la directiva. ¿El Milan no gana de inmediato? Ha perdido su identidad. ¿La propiedad no sigue los modelos del pasado? Entonces falta ambición.

Es una lectura demasiado simple.

Boban y el riesgo de convertir la nostalgia en un juicio absoluto

El Milan de hoy puede ser criticado por muchas decisiones. En el mercado, en la gestión, en la comunicación, en la construcción técnica. Todo legítimo. Pero sostener que el club ha perdido por completo su ambición significa quizá ignorar cuánto ha cambiado el fútbol europeo respecto a los años noventa.

El Milan de Boban vivía en una época distinta, con estructuras económicas diferentes, propiedades diferentes y sobre todo relaciones de fuerza mucho más favorables para los grandes clubes italianos.

Hoy competir de manera estable por la Champions League ya es de por sí una batalla durísima. Eso no significa conformarse. Significa reconocer el contexto.

Y es precisamente aquí donde ciertas declaraciones corren el riesgo de ser menos útiles de lo que podrían ser.

Decir que “el Milan es el Milan” suena bien. Es una frase que enciende de inmediato la nostalgia y toca fibras emocionales muy fuertes. Pero después también hace falta explicar cómo se debería volver a esos niveles. Con qué recursos. Con qué estructura. Con qué estrategia.

De lo contrario, se queda en un eslogan.

El tiro al blanco de los ex se está convirtiendo en una costumbre

El punto, sin embargo, va más allá de Boban.

Desde hace tiempo muchos ex rossoneri intervienen sobre el Milan casi exclusivamente para subrayar sus defectos, carencias y distancias respecto al pasado. Es comprensible: quien ha vivido temporadas irrepetibles tiende naturalmente a comparar todo con aquel nivel.

Pero la comparación corre el riesgo de volverse injusta.

Porque una cosa es custodiar la historia y otra usarla continuamente como arma contra el presente.

El Milan no debe dejar de aspirar a ganar. Sobre esto no existe discusión. Pero no toda temporada sin trofeos representa automáticamente un fracaso de identidad, del mismo modo que no toda decisión distinta de las del pasado significa haber traicionado el ADN del club.

Cuando la crítica se vuelve sistemática, pierde fuerza.

Y cuando cada entrevista de una antigua gran figura contiene inevitablemente una pulla hacia la directiva, casi dan ganas de pensar que el tiro al blanco se ha convertido en una disciplina oficial.

Boban puede criticar, pero también hace falta equilibrio

Boban tiene todo el derecho a ser exigente con el Milan. Probablemente lo hace precisamente porque todavía siente a ese club como parte de su propia historia.

Pero precisamente por eso sus palabras podrían tener aún más valor si fueran acompañadas de un mayor equilibrio.

El Milan de hoy no es perfecto. No lo es la propiedad. No lo es la directiva. No lo es el proyecto técnico.

Pero reducirlo todo a la falta de ambición es demasiado cómodo.

La historia rossonera merece respeto. El presente, sin embargo, merece al menos ser juzgado por lo que es, no solo por lo que todavía no logra ser.

Y quizá, de vez en cuando, a los ex campeones les vendría bien recordar que amar a un equipo también significa criticarlo sin convertirlo siempre en el blanco más fácil.

Este artículo fue traducido al español por inteligencia artificial. Puedes leer la versión original en 🇮🇹 en este enlace.

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