Sitio Boca
·20 de septiembre de 2026
Boca ganó un clásico que puede marcar un antes y un después

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·20 de septiembre de 2026

El 2-0 ante San Lorenzo no fue solamente un triunfo más: Boca mostró autoridad, personalidad y una idea de juego que ilusiona a sus hinchas.
Hay victorias que valen tres puntos y hay victorias que dejan algo más. El 2-0 de Boca ante San Lorenzo, en el Nuevo Gasómetro, pertenece a ese segundo grupo. No solamente por tratarse de un clásico, sino por la manera en la que el equipo consiguió imponer condiciones durante prácticamente todo el partido.
Boca ganó y, sobre todo, dio la sensación de haber sido superior de principio a fin. Esa es quizás la noticia más importante de una noche en la que el resultado terminó siendo una consecuencia lógica de lo que ocurrió dentro de la cancha.
Lo más interesante fue la personalidad. Boca no necesitó convertir rápidamente para sentirse cómodo. Incluso cuando el gol no aparecía y las oportunidades se acumulaban, el equipo mantuvo el control del partido.
La expulsión de Manuel Insaurralde, es cierto, modificó el escenario. San Lorenzo quedó con diez jugadores durante buena parte del encuentro. Pero reducir el triunfo de Boca a esa circunstancia sería injusto con lo que había sucedido antes de la tarjeta roja.
El Xeneize ya era superior. Tenía la pelota, encontraba espacios y llegaba con mayor claridad. Lo que faltaba era transformar ese dominio en goles. Y ahí apareció una de las cuestiones que todavía debe mejorar este Boca: la contundencia. Un equipo que domina tanto un partido no puede permitirse llegar al descanso con la sensación de que dejó vivo a su rival.
La diferencia terminó llegando en el segundo tiempo. Leandro Lozano volvió a encontrar el gol y Miguel Merentiel apareció nuevamente ante San Lorenzo para sentenciar el clásico.
El segundo tanto tuvo además un valor simbólico. Boca ya había conseguido la ventaja y, en lugar de retroceder innecesariamente, encontró los espacios para liquidar el partido. Esa capacidad para leer el momento del encuentro fue una de las mejores noticias de la noche.
También merece una mención especial Leandro Paredes. El mediocampista fue importante para darle claridad a la circulación y manejar los tiempos de un partido que por momentos exigía paciencia.
Cuando un equipo tiene un futbolista capaz de ordenar el juego desde el centro de la cancha, todo parece un poco más sencillo. Paredes no necesitó hacer una jugada espectacular detrás de otra: su influencia apareció en la forma en que Boca administró la pelota y entendió cada momento del clásico.
Es difícil afirmar que un solo encuentro puede cambiar una temporada. Sin embargo, sí parece razonable decir que este Boca mostró una versión que hasta ahora no había aparecido con tanta claridad durante el ciclo de Arruabarrena.
Hubo intensidad, pero también inteligencia. Hubo presión, pero también paciencia. Hubo dominio territorial y, finalmente, hubo goles.
Eso es lo que más puede entusiasmar al hincha: Boca no ganó de casualidad ni encontró el resultado en una acción aislada. Construyó la victoria durante los 90 minutos.
El gran desafío será sostenerlo. Un clásico ganado puede generar confianza, pero también puede convertirse rápidamente en un recuerdo si el equipo no consigue repetir esta versión.
Boca tiene por delante una temporada exigente y varios objetivos. Por eso, más que celebrar únicamente el 2-0, la pregunta será si esta actuación representa un punto de partida.
Por lo visto en el Nuevo Gasómetro, hay motivos para pensar que algo está empezando a encajar. Todavía quedan cosas por corregir, especialmente la eficacia frente al arco rival. Pero si Boca logra mantener esta autoridad, esta concentración y esta manera de interpretar los partidos, el triunfo ante San Lorenzo puede terminar siendo mucho más importante de lo que indica el resultado.
Porque Boca ganó un clásico. Pero, por primera vez en mucho tiempo, la sensación que dejó fue que también ganó una idea.







































