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·24 de agosto de 2026
¡Boca y Racing se sacaron chispas! Empate 1-1, polémica y un final de locura en el Cilindro

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·24 de agosto de 2026

Fue empate y, en cierta manera, estuvo bien. Racing y Boca terminaron repartiendo puntos en un 1-1 que dejó sensaciones positivas, pero que tampoco resuelve demasiado para ninguno de los dos. El Cilindro fue escenario de un clásico intenso, disputado como una verdadera final y con dos equipos que terminaron buscando la victoria hasta el último suspiro.
Para Racing, la necesidad era enorme. El equipo llegaba envuelto en un clima de exigencia, impaciencia e impotencia, pero respondió con actitud. Jugó el clásico como debía jugarlo: con intensidad, personalidad y sin regalar absolutamente nada.
Boca, en cambio, tenía otra misión. El Xeneize necesitaba demostrar que puede plantarse en un partido grande, competir de igual a igual y dar un paso adelante en su construcción. Y aunque el empate no termina de satisfacer, la reacción del equipo después de volver a empezar perdiendo es uno de los aspectos que más invita al optimismo.
Porque hay algo que este Boca empieza a mostrar y que puede convertirse en una de sus grandes virtudes: la capacidad de levantarse después de recibir un golpe.
No se trata solamente del resultado. Los tropiezos empiezan a formar parte de una rutina que, por ahora, no consigue derribar al equipo. Eso sí, el Vasco Arruabarrena tiene una tarea evidente por delante: Boca no puede seguir dando la ventaja de comenzar perdiendo tantos partidos. La reacción es positiva, pero no puede convertirse en una excusa para los errores.
El gol de Marcos Rojo llegó demasiado pronto. Apenas habían transcurrido tres minutos cuando Ayrton Costa cometió un torpe pisotón sobre Canavo dentro del área. El penal se ejecutó recién a los ocho, pero Boca tuvo tiempo de sobra para reaccionar.
Y lo hizo.
El equipo visitante asumió rápidamente el protagonismo y entendió que no podía volver a tropezar. Sus mejores armas aparecieron cuando más las necesitaba. Tomás Aranda volvió a intentar ser protagonista con la pelota, mientras que Milton Delgado se convirtió nuevamente en esa especie de pequeño gigante que sostiene al equipo desde el mediocampo.
Arriba, Leonel Flores y Miguel Merentiel se movieron con inteligencia, bien conectados con el resto del equipo. Boca empezó a encontrar sociedades, circulación y argumentos para creer que el trabajo de Arruabarrena empieza a dar resultados.
Pero Racing también tuvo respuestas.
La Academia encontró una de las claves para complicar al Xeneize: la superioridad numérica en un mediocampo renovado. Lodico y Ortegoza consiguieron imponerse sobre un Camilo Rey Domenech que por momentos quedó demasiado solo, mientras Leonel Pérez y Miljevic acompañaron y atacaron constantemente.
El problema estaba arriba, donde Conechny y Elías Torres no consiguieron darle a Racing todo el peso ofensivo que el equipo necesitaba.
El primer tiempo fue un auténtico intercambio de golpes. El dominio cambió de dueño constantemente y el partido se convirtió en un ida y vuelta que terminó haciendo del clásico un espectáculo atractivo.
En la segunda mitad apareció otro factor: el cansancio.
Boca comenzó a sentir el desgaste y tuvo que mover varias piezas para intentar mantener el ritmo. Racing, en cambio, consiguió sostener una intensidad mucho más pareja.
Sin embargo, las ocasiones más claras terminaron cayendo del lado Xeneize.
Flores tuvo una oportunidad inmejorable, pero definió tarde y sin convicción. Después apareció Villa, que recibió solo entrando por el centro y terminó rematando por encima del arco.
Y llegó la más clara de todas.
Una contra que nació en Montero, que Velasco condujo con inteligencia y que Villa terminó transformando en asistencia para Enner Valencia. El ecuatoriano quedó en una posición ideal para marcar lo que habría sido su primer gol con la camiseta azul y oro, pero la definición no terminó de concretarse.
El final dejó una imagen clara: los dos querían ganarlo y los dos tuvieron argumentos para hacerlo.
Racing se queda con la sensación de haber competido y de haber recuperado parte de la personalidad que necesitaba. Boca, con la certeza de que todavía tiene cosas por corregir, pero también con una señal que puede ser fundamental: este equipo recibe golpes y ya no se cae tan fácilmente.
El 1-1 no le sirve demasiado a ninguno.
Pero después de un clásico así, ambos se fueron del Cilindro con motivos para creer.
IAM







































