MUNDO MILLOS
·24 de marzo de 2026
Canto de gol: azul instantáneo

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·24 de marzo de 2026

Cuando tenía 14 años mi mejor amigo falleció. Un accidente en carretera se lo llevó junto a su familia en la vía Medellín-Bogotá. Y desde ahí la muerte aceleró mi madurez y me enseñó que la vida es de color azul instantáneo.
Ayer lunes leía la columna de mi amigo Andrés Rey sobre esos nombres que partieron, unos en circunstancias inesperadas y otros, predecibles. Sin duda el top 1 de marcas dejadas en mi vida se lo lleva el eterno Miguelo, que ahora hace parte de varios ámbitos de mi cotidianidad. Y le sumo en el podio a Jhon Mario Ramírez y Ricardo Manuel Ciciliano, tanto por lo inesperado y acelerado de su adiós como por haberlos visto en su prime defendiendo la camiseta que amo.
El fin de semana, mientras nos dirigíamos a Manizales, iban llegando las noticias más insólitas y dolorosas desde Bogotá. Y sin duda el ambiente en la zona mixta a pesar del 1-4 contundente contra Once Caldas conectó y demostró el golpe que fue la entonces convalecencia de Santiago Castrillón para sus compañeros. Con la excusa de escuchar música, saludando pero sin frenar su paso, u ocupados con las maletas o pertenencias, todos los jugadores eludieron a los micrófonos como a rivales en la cancha.
Stiven Vega nos sonrió y se excusó por no hablar. Danovis Banguero caminó en línea recta hacia el bus, despidiéndose pero sin mirarnos. Andrés Llinás paró a respondernos con mucha decencia y amabilidad, pero nos permitió sólo una pregunta por periodista. Y David Mackalister Silva, de quien nadie podría describir o imaginar lo que está sintiendo en estos momentos, ni siquiera cruzó esa zona de declaraciones. Tristeza, dolor y estupefacción eran los sentimientos y la energía que se sentía fuertemente en el Palogrande de Manizales. Incluso César Ardila nos intentaba dar un parte de tranquilidad, pero algo nos decía que las cosas no iban bien.
La partida de ‘Castri’ deja cortas e insuficientes las palabras de consuelo y explicación. Los partes médicos que nos compartían mis estimados compañeros del equipo de Mundo Millos eran absolutamente desesperanzadores y nos llevaban a prepararnos para lo peor, aunque de forma infructuosa. Porque nadie imagina que un chico de 18 años no logre subsanar sus males físicos, y todos desde nuestras creencias rogábamos para que su juventud contribuyera a su recuperación. Pero Santiago ahora se une a la dirección técnica de Miguelo, a la competencia por el puesto con ‘Cici’ y ‘Jhonma’ y al aliento de Javier y tantos hinchas en la tribuna eterna. Y desde allá también será ahora un hincha más del Millonarios terrenal.
La enseñanza ratificada por este presente de duelo y reflexión es aprovechar cada partido, cada viaje, cada oportunidad de gritar un gol y abrazar a un ser querido en una celebración. Porque nuestra vida es de color azul instantáneo. Todo es eso en nuestro trasegar por el mundo: un instante, un suspiro. Como lo dije en mi cita a la columna de Andrés y a él en nuestra charla por interno posterior a esa publicación, no sabemos cuándo llegue nuestro pitazo final y nuestro partido en la tierra termine. Vivamos agradecidos de poder pagar un abono, una boleta, un bus o un vuelo para ver a Millonarios. Disfrutemos cuando una entrada nos sirva para ver un doblete como el del próximo lunes, para respirar a Millos tanto como nos sea posible. Porque el mundo gira y mañana no sabremos si nuestras fuerzas físicas, mentales o emocionales nos permitan hacerlo.
El canto de gol para acompañar esta columna es ‘Canción para mi muerte’, de la banda bonaerense Sui Generis:
Carlos Martínez Rojas@ultrabogotano









































