MUNDO MILLOS
·20 de mayo de 2026
Canto de gol: paños de agua tibia

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·20 de mayo de 2026

Esta semana el festivo me había dado licencia, y había decidido tomarme un descanso. Si Millonarios pudo decidir sobrar partidos y descansar de la lucha obligatoria por la estrella, ¿por qué no podría yo? Pero los paños de agua tibia me picaron la lengua (y las teclas).
Ayer, a pesar de todo el rencor latente por lo vivido en este 2026 que arrastra consigo campañas decepcionantes desde 2023-2, despertamos muchos con el recuerdo de Ciciliano, Zapata, Estrada, Villagra y Blandón. Y fue una añoranza inevitable pensar en lo especial que es para el hincha de Millonarios jugar en el imponente Morumbí. Todo sumado a los miles de hinchas azules en Brasil dio un lindo y obligado paréntesis, para disfrutar otro posible duelo que pasaría a los libros de historia.
Pero el transcurrir de muchos pasajes del partido nos jaloneó nuevamente a la realidad. Un equipo Embajador timorato, asustado y sin ideas. Y nuevamente el profesor Bustos demoró una eternidad para entender que el capitán no estaba, para mejorar un poco el colectivo con el ingreso de Alex Castro. Antes del empate/chiripazo de Cabezas Hurtado decíamos con mi esposa que menos mal São Paulo estaba en un pésimo presente, porque tuvieron tantos remates libres en los rebotes como quisieron, y todos iban a las nubes. Pero no lo logramos aprovechar.
Anoche comentaba el juego con mi amigo y compañero Andrés Rey (lean su crónica aquí), y esta mañana temprano escuchaba al ‘Mechu’ Jiménez en la Cápsula de Mundo Millos. Ellos hablaron de estar tranquilos, de un resultado positivo y un empate que nos deja vivos y dependiendo de nosotros mismos para lograr la clasificación. Contrario a sus sensaciones y posiciones, me enojé más con lo de ayer al analizar en esta mañana de miércoles lo ocurrido en Brasil, sintiendo todo hoy como paños de agua tibia.
¿Por qué tenemos que estar tranquilos con un empate? ¿Por qué sufrimos un error tan sospechoso de un portero mediocre que, en perspectiva falto de forma a la luz de lo que se espera de un jugador de fútbol profesional, regala un gol amateur que ni lo saca de la titular ni lo pone en duda para el próximo juego porque no hay más? ¿Por qué perdonamos a un São Paulo tan flojo, desperdiciando un penal que nos tendría en un insospechado liderato de un grupo internacional? ¿Por qué no podemos ser ambiciosos, queriendo más y emputándonos por no alcanzar lo que un equipo grande merece y debe pelear? ¿Quiénes somos? ¿Jaguares en Sudamericana 2018? ¿La Equidad en 2022? ¿Águilas Doradas en 2023?
Pudimos ganarlo, pero salimos al inicio del juego sin convicción y tan temerosos como en aquel Tolima-Millos con David González. Pudimos luchar con necesidad y hambre, pero hasta el final del primer tiempo caímos en cuenta de que el rival venía mal. Pudimos ganar 0-1 como en 2007, pero NO tenemos arquero digno de portar este escudo, como tantos que nos han hecho tan felices como Nicolás, Luis Eduardo, Héctor Walter o Senén (hoy a ocho años de su partida). Pudimos ganarlo 1-2, pero perdonamos a un rival que en Bogotá se habría chupado los dedos con semejante papayazo de botín.
Pudimos soñar con la ambición de cabalgar primeros, dándole una alegría merecida a los tres mil hinchas que llenaron la tribuna visitante del Morumbí. Pero ni el hincha es importante para el Club, ni en 2026 son Ciciliano, Zapata, Estrada, Villagra y Blandón. Fueron Mackalister, Banguero, García, Leo y Novoa, en una noche absolutamente intrascendente para todos. Pero bueno, los paños de agua tibia tienen que ser no perder, pelear por llegar a dieciseisavos de final y depender de nosotros mismos en el Campín. Como si de entrada eso no nos hiciera doler tanto la cabeza.
El canto de gol para acompañar esta columna es ‘Whatever’, de la banda británica Oasis:
Carlos Martínez Rojas@ultrabogotano
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