MUNDO MILLOS
·21 de septiembre de 2026
Canto de gol: rabia y tristeza

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·21 de septiembre de 2026

Después de que terminó el partido, la rueda de prensa y la zona mixta, hablábamos con nuestro compañero de Rotonda Deportiva José Celis, y me preguntaba si era rabia o tristeza lo que sentía después de lo que pasó con las Embajadoras. Le expliqué que era un poco de ambas. Que era mucho de ambas.
Le decía que la rabia pasaba por el partido de ida. Mientras todas las jugadoras se veían tranquilas con el 2-2 en el postpartido en la rueda de prensa y en la zona mixta, además de la charla que pudimos tener con un par de ellas en la salida de Maratón, yo me fui con la zozobra y el disgusto de haberlo podido golear en el primer tiempo del jueves después del 1-2, de haber dejado en coma a Santa Fe, y no haber sido capaces de concretar la superioridad que tuvimos en la cancha.
La tristeza pasó, naturalmente, por el resultado y por la eliminación después de una campaña grandiosa, en la que sumar 48 puntos y solamente haber perdido dos partidos en todo el año no fue suficiente para llegar a una Copa Libertadores. La frase trillada de «de eso se trata el fútbol» es precisamente eso: ilustrar que tras varios partidos el favorito no es siempre el de mejores números, ni el que ha perdido menos juegos, sino el que se sabe reponer de las adversidades y sacar la casta en momentos decisivos. Y no digo que Millonarios no la tuviera, porque lo demostró contra Nacional, contra Internacional de Palmira, contra el mismo Deportivo Cali, el justo finalista de esta liga. Pero cuando menos tienes que perder un partido es cuando más mortal es un resultado.
Hay algo inegable sobre la rabia, y es por supuesto haber perdido contra el rival de patio, después de tres años consecutivos en los que demostramos que no somos menos que ellas. Sufrir el gol en la ley del ex, que desde el minuto 38 comenzaran a hacer tiempo con el 1-0 a su favor, y que su experiencia llegando a finales disputando torneos internacionales se haya notado tanto en la cancha. Pero además de esa trayectoria, estaba también con el infortunio de haber perdido con balones que sí se les dieron a ellas, pero no a nosotras. Palos que rebotaron y entraron en el arco de Saray, pero palos y rebotes que nunca lo hicieron en el de Wendy Martínez. Cuatro goles en contra que son todos nuestros,errores en la marca por soltar una jugadora en un tiro esquina, perder una pelota en un contra golpe y no tener la entereza para disparar una pelota muy lejos del área, cuando habíamos logrado un empate crucial para los ánimos del partido y del equipo.
El rostro de la Profe Angie y sus jugadoras no podía demostrar más la tristeza al finalizar la llave. Las lágrimas de Saray, de Mariana con todo y su experiencia internacional, de Quintero que ni siquiera jugó ninguno de los dos partidos y cargaba el peso de la eliminación en su llanto. Los ojos vidriosos de ‘Tama’ quien, valiente, atendió a todos y cada uno de los medios en la zona mixta junto a Daniela, nuestra querida Daniela Gamboa, quien sin disputar los últimos partidos excepto el de la última fecha de cuadrangulares, desde el banco era un asistente técnico más, un hincha más celebrando cada logro de sus compañeras y sufriendo en carne propia cada golpe, cada derrota, cada batalla perdida.
La rabia pasa también por el entente organizador. Uno que no entiende que el fútbol femenino es constantemente pisoteado y que no necesitaba parar en épocas del mundial para continuar con su proceso. Álvaro Prieto, mi compañero en Mundo Millos, me contaba que había escuchado de otros colegas que los cuatro equipos semifinalistas tuvieron que inscribir jugadoras en Conmebol antes de saber si pasaban a la final o no para una potencial participación en Copa Libertadores. De ahí que el torneo esté tan mal planteado y que mientras nada se detiene por el fútbol femenino, la Dimayor sí obligó a Millonarios y los demás equipos a pausar su competencia y a interrumpir un proceso en el que las Embajadoras iban muy bien. Pero para que esto no sea o suene a una excusa, también podemos hablar de que en cuatro semifinales en Bogotá, Palmira y Medellín no hubo videoasistencia arbitral. Nuestra selección Sub 20 acaba de llegar a semifinales de un mundial y es increíble como lo logran, cuando en el país no somos capaces de brindarles garantías y el uso del VAR al menos desde semifinales, para evitar injusticias como una falta en ataque que termina en gol.
Tengo rabia y tristeza como se lo dije a José, porque este equipo merecía más y además tenía con qué. Se cayó, al final se cayó la estantería y todo lo que se había mostrado con esos casi 30 goles a favor, 48 puntos y un invicto de 20 fechas que sucumbió en el momento menos indicado. Porque este cuerpo técnico es uno honesto que pelea con corazón, que es autocrítico y que -con todo y sus errores como los cambios tardíos o algunos planteamientos- siempre puso la cara y supo disfrutar las victorias y reconstruirse en los momentos en los que había que corregir. Ahora la incertidumbre pasa por la continuidad de algunas jugadoras y los mismos entrenadores, un grupo que se muestra dubitativo frente al futuro en el Club. Ojalá sea un tema sobre el análisis para mejorar y lograr un paso a una final tan esquivo en tantas campañas, y no que por un posible vuelco dirigencial la existencia de Millos Femenino en el campeonato nacional esté en riesgo.
Rabia y tristeza. Unas menciones finales… A esos hombres que en occidental, bajo efectos etílicos o alucinógenos y sin siquiera saberse un nombre completo de una delantera o la directora técnica, insultaron a grito desgarrado a quienes respetan el escudo más que ellos mismos; ojalá nunca vuelvan a ningún juego del equipo femenino… A esa jugadora con la que nos pudimos ver al finalizar la noche, al ser de los últimos en salir del estadio, y con quien nos abrazamos y soltamos las últimas lágrimas de un campeonato en el que luchamos codo a codo, pero no fue suficiente… A las 20 o 25 personas que aguantaron hasta casi dos horas después de finalizado el partido a que salieran las jugadoras del Coloso para saludarlas, para reconocer su trabajo y para tomarse una foto o pedir un autógrafo… A las Embajadoras por su humanidad y por retribuirle al hinche esos esfuerzos y esas ganas sinceras de apoyarlas… Y a este Millonarios, por darnos la oportunidad de comprobar que aún existen profesionales que sí les duele la camiseta, que sí les duele perder y que entienden en qué equipo están. Rabia y tristeza, efectivamente.
El canto de gol para acompañar esta columna es ‘Chan Chan’, cover interpretado por el dueto navarro Iseo & Dodosound:
Carlos Martínez Rojas@ultrabogotano