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La Galerna

·30 de agosto de 2025

Ceferin está triste

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Hay días en los que uno abre el periódico y piensa: “Esto tiene que ser una broma”. Y luego resulta que no, que no es una inocentada, que el sorteo de la Copa de Europa  ha sido de verdad y que al Real Madrid le han caído encima más cocos que a Robinson Crusoe.

Nuestro amigo Ceferin, en su obsesión con no volver a entregar la orejona a un capitán del Real Madrid con esa carita de póker de la que nos reímos tanto en 2022 y 2024, se inventó un nuevo formato de competición, injusto a todas luces porque no hay equidad en los enfrentamientos y el sorteo, como ya sabemos, lo hace un algoritmo que no habría firmado ni el propio Negreira en sus mejores tiempos.


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El bombo de la UEFA, ese bingo suizo que huele a naftalina y a puro resentimiento hacia el Real Madrid, ha decidido que juguemos contra el Manchester City, el Liverpool, la Juventus, el Benfica, el Olympique de Marsella, el Olympiacos, el Mónaco y, como viaje exótico para rematar el turismo, el Kairat Almaty de Kazajistán. Que nadie se engañe: no es un grupo, es un Erasmus forzado. Si uno repasa la lista,parece más un circuito de Fórmula 1 que un calendario de Champions. Solo falta quenos manden a correr las 24 Horas de Le Mans.

Nosotros pedíamos un sorteo equilibrado, algo humano, y nos han servido un menú de gladiadores. A otros equipos les han caído rivales simpáticos, comparsas de medio pelo, clubes diseñados para engordar estadísticas. Al Real Madrid, en cambio, le han puesto un “menú degustación” de traumas futbolísticos. Nada más y nada menos, tenemos que enfrentarnos al Manchester City de Guardiola una vez más (no aprenden), el proyecto infinito de Abu Dabi; al Liverpool; a la sempiterna Juventus, que tiene ya más resurrecciones que Lázaro; al Benfica, que siempre se la juega con la fe de los que han vendido a todos menos a la Virgen de Fátima pero que no me preocupa, porque ahí está la maldición de Bela Gutmann para sacarnos de algún apuro que se pueda producir; al renacido Olympique de Marsella, ese club que convierte cada partido en una manifestación de bengalas; al Olympiacos del Pireo, donde el estadio parece diseñado por Vulcano, dios del fuego; al Mónaco, donde nació nuestro Mbappé; y, la guinda final, el remate, al Kairat Almaty, equipo europeo que se encuentra a 500 km.de la China capuchina mandarín, chin, chin…

Que nadie se engañe: no es un grupo, es un Erasmus forzado. Si uno repasa la lista,parece más un circuito de Fórmula 1 que un calendario de Champions. Solo falta quenos manden a correr las 24 Horas de Le Mans

Pero no nos engañemos, Ceferin está triste, porque no ha consumado su proeza como hubiera querido, no se ha fraguado el sorteo de la forma soñada, no nos ha deparado enfrentamientos suficientemente duros como para tranquilizar al esloveno, para asegurarse de que este año tampoco vamos a alzarnos con nuestro trofeo.

Porque lo que de verdad quería el presidente de la UEFA era vernos jugar contra La Selección de Brasil de 1970, con Pelé, Tostao y Jairzinho bailando samba hasta que a Courtois le dé un ataque de ansiedad.

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Contra el Ajax de Cruyff, con su fútbol total, camisetas ajustadas, y el holandés explicándole a Bellingham cómo se juega al ajedrez sobre césped.

Contra el Bayern de Beckenbauer, Maier y Müller, aquel monstruo bávaro que barría el campo con más elegancia que un mayordomo inglés .

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Contra la Argentina de Maradona en 1986, con el Diego en estado de gracia, dejando a medioequipo blanco tirados como conos y metiendo goles con la mano, como debe ser.

Contra el PSG catarí en modo gasto obsceno, con Mbappé, Neymar y Messi firmando nóminas más largas que las alineaciones.

Contra el Manchester City en su apogeo absoluto, jugando como si fueran once drones teledirigidos por Guardiola desde un iPad.

Contra el Milan de Sacchi, que presionaba con más disciplina que una patrulla de marines.

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Ese hubiera sido el sueño húmedo de Ceferin: juntar a todos los fantasmas históricos para ver si, de una vez por todas, el Real Madrid sucumbe, pero ni así lo lograría.

De todos los destinos, el que más cariño me inspira es el Kairat Almaty. No porque sea asequible, sino porque será la primera vez en la historia que un seguidor del Real Madrid necesite visado, Sputnik V de repuesto, pastillas contra el jet lag y curso acelerado de kazajo para ver un partido de fase de grupos. Imaginemos el titular:“El Real Madrid juega en Almaty, retransmitido en horario de la Mongolia Interior”. Se acabó el debate sobre las 21:00: este partido se verá a las tres de la mañana, mientras media España busca ansiolíticos.

levantemos la copa, brindemos por este grupo suicida, por la risa amarga que provoca, por los viajes imposibles

Habrá quien diga que el Real Madrid no debería quejarse, que somos el club de las 15 Copas de Europa y que estas cosas nos vienen bien. Claro, lo dicen los mismos que celebran grupos donde el rival más fuerte es un club patrocinado por una empresa de yogures. Al Real Madrid siempre le toca el bombo de la muerte, qué casualidad. Pero todos sabemos que no lo es, que realmente Ceferin aprieta un botón y, como por arte de magia, aparecen Klopp, Guardiola o un charter a Kazajistán. La UEFA no sortea: laUEFA planifica emboscadas.

No obstante y bromas aparte, si queremos ser una vez más campeones de Europa, si queremos levantar la 16ª, hay que ganar a todos, aunque sea viajando al fin del mundo para goce de los ceferines de turno. Así que, queridos lectores, levantemos la copa, brindemos por este grupo suicida, por la risa amarga que provoca, por los viajes imposibles y por la convicción de que, aunque nuestro esloveno de cabecera quisiera enfrentarnos al Brasil del 70 y al Santos de Pelé en la misma tarde, el Real Madrid seguiría apareciendo en el minuto 93 para arruinarles la fiesta.

Me despido como siempre, con la frase de mi amigo Javi, que va a tener que pasar otra vez por la sala de máquinas en unos meses… Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!

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