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La Galerna

·20 de abril de 2026

Centra Negreira, remata Platón: Alegoría de la caverna madridista

Imagen del artículo:Centra Negreira, remata Platón: Alegoría de la caverna madridista

El fútbol no es el mismo desde el 15 de febrero de 2023. Desde esa fecha en la que salió a la luz pública el “caso Negreira”, que confirmó de forma exponencial las sospechas sostenidas en el tiempo por parte de la afición del Real Madrid, que previamente fue acusada de conspiranoica, seguir el deporte rey requiere de unas enormes tragaderas para convivir con el nauseabundo hedor de la alteración de los resultados. Porque el afán por ganar es la máxima de la competición, siempre dentro de los valores que hacen del deporte algo que trasciende un marcador y embelesa a la sociedad. Una pasión que llega hasta los lugares más recónditos a través de los medios de comunicación, que han adoptado la más vergonzante de las posiciones, entre otras cosas por la animadversión que profesan por el Real Madrid a causa de las escasas prebendas que les tributa el club blanco en comparación con otras entidades deportivas.

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El devenir del “caso Negreira” ha perjudicado a la víctima, mientras que los presuntos malhechores han modernizado sus prácticas con el blindaje que otorga la impunidad. Las derrotas, especialmente en competiciones domésticas, duelen menos desde aquel 15 de febrero de 2023. Una parte de los aficionados del Real Madrid espera con mayor ímpetu la resolución del mayor escándalo en la historia del fútbol español que la celebración de la Decimosexta. Una sentencia que se limitará a un castigo, y que no devolverá al Real Madrid los títulos que le privó de conseguir los tejemanejes azulgranas. No habrá una celebración el remozado Santiago Bernabéu en la que Míchel celebre las “ligas de Tenerife” o José Mourinho levante los trofeos que le arrebataron. Ni siquiera hay visos de que el palmarés vaya a quedar en blanco, como ocurre cuando se consulta lo ocurrido en el Tour de Francia entre 1999 y 2005.


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Esta indignación es tomada de forma despectiva por los que durante décadas pagaron al vicepresidente del CTA, e incluso por parte del madridismo, que ha hecho propias las proclamas de la prensa deportiva, esa a la que desde Barcelona llaman “la caverna” sin tintes platónicos. Decía don Santiago Bernabéu que “el antimadridismo es el precio que hay que pagar por tener más Copas de Europa que nadie”, un fielato que achacaba porque “al ser España un país de envidiosos, todos nuestros males vienen de haber sido tantas veces campeones”. El patriarca blanco intuía en lo que se ha transformado el antimadridismo en la actualidad, en el segundo equipo con más militantes de España. Un movimiento unitario que va contra el resto de clubs que conforman el fútbol profesional español. Todos ellos han sufrido los perjuicios de los favores arbitrales al Barcelona que no solo deciden los títulos, sino el resto de posiciones de la tabla, incluido el descenso. A los del “support your local team” (aunque el propietario resida a miles de kilómetros) realmente no les gusta el fútbol, sino adherirse a un grupo para proferir improperios, una tendencia canalizada por todas las ideologías políticas en un mundo globalizado. Los aficionados ahora también son protagonistas a través de Internet, donde se aprecia la universalidad de la admiración al equipo de Concha Espina. Por ello es especialmente doloroso que solo exija el saneamiento del fútbol parte de la afición del Real Madrid.

El devenir del “caso Negreira” ha perjudicado a la víctima, mientras que los presuntos malhechores han modernizado sus prácticas con el blindaje que otorga la impunidad

Como en la República de Platón, la pelota sigue rodando porque los que sostienen el negocio del balompié no miran más arriba. Las redacciones guardan en sus cajones la información sobre los pagos del Fútbol Club Barcelona al vicepresidente del CTA, y centran su labor de investigación en adelantar el último amorío de Kylian Mbappé. Los que se autoproclaman como popes del nuevo periodismo deportivo, a la estela de Julio Maldonado “Maldini”, por hablar de jóvenes promesas o fútbol internacional, también obvian forzosamente lo ocurrido para conformar la orden mendicante que vive de las limosnas por sus colaboraciones en medios parciales. Esto da carta blanca a que Joan Laporta se presente como víctima, e incluso se queje del trato arbitral que recibe el Fútbol Club Barcelona, probablemente porque esperaba más contundencia en las críticas de los mismos que comparten mesa y mantel con “Gilmar”.

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El horizonte de la espera de varios años para que exista una sentencia firme en relación al “caso Negreira” se vería mitigado si los jerarcas del fútbol no actuasen como cómplices. Esta vía está bloqueada (al menos, de momento) por parte, en primer lugar, de la RFEF que preside el popular (por su afiliación política) Rafael Louzán. Para que no queden dudas, la RFEF ha mandado un mensaje al premiar a Alberola Rojas como árbitro encargado de dirigir la final de la Copa del Rey. Como el Real Madrid cayó con estrépito ante el Albacete Balompié, este año no hubo un plante lacrimógeno en la previa. Una protesta que sí deberían llevar a cabo los aficionados por el nombramiento de un árbitro que no ha dado explicaciones convincentes del motivo de sus múltiples pagos a Javier Enríquez, hijo de Negreira. Dados los precedentes, las palabras de José Mourinho sobre “la publicidad de UNICEF” aumentan su peso. La UEFA sigue recaudando por la participación del Barcelona en sus competiciones, y Aleksander Ceferin se mantiene de perfil. Enredada en “el Mundial de Trump y los cárteles”, la FIFA tiene un descomunal negocio con el Gobierno de España de cara al Mundial de 2030, en el que el sistema político/deportivo patentado para 1992 tiene mucho que decir. ¿Se imaginan los ríos de tinta que habría corrido si el Ministro de Cultura, Ernest Urtasun, hubiese agendado un acto en Madrid un viernes para votar escoltado por Florentino Pérez en las elecciones del Real Madrid? Eso ocurrió hace escasas fechas en los comicios que mantuvieron a Joan Laporta al frente del Fútbol Club Barcelona.

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Otro de los grandes males del fútbol español tiene nombres y apellidos: Javier Tebas Medrano. Aunque el presidente de La Liga de Fútbol Profesional presume de que “su competición” está mejor que nunca, ha invertido todas sus fuerzas en la “jornada retro”, una evocación al pasado. El acto fue completo con un homenaje a Enríquez Negreira. El agasajado Alberola Rojas no señaló un penalti sobre Kylian Mbappé que enterró las opciones ligueras del Real Madrid. La retransmisión de Movistar, con las inefables directrices a la sala VAR de Carlos Martínez, hurtó las imágenes de la sangre manando en el rostro del delantero madridista.

En Europa, al Fútbol Club Barcelona se le vuelve en contra la alfombra con silbato de la que goza, cuando la exigencia es máxima y se ven las costuras de un equipo al que le regalan un asa del trofeo liguero

Hablamos de una sociedad, la española, que, como en el ámbito político, no exige responsabilidades a los dirigentes, lo cual allana el camino a cacicadas como el bloqueo de Internet que ejecuta La Liga de Fútbol, con cada vez mayores consecuencias. El antimadridismo es superior incluso a la política, como demuestra que el que Javier Tebas Llanas, abogado de Tebas Coiduras, trabaje para VOX. El bufete familiar tiene su domicilio social en la misma dirección que Audiovisual New Aged, sociedad a la que el Fútbol Club Barcelona realizó un préstamo. Como nada ofende más que la verdad, Javier Tebas no podrá desmentir esta información que ignora la prensa, ni aunque haga uso por enésima vez de su derecho a la rectificación. Profundizaremos sobre este particular en posteriores artículos.

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En el extranjero vuelven a mirar a España (país donde mejor remunerados están los árbitros) con los mismos ojos que en siglos pasados miraron la impunidad del Barcelona. Los fallos en el inicio de la instrucción pesarán durante un proceso en el que el Real Madrid ha tardado en adoptar la postura beligerante que merece el hecho de que hayan jugado con el sacrificio de sus jugadores y las ilusiones de su mayor activo: su millonaria afición. En Europa, al Fútbol Club Barcelona se le vuelve en contra la alfombra con silbato de la que goza, cuando la exigencia es máxima y se ven las costuras de un equipo al que le regalan un asa del trofeo liguero.

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El Real Madrid lloró menos el arbitraje sufrido en Munich que los azulgranas en su eliminatoria con el Atlético de Madrid, una postura que diferencia históricamente a ambos clubs. La escasa exigencia doméstica también pasó factura al Bayern de Munich, que tampoco conviene caer en la trampa de magnificar como si tuviese el mejor plantel de la gloriosa historia del equipo bávaro. El único entrenador que ha sabido jugar con este factor es uno que declaró no haber visto los informes de Negreira. Luis Enrique aprovecha el nivel de la liga francesa para adaptar la carga física de una plantilla que denota un exigente trabajo. Las extensas listas de altas y bajas que afloran después de cada eliminación del Real Madrid, como si de una carta a los Reyes Magos se tratasen, carecen de sentido. En el mercado no hay ningún jugador para sustituir a Toni Kroos o Luka Modric. Por las dinámicas de los vestuarios, tampoco existen entrenadores que se atrevan a obrar manu militari como antaño.

El fútbol ha cambiado. El alto desempeño físico pospandémico, unido a la digitalización de las pizarras, ha modificado un deporte en el que ya no se celebran los goles ipso facto, a la espera del VAR. Por contra, si se analiza el rendimiento reciente del Real Madrid, se aprecian fallos groseros en cuanto a la toma de decisiones e incluso en la actitud a la hora de esforzarse de jugadores que parecen desconocer el significado del escudo redondo en la camiseta blanca. El talento se ha diluido, y el creciente grupo de seguidores del fútbol a los que no les gusta el juego comete la desvergüenza de abroncar a futbolistas que están en peligro de extinción por rememorar los regates.

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Con una infinita oferta de ocio con la que competir, el fútbol ve debilitado su papel preponderante, también entre la afición del Real Madrid, que puede llegar a desconectar de un equipo que no transmite lo mismo que antaño entre el aire hediondo que Louzán, Tebas o Laporta se empeñan en impedir que se ventile. En otras aficiones, que ignoran el tocomocho de CVC, repiten que “les han robado el fútbol” o el “odio al fútbol moderno”, sin señalar a los culpables. Los disparatados precios de Movistar son una barrera de entrada para un producto devaluado, cuando, como señaló Florentino Pérez, los jóvenes no aguantan noventa minutos viendo un partido. La estructura requiere de una actualización, que mejor o peor, representaba la Superliga, la cual fue criticada con el ejemplo del Girona, cuando este se clasificó para la Champions League. Los regates se concentran en reels, y las polémicas dialécticas de los personajes que daban color al fútbol se han trasladado a publicaciones de Instagram. Estos comportamientos también se extienden al verde, y es que los futbolistas son los primeros que han sustituido ver un partido en directo por jugar a videojuegos, y la mala toma de decisiones de los jugadores no es más que un reflejo social. Tampoco la solución pasa por los que se presentaban como regeneradores del fútbol: las competiciones con dados y cartas de “Geri” e Ibai no han superado su nicho virtual.

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A menos de dos meses de que empiece el segundo intento de americanizar el fútbol a través de un Mundial, el ambiente en España dista del de 2010, cuando también partía la selección como favorita. Los partidismos del equipo de la RFEF y el aplauso retribuido de los medios de comunicación hacia los de Luis de la Fuente han disminuido el interés por la posibilidad de la segunda estrella. Las marcas apuestan por futbolistas retirados, y la FIFA lo hace en su defecto por Leo Messi. La necesidad de aumentar la recaudación lleva a que un sobre de cromos del Mundial cueste 1,50 €. El primer deporte en dar un aviso sobre los problemas de esta espiral es el golf, pero nada indica que la UEFA vaya a poner freno al “petrofútbol”. La economía del balón no es ajena a la política, y las diferencias entre países también están lastrando al fútbol español. Si, después de conocer toda esta ristra de dislates, usted sigue prestando atención a lo que ocurre entre veintidós jugadores, un árbitro, una sala VAR y VOR, su amor por el Real Madrid es auténticamente incondicional, cimentado en las decenas de noches inolvidables que jalonan la historia blanca.

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