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·30 de septiembre de 2026
Chile volvió a quedar en deuda y con errores infantiles cayó ante Estados Unidos

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La Selección Chilena volvió a sufrir una derrota en su gira por Norteamérica. Estados Unidos venció 4-2 a Chile en el Energizer Park de St. Louis, en un partido que tuvo dos caras completamente diferentes para el equipo dirigido por Nicolás Córdova: una primera mitad competitiva, con capacidad para reaccionar y generar peligro, y un complemento en el que La Roja perdió el control del encuentro y terminó siendo superada por la velocidad y contundencia del conjunto local.
El resultado vuelve a poner sobre la mesa varios de los problemas que han acompañado a Chile durante este proceso de reconstrucción. La Roja consiguió marcar dos goles y durante algunos minutos incluso estuvo arriba en el marcador, pero no logró administrar esa ventaja. Estados Unidos aprovechó los espacios, encontró respuestas ofensivas y terminó inclinando definitivamente el partido a su favor.
El desafío no era sencillo. Chile llegaba después de la derrota ante Canadá y con importantes bajas, entre ellas las de Gabriel Suazo y Lucas Cepeda, expulsados en el partido anterior. Benjamín Kuscevic tampoco estaba disponible por lesión, mientras Igor Lichnovsky había sido convocado de emergencia.
El conjunto nacional, bajo la conducción interina de Nicolás Córdova, exhibió pasajes de notable atrevimiento ofensivo e incluso logró ponerse 2-1 arriba en el arranque del complemento, pero pagó un precio altísimo por sus constantes licencias en la retaguardia y su vulnerabilidad en las pelotas paradas ante un cuadro norteamericano contundente que no perdonó en los momentos clave.
El compromiso disputado en territorio estadounidense arrancó con una intensidad altísima impuesta por la escuadra local, aunque fue Chile el equipo que primero generó zozobra en las áreas contrarias. Con una alineación que debió rearmarse obligadamente tras las suspensiones de Gabriel Suazo y Lucas Cepeda, el combinado nacional encontró en Darío Osorio y Maximiliano Gutiérrez a sus agentes más desequilibrantes por las bandas. A pesar de esos tempranos avisos de La Roja, el arquero Lawrence Vigouroux tuvo que intervenir de emergencia sobre la misma línea de gol a los 13 minutos para evitar la apertura de la cuenta tras un grave desacople de la última línea chilena.
La Roja vivió su pasaje más lúcido y dominante superada la media hora de juego. Primero fue Nils Reichmuth quien desperdició una opción inmejorable tras una lucida habilitación de Osorio, y de inmediato la madera ahogó el grito sagrado en dos oportunidades consecutivas: un violento disparo de Ben Brereton dio en el horizontal a los 34′ y un remate cruzado del propio Darío Osorio sacudió el vertical derecho a los 35′.
Durante el primer tiempo, Chile tuvo momentos interesantes. La Roja buscó presionar, intentó progresar por las bandas y encontró en Darío Osorio y Maximiliano Gutiérrez dos de sus principales vías para atacar. Sin embargo, el fútbol no premia merecimientos, sino goles. Apenas dos minutos después de esos impactos en los postes, una rápida transición norteamericana pilló mal parada a la zaga nacional, permitiendo que Sebastian Berhalter definiera en soledad a los 37′ para decretar el 1-0.
Cuando parecía que el entretiempo llegaría con la frustración a cuestas, Diego Ulloa capturó un rebote en el área chica tras un córner en el minuto 45+1 para poner el merecido empate 1-1 parcial.
La segunda mitad comenzó de la mejor manera posible para el planteamiento nacional. Apenas a los 49 minutos, Gutiérrez encabezó un contraataque fulminante, recortó con frialdad hacia el centro y sacó un zapatazo cruzado impecable que batió al guardameta norteamericano, firmando un 2-1 que hacía justicia al atrevimiento de La Roja. No obstante, la alegría chilena duró un suspiro. A los 52′, un balón aéreo frontal expuso una vez más las falencias de la zaga: el joven Julian Hall se impuso por las alturas sobre Iván Román y dejó sin opciones a Vigouroux para decretar el 2-2.
La alegría chilena duró muy poco. Apenas unos minutos después del gol de Gutiérrez, Julian Hall consiguió el 2-2, igualando nuevamente el encuentro.
El empate tuvo un efecto evidente. Estados Unidos recuperó confianza y Chile comenzó a retroceder demasiado. El equipo de Córdova perdió metros, tuvo mayores dificultades para salir jugando y comenzó a quedar expuesto cada vez que el conjunto local aceleraba.
La selección estadounidense, además, tenía jugadores capaces de aprovechar precisamente ese tipo de situaciones. Pochettino había construido un equipo con un 4-2-3-1 flexible, buscando generar movimientos y rotaciones para desorganizar al rival, una idea que ya había explicado antes del encuentro, de hecho Chile sufrió precisamente cuando Estados Unidos consiguió mover la pelota con mayor velocidad y atacar los espacios entre líneas.
El técnico chileno movió la pizarra para dar ingreso a hombres de jerarquía como Paulo Díaz, Vicente Pizarro y Rodrigo Echeverría buscando mayor contención, pero los balones detenidos volvieron a ser una pesadilla recurrente.
El golpe definitivo llegó en el minuto 72, cuando el defensor Chris Richards marcó el 3-2 para Estados Unidos. El tanto dejó a Chile nuevamente obligado a buscar el empate, pero esta vez la reacción ya no tuvo la misma fuerza.
El problema para La Roja no fue solamente recibir el tercer gol. La verdadera dificultad estuvo en que el equipo no encontró después los caminos para volver a instalarse con claridad en campo estadounidense.
A esas alturas, Estados Unidos ya había conseguido controlar mejor las transiciones y Chile comenzaba a mostrar signos de desgaste. La estadística del partido reflejaba, además, una situación interesante: pese a que La Roja consiguió generar una cantidad importante de acciones ofensivas, Estados Unidos fue capaz de convertir sus momentos de mayor dominio en goles.
Chile empujó sobre el final con orgullo —incluyendo un venenoso intento de gol olímpico de Osorio en el minuto 81 que el arquero local apenas pudo manotear al córner—, pero en el tiempo de adición (95′), Timothy Tillman aprovechó los espacios gigantescos de un elenco totalmente volcado en ataque para sellar el 4-2 definitivo en los descuentos.
El cuarto gol estadounidense terminó por sentenciar el encuentro y selló el 4-2 definitivo. Para Chile, la derrota deja una sensación especialmente amarga porque durante varios pasajes del partido mostró argumentos para competir.
La Roja marcó dos goles, consiguió remontar momentáneamente el resultado y tuvo jugadores que dejaron señales interesantes. Maximiliano Gutiérrez fue protagonista ofensivo y Diego Ulloa también apareció en un momento importante.
Pero los problemas defensivos volvieron a ser determinantes. Chile permitió que Estados Unidos reaccionara demasiado rápido después del 2-1 y posteriormente no consiguió contener el crecimiento del conjunto local.
Este aspecto es especialmente relevante considerando que Estados Unidos llegaba después de golear 4-1 a Perú, en un encuentro en el que también mostró poder ofensivo y en el que Julian Hall y Sebastian Berhalter estuvieron entre los jugadores que participaron en la producción goleadora estadounidense.
El 4-2 ante Estados Unidos no puede analizarse únicamente desde el resultado. Chile mostró una mejor respuesta ofensiva que en su presentación anterior, pero nuevamente dejó en evidencia que todavía está lejos de encontrar la regularidad necesaria para competir durante los 90 minutos.
La gran diferencia estuvo en la capacidad de los estadounidenses para responder cada vez que Chile consiguió golpear. La Roja se puso 2-1 arriba y tenía el partido en sus manos, pero el empate llegó rápidamente y posteriormente Estados Unidos encontró dos goles más para quedarse con el triunfo.
Para Nicolás Córdova, el partido deja elementos positivos en la aparición de nuevos nombres, pero también una tarea evidente: Chile necesita aprender a proteger mejor sus ventajas y reducir los errores que permiten al rival recuperar el control del partido.
La derrota ante Estados Unidos vuelve a extender la búsqueda de una identidad para esta nueva etapa de la selección chilena. La Roja mostró capacidad para competir y reaccionar, pero mientras no consiga transformar esos buenos momentos en consistencia, los resultados seguirán siendo una asignatura pendiente.
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