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·24 de julio de 2024

Clasificó el «Canalla»: Central festejó en Brasil

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Central le puso garra a un partido muy chivo con Inter y celebró en Porto Alegre el pasaje a los octavos de final. Ahora se viene Fortaleza.

El Beira-Rio vacío y el bullicio de los hinchas de Central rompía el silencio. La postal más acabada de la excelentísima excursión del equipo de Russo a Porto Alegre donde había un solo objetivo: lograr la clasificación a los octavos de final de la Copa Sudamericana. Gol de Sández para la ventaja, empate del local y fin de la historia de una serie que Central empezó a jugar con todo allá en Rosario y que defendió con uñas y dientes, dejando bastante de lado el fútbol, en esta Porto Alegre que vio cómo el canalla se metía en el bolsillo la chance de enfrentar a Fortaleza. Un empate con sabor a triunfo. Una entrega inclaudicable. Un final para el infarto. Una clasificación lograda.


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A aquel gol de Campaz en el Gigante le hacía falta defensa en el Beira-Rio y esa defensa estuvo. Porque Central vino a eso, a defender ese 1-0 de la ida. Vino a ceder el centro del ring, a tratar de esquivar los golpes, a parapetarse contra las cuerdas y a intentar sacar una mano de nocaut cuando pudiera. Un libreto pensado en la previa por el DT y llevado a la práctica por el equipo.

La aceleración de Inter y el freno de mano puesto de Central, las imágenes de ese amanecer del partido en el que se vio lo que se preveía, lo que se caía de maduro, con el local saliendo a buscar y el canalla oteando el panorama. Por eso el remate cruzado de René al minuto con todo Central defendiendo. Y fue una constante, de la que Central no intentaba apartarse.

La cosa era contener en el medio, que se hacía poco y nada, y romper por afuera, con Campaz y Jonatan Gómez con perfiles invertidos. De jugar, casi nada. La pelota parecía una bola de fuego en los pies de un canalla que no podía manejarla y eso le daba todas las posibilidades a Inter. Pero al equipo brasileño las ideas tampoco le sobraban. Pudo golpear con la chilena de Borré, a los 16’, desde el punto del penal, pero uno de los mayores sofocones del primer tiempo y pasó.

Había superioridad de Inter sobre Central, pero el Canalla tenía algo bueno: no lo perdía y podía seguir esperando por un golpe certero. Pelota llovida al área, Mallo intentó la individual, le quedó a Sández y el zurdazo del lateral fue contra el palo. Baldazo de agua fría y mazazo en el Beira-Rio.

Emocionalmente comenzaba otro partido, pero no fue tanto desde lo futbolístico, pese a que el dominio ya no fue tal porque Ibarra y Martínez empezaron a hacer más pie, Campaz se conectó un poco más y Gomito empezó a tomar preponderancia en el juego. Igual, Inter siguió siendo dueño de la pelota, pero sin peso en la ofensiva, pese a esos dos cabezazos muy débiles de Valencia, uno afuera y el otro a las manos de Broun. Un final lento, conversado, cortado, con 7 de adición, pero totalmente controlado por Central que buscaba el vestuario con mucho más alivio que con el que había comenzado.

Pero el fútbol tiene esas cosas y toda esa tranquilidad en un abrir y cerrar de ojos se transformaron en un signo de interrogación enorme cuando en la primera de Inter en el complemento Alan Patrick la empujó debajo del arco luego de que Broun amortiguara el cabezazo de Valencia. Apenas tres minutos y la calma ya no era tal.

Pero el partido cambió la hoja de ruta. Sólo que Inter, en sus intentos alocados se topó con un Jonatan Gómez cada vez más enchufado, con un Martínez que equilibraba, con un Central que se juramentaba pelearla hasta el final.

Hubo un par de contras que Central no aprovechó, lo que pudo haber sido el golpe de nocaut, pero ya Copetti, Campaz y Ruben evidenciaban cansancio, también Sández en cada corrida de Valencia. Partido cada vez más ordinario que se encaminó hacia un final para el infarto, con ese tiro libre al área, el despeje de Mallo y la simulación de Borré en la que todos pidieron penal. Intervención del VAR, empujones, alguna que otra piña y los brazos al cielo primero y al centro del campo después del árbitro para el delirio, para la alegría, para la clasificación. Había algo que Central debía llevarse de Porto Alegre y lo hizo. No más palabras. Empate y pase a octavos.

Fuente La Capital

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