Un 10 Puro
·21 de agosto de 2026
Cuando baja la marea, Sanlúcar galopa: vuelven las carreras más antiguas de España

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·21 de agosto de 2026

Aquí el horario no lo pone la televisión. Ni siquiera la organización. En Sanlúcar lo condiciona la marea. Las fechas de las carreras se buscan en el calendario cuando una de las dos bajamares diarias coincide con una franja que permite convertir durante unas horas la playa en pista de competición. El mar se retira, deja una enorme extensión de arena húmeda y compacta y aparece durante unas horas uno de los hipódromos más insólitos del mundo. Después vuelve el agua y desaparece la pista. Hasta la siguiente bajamar.
Este viernes comienza el segundo ciclo de las Carreras de Caballos de Sanlúcar, que celebran su edición número 181 y volverán a ocupar las playas todas las tardes hasta el domingo. Tres nuevas jornadas cerrarán una temporada que comenzó con el primer ciclo de los días 8, 9 y 10 de agosto y que tendrá en los grandes premios de Andalucía y Ciudad de Sanlúcar dos de sus citas principales.
Reducir las Carreras de Sanlúcar a caballos, jinetes y premios sería no haber entendido demasiado bien lo que ocurre cada agosto junto a la desembocadura del Guadalquivir. Esto es deporte, naturalmente, pero también una fiesta social, una tradición familiar y una de esas raras costumbres capaces de explicar una ciudad bastante mejor que cualquier guía turística.
Las primeras carreras organizadas se disputaron en la playa sanluqueña el 31 de agosto de 1845. Antes, en la Alameda de Osuna de Madrid, se habían celebrado desde 1835 algunas pruebas al estilo inglés, pero de manera intermitente. Sanlúcar convirtió las suyas en tradición y hoy presume de las carreras más antiguas del turf español que continúan celebrándose.
Su origen tiene bastante menos glamour que los actuales pura sangre. La tradición cuenta que fueron los propietarios de los caballos empleados para transportar pescado desde Bajo de Guía hasta los mercados quienes comenzaron a competir informalmente entre ellos aprovechando la arena endurecida por la bajamar. De aquellas carreras entre trabajadores acabó naciendo uno de los grandes acontecimientos del verano andaluz.
Y 181 ediciones después, buena parte de su encanto continúa estando precisamente fuera de la pista. A lo largo de la playa aparecen las famosas casetas de apuestas montadas por los niños, pequeñas construcciones improvisadas desde las que se juega por cantidades casi simbólicas. Y aquí viene una de las maravillas sanluqueñas: cada caseta dibuja sobre la arena su propia línea de meta. Gana el caballo que pasa primero por delante de ella, aunque unos cientos de metros después sea otro quien se lleve oficialmente la carrera.
Probablemente no exista en España otra manera tan divertida de descubrir que todo depende del lugar desde el que uno mire la meta. De modo que una misma prueba puede tener un ganador para los jueces y unos cuantos más para los chavales repartidos por la playa. Y otro para los afortunados ganadores de las apuestas, que pueden ganar... ¿unos céntimos, un puñado de chucherías? Tampoco levantemos la liebre no sea que aparezca Carlos Cuerpo pasando la gorra.
En el otro extremo social están los palcos del 'recinto de las carreras', unas miniciudad con gradas de quita y pon que se levanta justo en la meta, especialmente protagonistas durante este segundo ciclo. Allí las carreras se mezclan con restauración, invitaciones, copas, empresas, conciertos y esa actividad social que convierte determinadas tardes-niches en algo parecido al gran punto de encuentro del verano sanluqueño: los palcos.
La propia organización define el recinto como complemento diferenciado de lo que sucede sobre la arena. De VIP tienen poco, pese al nombre. Es compartir una manzanilla y un poco de jamón en el atardecer sanluqueño y alguna que otra copa larga cuando cae la madrugada. Porque no tienen fin.
Entre unos y otros están miles de espectadores que pueden seguir gratuitamente buena parte del recorrido desde la propia playa. Sin tribunas que separen el espectáculo del público, los caballos pasan a pocos metros mientras al otro lado de la desembocadura aparece Doñana como decorado natural. Los mosquitos, este año, serán menos frecuentes: el presidente del Gobierno no veranea en el Palacio de Las Marismillas y no ordena fumigar, provocando su estampida hacia 'la otra banda'.
Lo ven en la fotografía que ilustra esta entrada. Las carreras se celebran cuando la bajamar coincide con el atardecer, la playa mira a Poniente, en Juego de Tronos estaba todo inventado. Caballos lanzados sobre la arena mojada, siluetas recortadas contra el fulgor de un cielo anaranjado y añil, el Guadalquivir encontrándose con el Atlántico y un sol que convierte cada llegada en una oportunidad para los fotógrafos.
No hay césped perfectamente cortado. Tampoco una pista permanente. El hipódromo aparece cuando se retira el mar y desaparece cuando vuelve a subir. Este viernes volverán los pura sangre, las apuestas, los palcos, los niños y sus particulares líneas de meta. Y durante tres días Sanlúcar repetirá una costumbre que lleva haciendo desde 1845. Después llegará la pleamar y se lo llevará todo. La pista, al menos. Porque las Carreras forman parte de Sanlúcar desde hace ya 181 años.







































