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La Galerna

·17 de febrero de 2026

Cuando Gento ganó a Mourinho

Imagen del artículo:Cuando Gento ganó a Mourinho

A estas alturas, es casi una osadía no ser consciente de que al lugar donde fuiste feliz no debieras regresar (y si no, revisiten Peces de ciudad). Lisboa, parada obligatoria de la memoria de las remontadas, símbolo de un remate de gloria, capital del tiempo añadido, transmutó en infausta recaída hace poco menos de tres semanas. Aquella noche, la sombra de Mourinho, que muchos pintan alargada sobre Chamartín, lo fue sobre un escenario en el que el Madrid tampoco salió bien parado contra el Benfica en su anterior enfrentamiento.

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Hagamos memoria. El 24 de febrero de 1965 los blancos visitaron la capital lusa en la ida de los cuartos de final de la Copa de Europa. Liderados por Miguel Muñoz y ya sin Di Stéfano, aunque todavía con Puskas y Gento, además de un ramillete de notables (Betancort, Zoco, Sanchís padre, Santamaría o Amancio), la caída ante el Benfica del gran Eusebio, que goleó por dos veces en un inapelable 5-1, resultó imposible de levantar en el Bernabéu (2-1). Aquello sólo constató que lo sucedido tres años antes, en la final del 62 (5-3 para los portugueses), no había sido un accidente, sino un atropello sin miramientos.


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Y en ambos, el mismo protagonista, Eusebio. Tanto, que ante la imposibilidad de su contratación, la sala noble del Madrid no dudó en vestirlo de blanco con motivo del homenaje a Paco Gento. Recordemos que, en una bella tradición perdida como tantas, antaño en los homenaje y amistosos varios, la tónica era que estrellas de otros equipos lucieran los colores del club que los requiriese.

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Pero volvamos a aquel 14 de diciembre de 1972, que la cosa tuvo miga. Y es que el portero del equipo rival, el mismo Os Belenenses que inauguró el coliseo blanco 25 años atrás, era Felix Mourinho, nada menos que el padre del actual entrenador del próximo rival madridista. Eusebio no marcó, pero sí lo hizo la Galerna, de penalti, y Pirri, para completar un 2-1 en una noche completa y feliz que, a buen seguro, José escuchó de su progenitor algún día.

Poco o nada ofrece más oportunidades para la revancha que el fútbol. Y con más literatura si el alumno, aunque sea a la segunda, está en disposición de imponerse al maestro. Porque, como saben, para decir “con Dios” a los dos les sobran los motivos.

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