Major League Soccer
·1 de octubre de 2026
De Díaz Arce y Cienfuegos a Nathan Ordaz: el legado cuscatleco no se apaga en MLS

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·1 de octubre de 2026

Cuando MLS apenas comenzaba a escribir su historia, El Salvador ya tenía protagonistas dentro de ella.
Desde Mauricio Cienfuegos, Raúl Díaz Arce y Ronald Cerritos en los primeros años de la liga, hasta Alex Roldán y, ahora, Nathan Ordaz, el fútbol salvadoreño ha estado presente en distintas etapas de nuestra liga.
Son tres décadas de historias que van mucho más allá de una camiseta: jugadores que llegaron para competir, marcaron una época, representaron sus raíces y, sin saberlo, fueron dejando un camino para la siguiente generación.
Esta es la historia de esa herencia cuscatleca en Major League Soccer, y cómo desde siempre La Selecta ha estado presente.
La conexión comenzó prácticamente al mismo tiempo que la propia MLS. En 1996, cuando la liga daba sus primeros pasos, dos salvadoreños ya formaban parte de aquella historia inaugural: Cienfuegos, con LA Galaxy, y Díaz Arce, con D.C. United. Su presencia fue especialmente significativa porque llegó en una etapa en la que la liga todavía buscaba consolidarse, atraer nuevas audiencias y definir su identidad deportiva y cultural. Para la comunidad salvadoreña en Estados Unidos, además, su participación ofrecía referentes cercanos en una competencia profesional que comenzaba a ganar visibilidad.
No fueron simples nombres en el plantel. Cienfuegos se convirtió en uno de los rostros de la nueva liga gracias a su creatividad, su capacidad para organizar el juego y su conexión con la comunidad salvadoreña en Estados Unidos. Díaz Arce, por su parte, dejó su sello como goleador y formó parte del equipo que conquistó las dos primeras MLS Cup. Un año después, Ronald Cerritos se sumaría a la historia con San Jose Clash (hoy San Jose Earthquakes), ampliando una presencia salvadoreña que empezaba a ganar protagonismo en una liga que estaba construyendo su propia identidad. En los primeros años, sus actuaciones ayudaron a demostrar que los futbolistas salvadoreños podían competir al más alto nivel de la MLS y convertirse en figuras reconocibles para una afición cada vez más diversa.
Su legado habló con números:
Para cuando llegó la siguiente generación, el camino ya estaba trazado. El reto para los jugadores salvadoreños era diferente, la MLS había dejado atrás sus primeros años de incertidumbre y comenzaba a consolidarse como una liga capaz de formar carreras, atraer talento internacional y reunir en sus vestidores a figuras que ya tenían nombre en el fútbol mundial. Ya no era extraño ver campeones del mundo, estrellas sudamericanas o referentes internacionales compartiendo cancha con los cuscatlecos.
A partir de ahí construyó una carrera extensa en MLS de 12 temporadas y 237 partidos en temporada regular, pasando por San Jose Earthquakes, FC Dallas, Real Salt Lake, Chicago Fire y Houston Dynamo. En San Jose fue parte del equipo que protagonizó aquella remontada histórica ante New York Red Bulls en los playoffs de 2010. También tuvo etapas en Europa donde permaneció, antes de de regresar a y retirarse en 2018 en MLS, la liga que lo vio nacer como profesional. Con El Salvador disputó 43 partidos y marcó cuatro goles, participando en las Copas Oro de 2011 y 2015, la Copa Centroamericana de 2014 y eliminatorias mundialistas.
Arturo Álvarez marca un punto de inflexión en esta historia. Nacido en Houston y formado futbolísticamente en Estados Unidos, fue de los primeros jugadores de esta nueva generación que, sin haber nacido en El Salvador, eligió representar a El Salvador a nivel mayor. Su historia abrió una nueva vía de conexión: la de futbolistas nacidos en Estados Unidos que encontraron en las raíces de sus familias una razón para vestir el Azul y Blanco.
Con el paso de los años, El Salvador comenzó a mirar cada vez más hacia Norteamérica. La razón era también deportiva: ampliar el universo de futbolistas disponibles para La Selecta, especialmente jugadores formados en Estados Unidos que pudieran aportar experiencia, competencia y nuevas herramientas a una selección que buscaba elevar su nivel. La creciente presencia de salvadoreños en Estados Unidos y el desarrollo de su sistema futbolístico hicieron que ese vínculo cobrara todavía más sentido. Así, la diáspora dejó de ser únicamente una conexión cultural y comenzó a convertirse también en una fuente de talento para la selección.
La nueva generación continua estrechando los lazos entre La Selecta y MLS, una liga que se ha convertido en un escenario clave para el crecimiento y la consolidación de sus futbolistas. Entre ellos destaca Nathan Ordaz, el delantero oriundo de California y con triple nacionalidad (mexicana, salvadoreña y estadounidense) decidió ponerse la Azul y Blanco de El Salvador, más allá de lo deportivo, porque "tengo mi familia aquí" explicó en 2024 cuando también reconoció que necesitó hablar con su familia antes de tomar la decisión.
Su elección conecta directamente su formación en Estados Unidos con una identidad familiar que siempre estuvo presente: las pupusas de su familia, los recuerdos de sus abuelos y el vínculo con un país que ahora busca representar también dentro de la cancha
Para una comunidad que construyó buena parte de su vida lejos de El Salvador, el fútbol se convirtió en una manera de mantener cerca aquello que habían dejado atrás. La camiseta, las banderas, los acentos en las gradas y las reuniones alrededor de un partido fueron creando algo que iba mucho más allá de los 90 minutos.
La MLS encontró así una conexión especial con una comunidad que ya tenía una profunda cultura futbolera. Y para los salvadoreños en Estados Unidos, la liga ofreció nuevos escenarios para sentirse representados, celebrar a los suyos y compartir esa pasión con las siguientes generaciones. Quizá por eso la historia de los salvadoreños en MLS se siente diferente: porque mientras la liga construía su propia identidad, también se estaba convirtiendo en parte de la historia de una comunidad.
Casi tres décadas después, esa conexión sigue ahí. Solo que ahora los niños que alguna vez miraron a sus referentes desde las gradas también pueden imaginarse dentro de la cancha. Ese es el verdadero legado.
Desde El Salvador, la MLS se percibió de una manera distinta. Ya no era solamente una liga extranjera: también podía mostrar caminos alternativos para el desarrollo del fútbol local. La selección salvadoreña no disputa una Copa del Mundo desde 1982, y cada nuevo proceso hacia el Mundial vuelve a despertar el deseo de competir, recuperar protagonismo y volver a ver al país representado con dignidad en el escenario más importante del fútbol.
En ese contexto, los jugadores salvadoreños que llegaron a la MLS —y también aquellos formados dentro de su entorno— comenzaron a ser observados con especial atención. Ya no se les ve únicamente como futbolistas que habían encontrado una oportunidad en el extranjero, sino como posibles referentes de una manera distinta de entender y desarrollar el juego. Su experiencia en una liga como MLS ofrece ejemplos de preparación, disciplina, organización y competencia que podían resultar valiosos para el fútbol salvadoreño.
Para los jugadores nacidos en Estados Unidos, pero hijos o nietos de salvadoreños, esa conexión tenía además una dimensión personal. Muchos competían en estadios y ciudades vinculados con la historia familiar: lugares donde sus padres o abuelos habían crecido, trabajado o construido una vida. Al entrar en ese entorno, no solo representaban a una generación nacida en Estados Unidos, sino que también se acercaban a la cultura y las comunidades que sus familias habían llevado consigo desde El Salvador.
Casi tres décadas después, aquella conexión sigue creciendo. Lo que comenzó con jugadores que ayudaron a una liga joven a encontrar referentes se convirtió en una relación mucho más profunda entre la MLS, El Salvador y una comunidad que encontró en el fútbol una forma de mantener vivas sus raíces. Y hoy, cuando una nueva generación aparece en sus canchas, la historia ya no se siente como algo del pasado: es una herencia que sigue pasando de una generación a otra.
Porque quizás ese sea el verdadero legado de los salvadoreños en MLS: no solamente los goles, los títulos o las camisetas que vistieron, sino haber demostrado que una historia puede cruzar fronteras.
La generación que alguna vez tuvo varios representantes en MLS se ha reducido a un solo nombre dentro de las convocatorias actuales de La Selecta: Nathan Ordaz. El delantero de D.C United, ya no representa solamente una nueva generación de futbolistas salvadoreños en MLS; también carga con la responsabilidad de mantener vivo un vínculo que comenzó mucho antes de que él llegara a una cancha profesional.
¿Qué tan lejos puede llevar Nathan el legado que otros comenzaron a construir hace casi 30 años? Mientras haya un chico con sangre cuscatleca corriendo en canchas de MLS NEXT Pro en Texas, California o Nueva York, el mandato seguirá vivo y vigente.
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