Agente Libre Digital
·15 de noviembre de 2025
De Pichichi a la Resistencia Euskal Selekzioa más que fútbol

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La Euskal Selekzioa está a punto de vivir un día histórico: el amistoso frente a Palestina en San Mamés reunirá a más de 50.000 personas, una cifra nunca vista para el combinado vasco en casa. Sin embargo, detrás de esa imagen moderna y multitudinaria hay una historia que muchos desconocen: la de un equipo que nació antes incluso que buena parte del fútbol español y que, con el tiempo, se convirtió en símbolo cultural, político y emocional del País Vasco. Su recorrido mezcla éxitos deportivos, viajes imposibles y un capítulo decisivo durante la Guerra Civil.
La historia arrancó el 3 de enero de 1915 en Bilbao. Aquel día, un equipo formado por jugadores de los principales clubes vascos derrotó 6–1 a Catalunya en el primer partido oficial de la selección. Era apenas un amistoso, pero dejó claro que esa mezcla de identidades —Bilbao, Donostia, Getxo, Irún— tenía algo especial.
Unos meses después, bajo el nombre de Selección Norte, llegó el primer éxito serio: la I Copa de las Regiones Príncipe de Asturias, un triangular disputado en Madrid. El equipo venció 1–0 a Catalunya con un gol del irunés Juan Legarreta y empató 1–1 ante la Selección Centro ( Castilla ). Con eso bastó para levantar el trofeo.

En aquel conjunto brillaban nombres que ocuparían un lugar propio en la historia del fútbol: Belauste, Arrate y, sobre todo, Rafael Moreno “Pichichi”, cuya figura trasciende ya casi al deporte. Entre los once había representantes de cinco clubes: Athletic (4), Arenas (2), Real Sociedad (2), Racing de Irún (2) y Sporting de Irún (1). Aquel equipo fue la base de la selección española que ganó la plata olímpica en Amberes 1920.

La semilla estaba plantada.
Con la selección ya consolidada en la Península, llegó la etapa de los viajes a Sudamérica . En 1922 Se organizó la primera gira a Sudamérica a bordo del transatlántico» Cap Polonio « La expedición estaba compuesta mayoritariamente por jugadores guipuzcoanos , La travesía de 17 días fue peculiar; el exjugador Belauste relató posteriormente que, por la falta de entrenamiento a bordo y la constante de festejos en las escalas,(Las Palmas, Río, Santos) el equipo no llegó en su mejor forma física El caso más extremo fue el de Celestino Olaizola, que supuestamente ganó 12 kilogramos durante la travesía. El colapso económico llegó cuando el promotor, Mariano Hermoso, desapareció sin pagar las facturas del hotel en Río de Janeiro, dejando al equipo varado y sin dietas. Para poder costear el billete de vuelta, los jugadores se vieron obligados a suprimir el vino de las comidas. Regresaron a Donosti el 7 de octubre de 1922, arruinados y enfrentados, una experiencia que inspiró el tango argentino titulado, irónicamente, «Nunca Más».

En 1924, la selección jugó en Montevideo contra Uruguay, que se preparaba para los Juegos Olímpicos de París. El resultado fue de 1-0 para la selección charrúa que vencería en aquellos juegos olímpicos
A comienzos de los años treinta llegó una de las grandes gestas: un triunfo por 4–1 ante Argentina en Buenos Aires. Es un partido que aún hoy aparece citado como uno de los momentos de mayor nivel futbolístico de la selección vasca.
El capítulo más profundo y simbólico apareció en plena Guerra Civil. En 1937, el Gobierno Vasco creó la Selección Euzkadi, formada por grandes jugadores que seguían fieles a la República y al lehendakari Aguirre. Allí estaban Iraragorri, Regueiro y, sobre todo, Isidro Lángara, uno de los mejores goleadores que ha dado el fútbol europeo.
La gira internacional tenía un doble objetivo: recaudar fondos para la causa humanitaria y denunciar en el extranjero la situación del País Vasco. El debut fue el 25 de abril de 1937 en París, apenas un día antes del bombardeo de Gernika. Lángara marcó los tres goles en el 3–0 ante el Racing de París, un inicio cargado de emoción.
La victoria más simbólica llegó poco después: un 1–0 ante la selección de la URSS, con gol de Iraragorri. No fue solo un partido: fue un acto político en un momento en el que el Gobierno Vasco buscaba apoyo internacional desesperadamente.
El final de la gira llevó al equipo a México, donde fueron recibidos como embajadores deportivos y humanitarios. Allí firmaron una goleada histórica: 8–2 al Club América, con Lángara de nuevo como figura. Su nivel y su popularidad fueron tales que la Federación Mexicana aceptó su inscripción en la Liga Mayor para la temporada 1938–39. Acabaron segundos y dejaron una huella imborrable.
Euzkadi era ya una selección, sí, pero también una bandera en el exilio.

De aquel debut en 1915 a la gira de 1939, la historia de la Euskal Selekzioa demuestra que el balón puede ser mucho más que deporte. Aquella selección fue una embajada silenciosa en los años más durros, un vehículo para explicar al mundo quiénes eran los vascos y qué reclamaban. Hoy, más de un siglo después, esa memoria se mezcla con el presente: un estadio lleno en San Mamés para un amistoso que, en realidad, es mucho más que fútbol









































