Pericos Marca
·10 de mayo de 2026
Editorial Pericos Marca: el Espanyol sigue vivo en su gente, y su gente no va a dejarlo caer

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·10 de mayo de 2026

Llega ese momento en el que las palabras sobran y el estómago se cierra, ese instante de la temporada donde la razón se rinde ante un sentimiento que muchos no alcanzan a comprender. El próximo partido en el RCDE Stadium, que tendrá lugar este miércoles a las 19:00 horas ante el Athletic Club de Bilbao, no es una cita más en el calendario; es una trinchera emocional donde nos jugamos el alma. Es lícito estar asqueado, es humano sentir ese hastío que corroe tras años de navegar en un bucle infinito de desilusiones. El enfado que recorre la grada no es gratuito; nace de la fidelidad herida de una afición que ha visto cómo su club parece atrapado en el día de la marmota, víctima de gestiones erráticas, de una propiedad que no termina de entender nuestra idiosincrasia y de una planificación que nos ha traído, de nuevo, al borde del abismo.
Sin embargo, en esta jornada intersemanal no se juzga la gestión de los despachos ni se pasa factura por los errores del pasado reciente. Se trata de la supervivencia de algo mucho más grande que cualquier nombre propio. El escudo, ese que llevamos tatuado en el corazón, nos exige una tregua con nuestra propia rabia. Porque aunque los jugadores nos hayan fallado o el entrenador no haya dado con la tecla, ellos son los únicos que están hoy sobre el césped para sacarnos de este atolladero. No es por ellos, es por nosotros. Es por el orgullo de una identidad que se niega a ser pisoteada y por la responsabilidad histórica de defender lo que es nuestro.

Foto: David Rambla
Debemos animar hasta que nos reviente la garganta porque hay una generación que nos observa. Los pericos más pequeños, esos que todavía lucen la blanquiazul con la inocencia intacta, no merecen heredar el trauma de otro descenso. No podemos permitir que su infancia se vea empañada por la tristeza de la categoría de plata. Debemos ser su escudo y su ejemplo, demostrándoles que ser del Espanyol es, precisamente, no rendirse cuando todo parece perdido. El RCDE Stadium debe ser una caldera, un lugar donde el rencor se transforme en un aliento ensordecedor que empuje cada balón y gane cada duelo individual frente al conjunto bilbaíno.
Ya habrá tiempo para las críticas, para las protestas y para pedir cuentas a quien corresponda cuando el árbitro pite el final de la batalla definitiva. Pero mientras ruede el balón, el Espanyol somos nosotros, los que sufrimos en la grada. Olvidemos por noventa minutos las caras de quienes nos han decepcionado y centrémonos en los colores que nos unen. El escudo nos convoca a filas y no acepta deserciones. Por nuestra historia, por nuestro honor y por el futuro de nuestros hijos, toca dejarse la vida en el cemento. Porque por encima de propiedades y negligencias, el Espanyol sigue vivo en su gente, y su gente no va a dejarlo caer.
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