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·25 de junio de 2026

Edwin, entre líneas: El otro rostro de la fiesta: caos, destrozos y descontrol en el Ángel de la Independencia

Imagen del artículo:Edwin, entre líneas: El otro rostro de la fiesta: caos, destrozos y descontrol en el Ángel de la Independencia
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Foto: ifobae

La imagen fue la misma de siempre: miles de aficionados reunidos en el Ángel de la Independencia para celebrar un nuevo triunfo de México en la Copa Mundial de la FIFA 2026. Banderas, cánticos y una marea verde inundaron Paseo de la Reforma. Sin embargo, detrás de la euforia volvió a aparecer una escena que parece repetirse cada vez que la Selección provoca una alegría colectiva.


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Lo que comenzó como una celebración terminó transformándose en un escenario de desorden. Entre la multitud hubo personas que utilizaron mobiliario urbano como plataforma para obtener una mejor vista, otros treparon semáforos, postes y estructuras públicas que no fueron diseñadas para soportar el peso de cientos de aficionados.

Las calles alrededor del monumento amanecieron cubiertas de basura. Botellas, latas, vasos y restos de comida quedaron esparcidos por una de las avenidas más importantes del país. La fiesta duró algunas horas; las consecuencias para la ciudad permanecieron mucho más tiempo.

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Foto: segomx

En las grandes capitales del mundo las victorias deportivas generan reuniones masivas, pero también existe una responsabilidad colectiva para cuidar los espacios públicos. Aquí, en cambio, cada festejo parece convertirse en una prueba de resistencia para la infraestructura urbana.

Lo preocupante es que estos episodios ya no sorprenden. Se han normalizado. Cada triunfo importante viene acompañado de reportes sobre daños, enfrentamientos, personas intoxicadas o incidentes provocados por el exceso de alcohol. La celebración deja de ser una expresión de alegría para convertirse en una muestra de la incapacidad de convivir en el espacio público.

México sigue soñando con una actuación histórica en esta justa. Ojalá que ese crecimiento no ocurra solamente dentro de la cancha. Porque un país que aspira a ser protagonista del torneo también debería demostrar que sabe festejar sin convertir sus monumentos en víctimas de su propia pasión.

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