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·17 de septiembre de 2026

El Barça ya no avisa: arrasa

Imagen del artículo:El Barça ya no avisa: arrasa

Hay goleadas que se explican con el marcador y otras que obligan a mirar mucho más allá de él. El 7-2 del Barcelona al Racing pertenece a las segundas. Siete goles pueden llamar la atención, pero no cuentan por sí solos qué está haciendo diferente este Barça. La verdadera noticia está en la sensación que deja el equipo: juega con una velocidad distinta, presiona con una convicción enorme y parece tener siempre un futbolista preparado para convertir una ventaja mínima en una ocasión.

El vértigo como punto de partida

Este Barça no quiere administrar los partidos. Quiere condicionarlos. La diferencia parece pequeña, pero no lo es. El equipo de Flick mantiene el balón, sí, pero ya no da la impresión de que la posesión sea un destino. Es el camino para mover al rival, encontrar una grieta y atacar inmediatamente.Hay una idea permanente: hacia delante.


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El Barça recibe y busca progresar. Pierde y presiona. Recupera y vuelve a atacar. Cuando encuentra un espacio, acelera. Cuando el contrario consigue cerrar uno, busca otro. Es un equipo construido para que el partido suceda rápido. Y eso genera una sensación que hacía tiempo que no acompañaba al Barcelona durante tantos minutos: la de que cualquier acción puede terminar en peligro.

Raphinha entiende el fútbol de Flick

Raphinha es probablemente el jugador que mejor representa esta transformación. Su triplete ante el Racing —dos de sus goles desde el punto de penalti— elevó a nueve su cuenta en Liga. Pero quedarse con la estadística sería insuficiente.Lo importante es cómo encaja el brasileño en el mecanismo.

Raphinha corre hacia delante, presiona, ataca espacios y aparece en el área. No necesita monopolizar la pelota para tener influencia. Su partido está construido alrededor de la intensidad.Eso explica por qué su rendimiento parece amplificarse dentro del sistema de Flick.

Cuando el Barça roba arriba, Raphinha ya está preparado para atacar. Cuando el rival retrocede, encuentra espacios.Cuando el partido se rompe, corre.Y cuando aparece la ocasión, define.Flick ha encontrado un contexto en el que el brasileño puede convertir su energía en fútbol.

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Lamine ya no tiene que hacerlo todo

Lamine Yamal marcó, falló un penalti y mandó otro balón al poste. Tuvo, por tanto, una participación decisiva en el desarrollo ofensivo del encuentro. Pero la noticia está precisamente en que no necesitó hacerlo todo. Raphinha firmó tres goles. Cancelo marcó dos. Gabriel Jesus también apareció.

El Barça empieza a tener algo que puede resultar mucho más importante que una gran actuación individual: varias vías para hacer daño. Durante demasiado tiempo, hablar de peligro azulgrana significaba hablar casi inevitablemente de determinados nombres. Ahora el problema para el rival es diferente. Si concentra jugadores sobre Lamine, libera a otros. Si protege las bandas, aparecen espacios interiores. Si adelanta la defensa, puede sufrir los desmarques.

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Cancelo abre otra puerta

João Cancelo fue otra de las grandes imágenes del partido. Dos goles y una participación ofensiva constante para un jugador cuya posición de partida sigue siendo la de lateral. Pero precisamente ahí está una de las claves del Barça actual.

Las posiciones son cada vez menos rígidas. Los laterales pueden convertirse en atacantes. Los extremos pueden aparecer por dentro. Los centrocampistas pueden pisar el área. Los delanteros pueden caer a los costados.

El equipo se mueve y, con él, se mueven las referencias defensivas del rival. Cancelo representa esa libertad. Puede iniciar una jugada abierto, aparecer por dentro y terminar disparando desde la frontal. Para el contrario, eso supone un problema añadido: no basta con defender a los delanteros. Tiene que vigilar también a los futbolistas que llegan.

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Una goleada que explica mucho más

Por eso el 7-2 merece una lectura diferente. No es simplemente una goleada. Es otra pieza que encaja en un patrón.

El Barça empieza a repetir comportamientos: presión alta, ritmo elevado, laterales con libertad, extremos agresivos y ataques que buscan terminar antes de que el rival pueda reorganizarse. Eso es lo que convierte una buena racha en algo más interesante. Los resultados pueden cambiar, los rivales pueden mejorar y la temporada puede complicarse. Pero si la idea permanece, el equipo tendrá un punto de referencia.

Una idea reconocible. Una forma de jugar. Una identidad.

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Imagen principal:  Instagram @fcbarcelona 

Por Lourdes Serra; pueden seguirme en Instagram @lourdeserra.

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