Informa Betis
·13 de febrero de 2026
El Betis aprende la lección en el arte de defender

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·13 de febrero de 2026

En el debate permanente sobre cómo se construye la solidez en el fútbol, la intensidad suele estar siempre en el primer plano. Se asocia con una presión alta, entradas al límite y una larga lista de interrupciones que evitan que el rival juegue con comodidad y que encuentre un ritmo vertiginoso. Sin embargo, el último enfrentamiento liguero entre el Real Betis y el Atlético de Madrid ha servido para demostrar que la intensidad no siempre va ligada con las infracciones y que la fiabilidad defensiva también se construye desde la organización.
El dato que sostiene esta teoría es inequívoco. El Betis cometió únicamente tres faltas en todo el partido, ninguna de ellas en la primera parte. Esto, en un deporte donde el contacto es inevitable, le da a la cifra un valor muy significativo. De hecho, el conjunto verdiblanco se convirtió en el equipo que menos faltas ha cometido en un partido en lo que va de campeonato.
Antes de que el árbitro diese comienzo al encuentro, todos los amantes del deporte rey se imaginaban un escenario totalmente diferente. Apenas unos días antes, en el partido de Copa del Rey celebrado en La Cartuja y que terminó con victoria colchonera por 0-5, los pupilos de Manuel Pellegrini fueron muy criticados por su actitud sobre el verde. Se les reprochó no haber detenido el vendaval ofensivo rojiblanco a base de agarrones, entradas y faltas tácticas. Aquella noche el duelo terminó con 11 faltas béticas frente a 11 de los madrileños. Sin embargo, el partido de Liga ofreció una versión muy distinta y en el Metropolitano el Atlético llegó a cometer 12 infracciones, cuadriplicando el registro bético.
Este cambio radical no pasó por variar la intensidad sino por la gestión del espacio. El Betis compactó las líneas, reduciendo así los intervalos, y priorizó la ocupación del terreno de juego mediante ayudas defensivas. Haciéndose fuerte tanto en los duelos en área, gracias a la jerarquía de Natan y Diego Llorente, como en el centro del campo, ese que en Sevilla dominaron los visitantes, el Betis no sufrió tanto. Además, cuando el Atlético de Madrid progresaba, el extremo del lado contrario al balón retrocedía para formar una línea de cinco en fase defensiva, permitiendo que los laterales no quedaran expuestos en situaciones de uno contra uno.
La experiencia siempre es un grado y de la mano del entrenador chileno los de Heliópolis se llevaron tres puntos muy valiosos del Metropolitano, demostrando que habían aprendido la lección y que para ganar no solo hay que interrumpir el juego del rival, sino también insistir en el propio trabajo táctico.









































