Un 10 Puro
·22 de agosto de 2026
El deporte español asegura el relevo: los campeones que vienen detrás ya empiezan a ganar

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·22 de agosto de 2026

España lleva unos cuantos años peligrosamente malacostumbrada. Mundiales y Europeos de fútbol, medallas olímpicas, Alcaraz, María Pérez, Rodri, Lamine Yamal, Alexia Putellas, Carolina Marín, los Hispanos, las Guerreras, campeones que aparecen por todas partes. La pregunta inevitable es qué ocurrirá cuando algunos de quienes han convertido lo extraordinario en rutina empiecen a marcharse. La respuesta está llegando desde abajo. Y viene cargada de medallas.
El verano de 2026 está dejando una colección de resultados que permite mirar al futuro con algo más sólido que la habitual fe en «las promesas». España está ganando en las categorías inferiores de los grandes deportes colectivos y, al mismo tiempo, chicos y chicas que todavía no han cumplido los 20 empiezan a romper récords, subir a podios internacionales o competir directamente contra los mayores
El fútbol ofrece probablemente la demostración más rotunda. España ha ganado este verano los Europeos Sub-19 masculino y femenino. Los chicos conquistaron su décimo título continental tras completar todo el campeonato sin encajar un solo gol. No parece precisamente una mala manera de llamar a la puerta de los mayores.
Detrás del título hay nombres que pronto empezarán a resultar familiares. El Real Madrid aportó a Javi Navarro, Jesús Fortea, Mario Rivas, Diego Aguado, Thiago Pitarch y Daniel Yáñez; también estuvieron el barcelonista Xavi Espart y el atlético Sergio Esteban. Y por encima de todos brilló Quim Junyent, formado en La Masía y actualmente en el Almería, elegido mejor jugador del campeonato.
Las chicas han llevado la cosa todavía más lejos: quinto Europeo Sub-19 consecutivo y octavo de su historia. Irune Dorado marcó el gol que tumbó a Alemania en la final y Rosalía Domínguez fue elegida mejor futbolista del torneo. Varias integrantes de esta generación ya habían sido campeonas de Europa Sub-17. Cambian de categoría, crecen y, de momento, conservan una costumbre más que saludable: ganar.
Si el fútbol impresiona, lo del baloncesto de formación empieza a parecer una cadena de montaje. España ha ido acumulando medallas este verano en prácticamente todas las edades: oro europeo Sub-18 femenino, plata mundial Sub-17 femenina y bronces europeos Sub-20 masculino, Sub-20 femenino y Sub-16 masculino. Cinco metales antes incluso de terminar todos los campeonatos del verano.
La gran joya de la Sub-18 femenina campeona es Somto Okafor, elegida MVP del Europeo después de promediar 15,3 puntos y 4,9 rebotes. En la final firmó 17 puntos y seis rebotes en el 82-46 con el que España pasó por encima de Francia. Su siguiente estación será UCLA, uno de esos lugares donde el baloncesto universitario estadounidense empieza a separar las buenas jugadoras de las que realmente son especiales.
En el baloncesto masculino también hay razones para mirar hacia abajo con bastante tranquilidad. La Sub-20 conquistó el bronce europeo y ahí sobresalieron nombres como Raúl Villar, base formado en Valencia Basket, Jorge Carot o Guillermo del Pino, uno de los talentos más interesantes de su generación y ya camino del baloncesto universitario estadounidense. Por debajo aprieta además una Sub-16 que también se subió al podio continental. No aparece todavía un nuevo Gasol al que colgarle semejante mochila —afortunadamente para ellos—, pero sí varias generaciones consecutivas instaladas entre las mejores de Europa, que quizá sea una señal bastante más saludable.
El balonmano aporta otro dato que cuesta considerar casualidad. Las Guerreras Juveniles son campeonas del mundo Sub-18 por segunda edición consecutiva. Campeonas en 2024, campeonas en 2026. Hay generaciones que prometen y otras que llegan con el currículum empezado.
Aquí aparece uno de los nombres que conviene guardar: Elene Fresco. La jugadora de Zarautz terminó el Mundial con 24 goles y fue elegida MVP del campeonato. A su lado emergieron Rebeca Secades, Iraia Berroeta, Lucía Calleja y otras compañeras de una selección que, más que defender el título mundial, ha demostrado que aquel primer oro no fue una feliz casualidad. Fresco ya ha debutado, además, con Bera Bera.
Y entonces uno aparta la mirada de los deportes colectivos y descubre que la cosecha no termina ahí. Marta Mitjans tiene 19 años y corre los 800 metros en 1:58.52. La cifra puede decir poco a quien no viva pendiente de un cronómetro, pero significa que ya posee el récord de España Sub-23 y está empezando a moverse en registros reservados a la élite. Su irrupción no se ha producido escondida entre juveniles: este verano ya se ha medido con las mayores.
En el mismo atletismo aparece la saltadora de altura palentina Aitana Alonso, que sólo tiene 17 años. Ha saltado 1,90 metros, igualando el récord español Sub-20, y se ha colgado el bronce mundial de la categoría. Las comparaciones son odiosas y colocar sobre una adolescente la etiqueta de "nueva Ruth Beitia" sería hacerle un flaco favor. Pero existe un dato inevitable: a su edad, Beitia todavía no había saltado tan alto.
El ciclismo tiene su propio nombre archiconocido. Benjamín Noval, hijo del antiguo gregario de Armstrong y Contador, tiene 17 años y ya ha convencido a INEOS para reservarle un sitio en el profesionalismo. El apellido viene heredado; las piernas tendrá que ponerlas él. Y mientras este sábado La Vuelta arranca en Mónaco con las estrellas actuales, el ciclismo español ya mira hacia quienes algún día deberán sustituirlas.
Daniela Terol, también con 17 años, representa un mundo completamente diferente. Ya fue olímpica en París con apenas 15 y ahora empieza a instalarse en los podios internacionales del skate. España ha aprendido durante las últimas décadas que sus medallas pueden aparecer en una pista de atletismo, una piscina o sobre una bicicleta. La siguiente puede llegar perfectamente encima de una tabla con cuatro ruedas.
Y el mapa sigue creciendo. En natación, esgrima, piragüismo, taekwondo, vela, halterofilia o deportes de invierno aparecen campeones y medallistas españoles todavía adolescentes. Incluso el vóley playa ha encontrado en Sofía Izuzquiza, campeona mundial Sub-19, una jugadora que ya está dando el salto hacia la élite absoluta junto a Tania Moreno.
No todos llegarán. Ésa es probablemente la única certeza que conviene recordar cuando se habla de deporte de formación. Ser campeón del mundo con 17 años no garantiza serlo con 27, como tampoco un récord juvenil asegura una medalla olímpica. Entre una cosa y otra aparecen lesiones, presión, estudios, decisiones personales y esa criba despiadada que separa el talento adolescente de la élite profesional. Los periodistas deportivos tenemos nuestro cajón repleto de adjetivos sobre chavales que pudieron ser y no fueron.
Pero España tiene ahora algo mucho mejor que una promesa aislada a la que cargar con todo el peso del futuro. Tiene selecciones campeonas en distintos deportes, generaciones femeninas y masculinas subiendo juntas y talentos individuales apareciendo simultáneamente en disciplinas que apenas se parecen entre sí.
Durante años nos preguntaremos quién será el siguiente Alcaraz, la siguiente Alexia, la próxima María Pérez o quién recogerá cualquiera de los testigos que hoy parecen imposibles de recoger. Quizá la respuesta sea mucho más tranquilizadora: no hace falta encontrar uno. Vienen muchos.







































