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·11 de agosto de 2026

El día en que Uruguay encontró su color

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El día en que Uruguay encontró su color. El 15 de agosto de 1910, la selección estrenó la camiseta celeste en Belvedere y venció 3-1 a Argentina por la Copa Lipton.

El 15 de agosto de 1910 no fue un día más para el fútbol uruguayo. En la cancha de Belvedere, Uruguay enfrentó a Argentina por la Copa Lipton, ganó 3-1 y vistió por primera vez una camiseta que terminaría por nombrarlo ante el mundo: la celeste. Este sábado se cumplen 116 años de aquella jornada fundacional para la identidad deportiva del país.


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La elección del color no era un detalle de utilería. En los primeros años de su trayectoria, el combinado uruguayo había utilizado distintas indumentarias. La definición del celeste como color representativo resolvió una búsqueda visual, pero sobre todo abrió una pertenencia que atravesaría generaciones de futbolistas e hinchas.

Un estreno con triunfo ante Argentina

Aquel clásico rioplatense se disputó en el escenario de Belvedere que entonces utilizaba Montevideo Wanderers y que hoy está ligado a Liverpool. Uruguay se impuso 3-1 ante Argentina en la sexta edición de la Copa Lipton. El resultado quedó asociado para siempre al estreno de la camiseta celeste y a una de las primeras grandes imágenes de la selección nacional.

La decisión había sido adoptada en la dirigencia de la Liga Uruguaya de Football. Según los registros históricos recogidos por la AUF y por investigadores del fútbol uruguayo, la propuesta de vestir de celeste fue impulsada por Ricardo Le Bas, delegado de Wanderers. El color evocaba al River Plate Football Club uruguayo, que poco antes había conseguido un resonante triunfo frente a Alumni de Argentina usando esa casaca.

La historia no convierte automáticamente una camiseta en símbolo. Eso se construye con el tiempo, los resultados y la memoria colectiva. Pero aquel partido dejó una escena inicial nítida: un equipo uruguayo vestido de celeste, ganador frente a su rival de siempre y con una marca que ya no abandonaría.

De uniforme a emblema

La fuerza de la Celeste está en que dejó de pertenecer solamente a una selección. El color pasó a ser una forma de reconocimiento inmediato para el fútbol uruguayo y, con los años, se proyectó también sobre otros deportes. En las tribunas, en las calles y en las transmisiones, decir “la Celeste” alcanza para señalar una historia compartida.

Por eso el aniversario no se reduce a una efeméride de vestuario. Remite a un momento en que el fútbol local empezó a fijar códigos propios en el marco de una rivalidad rioplatense que ya movilizaba multitudes y pasiones. La camiseta ayudó a ordenar una representación nacional en una disciplina que todavía estaba consolidando sus instituciones y sus tradiciones.

Por qué importa hoy

En un fútbol de camisetas que cambian temporada a temporada, la continuidad de la celeste conserva un valor poco frecuente. No es una prenda inmóvil ni un recuerdo de museo: es el vínculo visible entre distintas épocas de la selección, desde Belvedere en 1910 hasta cada nueva convocatoria.

Los 116 años invitan a mirar ese recorrido sin exageraciones. La camiseta no jugó partidos ni levantó trofeos por sí sola. Sí acompañó a los equipos que construyeron la historia internacional de Uruguay y se volvió el marco simbólico de cada desafío. Su origen, además, recuerda algo muy uruguayo: antes de ser una marca global, fue una elección local, nacida en el fútbol de Montevideo y afirmada en un triunfo ante Argentina.

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