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·12 de septiembre de 2026

El fútbol más allá de los 90 minutos: por qué este deporte nunca termina con el pitido final

Imagen del artículo:El fútbol más allá de los 90 minutos: por qué este deporte nunca termina con el pitido final

El fútbol tiene una característica que pocos deportes pueden igualar: un partido termina, pero la conversación continúa…

Durante horas, días e incluso años se recuerdan goles, decisiones arbitrales, cambios tácticos y jugadas que pudieron cambiar una eliminatoria. El fútbol profesional se disputa bajo unas reglas muy concretas, pero la experiencia del aficionado va mucho más allá del terreno de juego.

Esa capacidad para mantenerse presente fuera del estadio ayuda a explicar por qué el fútbol forma parte de la vida cotidiana de millones de personas. Se sigue en directo, se comenta con amigos, se analiza en medios y redes sociales y, cada vez más, se consume a través de diferentes formatos digitales.


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Un juego sencillo con una enorme profundidad

En esencia, las bases del fútbol son fáciles de entender. Según las Reglas de Juego de The International Football Association Board (IFAB), un partido enfrenta a dos equipos con un máximo de once jugadores cada uno, y uno de ellos debe ser el guardameta. Esta estructura básica lleva décadas siendo reconocible para aficionados de prácticamente cualquier país.

Sin embargo, entender las reglas no significa comprender todo lo que ocurre durante un encuentro.

Un equipo puede defender cerca de su propia portería o presionar al rival en campo contrario. Puede buscar ataques rápidos después de recuperar el balón o construir las jugadas mediante posesiones largas. También puede modificar su planteamiento según el marcador, el rival o el momento del partido.

Ahí aparece una de las grandes virtudes del fútbol: unas normas comunes permiten desarrollar estilos muy diferentes.

Las formaciones tampoco explican por sí solas cómo juega un equipo. Dos conjuntos que parten de un 4-3-3 pueden comportarse de manera completamente distinta dependiendo de la posición de los laterales, los movimientos de los centrocampistas, la altura de la presión o la libertad de los extremos.

Por eso el fútbol invita tanto al análisis.

El aficionado también juega el partido desde fuera

Ver fútbol implica tomar decisiones mentalmente de forma constante. ¿Era mejor pasar o disparar? ¿Había que sustituir al delantero? ¿Conviene mantener la presión o proteger el resultado? ¿Qué jugador debería lanzar una falta?

El entrenador decide en el banquillo, pero miles de aficionados están tomando sus propias decisiones al mismo tiempo desde la grada o delante de una pantalla.

Esta dimensión estratégica conecta el fútbol con otras formas de entretenimiento basadas en la planificación y la toma de decisiones. Quien disfruta pensando alineaciones, movimientos o posibles escenarios puede encontrar una lógica similar cuando juega a ajedrez, cartas o juegos de mesa online, donde observar, anticiparse y elegir entre distintas alternativas forma parte fundamental de la experiencia.

La relación resulta natural porque el atractivo no está únicamente en ganar. También está en intentar comprender qué puede ocurrir a continuación.

En el fútbol sucede exactamente eso. Un entrenador prepara un plan inicial, pero debe adaptarlo a acontecimientos que no controla por completo: un gol, una tarjeta, una lesión, una sustitución del rival o simplemente un cambio en el desarrollo del encuentro.

De la televisión a un ecosistema digital

La manera de seguir el fútbol también ha cambiado. Durante buena parte del siglo XX, la radio, la prensa escrita y posteriormente la televisión fueron los principales canales para seguir las grandes competiciones. Hoy la experiencia se extiende a teléfonos móviles, plataformas digitales y redes sociales.

Las cifras oficiales de la Copa Mundial de la FIFA Catar 2022 permiten observar la magnitud de este fenómeno. Según el informe de audiencia publicado por FIFA, el torneo registró un alcance total de medios de 5.000 millones, mientras que la final entre Argentina y Francia tuvo una audiencia cercana a los 1.500 millones de personas en todo el mundo.

La actividad tampoco desaparece cuando el árbitro señala el final.

Resúmenes, estadísticas, entrevistas y análisis permiten prolongar cada jornada. Un encuentro de fútbol se convierte así en el punto de partida de muchas conversaciones diferentes. Algunos aficionados quieren discutir una decisión arbitral; otros prefieren revisar datos o estudiar el planteamiento táctico.

Esta variedad también explica la cantidad de perfiles diferentes que existen entre los seguidores. No todos viven el deporte de la misma manera.

Las reglas cambian, la esencia permanece

El fútbol tampoco es un deporte completamente inmóvil. IFAB, organismo responsable de las Reglas de Juego, publica sus diferentes ediciones y documenta las modificaciones introducidas. Las reglas actuales continúan organizadas en 17 apartados que regulan elementos esenciales como el terreno de juego, los jugadores, el árbitro, la duración del partido, el fuera de juego, las faltas o los distintos procedimientos para reanudar el juego.

Al mismo tiempo, la tecnología ha adquirido mayor presencia en determinadas competiciones. El videoarbitraje, conocido universalmente como VAR, es probablemente el ejemplo más visible.

Estos cambios pueden modificar determinados procedimientos, pero no eliminan la característica fundamental del deporte: dos equipos intentan marcar más goles que su rival.

Todo lo demás nace alrededor de esa idea extremadamente sencilla.

Un idioma que entienden millones de personas

Quizá la mayor fortaleza cultural del fútbol sea precisamente su facilidad para cruzar fronteras. Las competiciones, los clubes y los futbolistas generan comunidades de aficionados muy lejos del lugar donde se disputan los partidos.

No hace falta compartir idioma para comprender la emoción de un gol en los últimos minutos, una parada decisiva o una tanda de penaltis.

Y cuando el encuentro termina, comienza otra parte de la experiencia. Se revisan las jugadas, se discuten las decisiones y se piensa en el siguiente partido. El fútbol moderno ocupa estadios y pantallas, pero también conversaciones, recuerdos y momentos compartidos.

Por eso resulta difícil reducirlo a 90 minutos sobre el césped. El partido tiene un principio y un final. La afición, en cambio, continúa mucho después del pitido.

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