Madrid-Barcelona.com
·29 de enero de 2026
El gesto de Lamine con Raphinha que muchos no vieron, pero lo dice todo del Barça

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El FC Barcelona cumplió con su objetivo y lo hizo con autoridad. La victoria por 4-1 ante el FC Copenhagen fue la confirmación de un equipo que sabe a lo que juega y que compite con seriedad en Europa. Desde el inicio, el Barça llevó el control del partido, impuso su ritmo y no dio opción a la sorpresa.
El conjunto dirigido por Hansi Flick firmó un encuentro completo, equilibrado y maduro. No solo ganó, sino que convenció. El premio fue claro: estar entre los ocho mejores y confirmar que el equipo va por el buen camino.
Los goles reflejaron la riqueza ofensiva del Barça actual. Robert Lewandowski aportó experiencia, Lamine Yamal volvió a demostrar que su talento no entiende de edad, Raphinha sumó desde el compromiso y Marcus Rashford añadió potencia y profundidad.
Lamine, clave en el Barça | Getty Images
Más allá de los nombres, lo importante fue cómo se repartieron los protagonismos. No hubo ansiedad ni carreras por destacar. Cada gol llegó como consecuencia del juego colectivo, de entender que el brillo individual solo tiene sentido cuando el equipo funciona como un todo.
El momento más revelador del partido no fue un regate ni una celebración, llegó desde los once metros. Lewandowski provocó un penalti claro y el balón terminó en manos de Raphinha. Sin embargo, el brasileño se lo ofreció a Lamine, un gesto que podría haberle dado aún más foco mediático al joven talento.
La respuesta de Lamine fue inmediata y natural: devolvió el balón a Raphinha. Sin aspavientos, sin gestos exagerados, simplemente entendió que no era su momento. Dejó que su compañero lanzara el penalti y asumiera la responsabilidad, ese pequeño detalle dijo mucho más que cualquier discurso.
El penalti transformado por Raphinha fue especial, no solo por el gol, sino por lo que representó. En un fútbol cada vez más marcado por cifras, récords y protagonismos individuales, el Barça mostró algo distinto: un vestuario unido y sin egos desmedidos.
Lamine, con apenas unos años en la élite, demostró una madurez poco común, entendió que el éxito colectivo está por encima del lucimiento personal. Ese gesto, que muchos no vieron, explica por qué este Barça ilusiona. No solo gana partidos, también construye una identidad sólida, basada en el respeto, la confianza y el equipo.








































