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·14 de agosto de 2026

El indiscutible rey del ‘here we go’: quién es en realidad Fabrizio Romano

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Fabrizio Romano no ficha jugadores. Tampoco firma contratos ni pasa reconocimientos médicos. Pero el mercado de fichajes parece incompleto hasta que él pronuncia las tres palabras mágicas: here we go. Entonces se abren las puertas, vuelan los emoticonos y millones de aficionados dan por cerrada una operación que quizá todavía conserve algún folio sin rubricar.

Nacido en Nápoles en 1993, Romano comenzó a escribir sobre fútbol siendo adolescente. Su primera gran historia le llegó desde Barcelona. Un aspirante a representante italiano relacionado con La Masia le pidió que publicara perfiles de dos jóvenes: Gerard Deulofeu y Mauro Icardi. Aquella relación le permitió adelantar en 2011 la marcha del delantero argentino a la Sampdoria. Había encontrado su oficio. Y también su método.


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Se trasladó a Milán, comenzó a colaborar con el prestigioso periodista deportivo Gianluca Di Marzio y entró en Sky Sport Italia con apenas 19 años. Mientras otros periodistas cultivaban una fuente en cada club, él construyó una agenda internacional de agentes, intermediarios, jugadores y directivos. Restaurantes, hoteles, llamadas interminables y mensajes a cualquier hora. Después llegó su verdadero estadio: las redes sociales.

Romano entendió antes que muchos que la información deportiva ya no necesitaba esperar al periódico del día siguiente. Ni siquiera al informativo de la noche. La noticia debía aparecer cuando estuviera preparada y repetirse, convenientemente troceada, en X, Instagram, YouTube, Twitch y Telegram. La audiencia no quería conocer su vida. Quería fichajes. Y él convirtió esa ansiedad en un imperio con 135 millones de seguidores acumulados.

Periodista, agitador o departamento de comunicación

Su éxito no admite demasiada discusión. Su naturaleza, bastante más. Los admiradores lo consideran el informador más fiable del mercado. Sus críticos prefieren definirlo como agregador, influencer, relaciones públicas o altavoz de representantes. Una fuente bien colocada le entrega una información; Romano la publica ante una audiencia planetaria; la operación gana presión, precio y apariencia de inevitabilidad.

Un dirigente de la Premier explicó a The i Paper que un gran club utilizó al italiano para presentar como prácticamente cerrado un fichaje que todavía no estaba acordado. La presión terminó elevando el precio. El vendedor, pese a su enfado, obtuvo varios millones más de lo esperado. Romano no se limita siempre a narrar el mercado. En ocasiones, su publicación también lo mueve.

El periodista Luke Edwards, de The Telegraph, resumió el mecanismo al reprocharle su cobertura sobre el supuesto deseo de Julián Álvarez de abandonar el Atlético para incorporarse al Barcelona: primero se enciende el fuego, después se añade leña publicando repetidamente la misma información con las palabras cambiadas de orden.

El propio Atlético terminó entrando al choque. Tras una información sobre una presunta oferta azulgrana por el argentino, el club publicó montajes de Lamine Yamal, Pedri y Raphinha con la camiseta rojiblanca e imitó el famoso here we go. “Sólo tardamos cinco minutos en crear esta publicación falsa”, remató. Una dentellada directa al emperador de las exclusivas.

Exclusivas ajenas y publicaciones de pago

Romano también arrastra acusaciones de apropiarse de noticias publicadas por otros. Marcel van der Kraan, responsable deportivo de De Telegraaf, denunció en 2022 que había presentado como exclusiva una información de su compañero Mike Verweij apenas dos minutos después de su publicación. La respuesta del italiano fue un pulgar levantado y una cara sonriente. Argumentación suficiente para una red social; algo más escasa para una facultad de Periodismo.

EIF Soccer lo acusó después de copiar literalmente una publicación, incluida la fotografía, sin atribución alguna. Florian Plettenberg, de Sky Alemania, sostiene que Romano omite con frecuencia las fuentes originales en Instagram y elimina las informaciones que no terminan cumpliéndose. Él respondió acusándole de difundir noticias falsas. En el mercado también se reparten patadas. No todas llevan tacos.

Más delicadas son las sospechas sobre publicaciones promocionales. El diario danés Tipsbladet investigó una supuesta oferta realizada mediante la plataforma Memmo: alrededor de 1.000 euros por una publicación y hasta 6.000 por un vídeo. El Vålerenga noruego confirmó haber recibido una propuesta. Romano niega haber cobrado por difundir rumores o promocionar futbolistas y aseguró posteriormente a Iker Casillas que bloqueó a un agente griego que intentó pagarle. Además, el Consejo de Prensa danés terminó censurando parte del tratamiento de Tipsbladet, que corrigió su información. El asunto, por tanto, continúa lejos de estar cerrado.

A sueldo de todos, según quién proteste

Su enorme poder le garantiza una acusación distinta cada mañana. Un sector madridista llega a situarlo “a sueldo de Laporta”. Romano respondió en español y amenazó con tomar medidas: “Cada vez que habla Laporta, Florentino o quien sea, publico todas las palabras de mercado y contratos”.

La broma cambia de camiseta según la noticia. Cuando reproduce discursos de Florentino Pérez o adelanta operaciones del Real Madrid, son los rivales quienes lo presentan como altavoz del presidente madridista. Las respuestas a sus publicaciones sobre Florentino se llenan de acusaciones de propaganda. Cuando encadena mensajes sobre Lamine Yamal o el mercado del Barça, ocurre exactamente lo contrario. Fabrizio siempre está comprado. Lo prodigioso es que, según Internet, todos pagan simultáneamente.

El italiano ha contribuido a difuminar esa frontera al aceptar campañas comerciales de casas de apuestas, criptomonedas, FIFA y organismos saudíes. También ha creado en Italia una sociedad dedicada al marketing y los patrocinios. Ahora insinúa que podría abandonar su actual forma de cubrir el mercado para cambiar de enfoque.

Quizá no sea una retirada, sino el último fichaje de Fabrizio Romano: dejar definitivamente el periodismo para incorporarse al negocio que llevaba años jugando con su camiseta. Falta la confirmación. El último here we go.

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