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La Galerna

·17 de febrero de 2026

El Madrid en los actos de inauguración del antiguo Da Luz

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El actual estadio de Da Luz, donde juega el Benfica, fue construido de cara a la Eurocopa de 2004 que organizó Portugal en un terreno colindante al antiguo campo del mismo nombre. Aquel estadio, que tuvo una vida de casi medio siglo, fue inaugurado en 1954 (al cumplirse el 50º aniversario de la entidad), y en uno de los diferentes actos que se celebraron participó el Real Madrid jugando un partido ante el equipo benfiquista.

Joaquim Ferreira Bogalho, máximo mandatario del cuadro lisboeta, fue el impulsor del proyecto desde que alcanzó la presidencia en 1952. En el momento de la apertura, el estadio de Da Luz albergaba a 40.000 aficionados y el coste total de las obras se elevó a 12 millones de escudos. La inauguración oficial fue el 1 de diciembre (fiesta nacional y fecha simbólica que conmemora la victoriosa Restauración de la Independencia de Portugal) con un partido ante el Oporto que se llevaron los visitantes por 1-3.


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Primero desfilaron los trabajadores y los deportistas de las distintas secciones del club. Luego, antes del pitido inicial, en presencia del presidente de la República Francisco Craveiro Lopes, se leyó un mensaje del dictador Salazar, y después realizó un conmovedor discurso Ferreira Bogalho tras el cual, por la gran emoción, casi se desmayó. El segundo choque fue cuatro días más tarde contra el Os Belenenses, mientras que el tercero, que cerraba los actos de inauguración, fue contra el cuadro madridista el día 8 de diciembre. La gran relación entre Ferreira Bogalho y Santiago Bernabéu propició este partido y el viaje de los blancos a Lisboa para estrechar lazos deportivos entre los dos países.

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El Real Madrid, el día 5, jugó en el Campeonato de Liga contra el Deportivo de la Coruña en Chamartín. El cuadro merengue barrió a los gallegos endosando un 5-1 al equipo dirigido por Eduardo Toba. El trayecto hacia la capital lisboeta lo realizó la expedición madridista en tren, en el Lusitania Express. La salida se produjo la noche del día 5 con tiempo suficiente para tener descanso antes del partido. La convocatoria respecto al choque contra los deportivistas tenía alguna novedad, como la presencia de Zárraga, Atienza I, Molowny y Olsen. También la baja de Gento, que no pudo ir a Lisboa por motivos particulares. Al frente de todos ellos viajó Bernabéu y los directivos Bustamante y Saporta.

En el diario Arriba se podía leer que había “gran expectación en Lisboa ante el Madrid-Benfica” y que la recaudación (725.000 escudos) “supera la del último Portugal-Argentina”. Se elogiaba al club blanco porque “nadie posiblemente en el censo de sociedades futbolísticas españolas podía haber representado con mayor garbo que el Real Madrid la ilustre tarea de encarnar la embajada deportiva española hasta las tierras vecinas de Portugal, porque el Madrid une a su historial olímpico una especial y probablemente insuperable manera de saber hacer donde la gentileza humana y su rancia solera de club señor componen la imagen perfecta de la diplomacia. Por eso conviene apresurarse a proclamar antes del partido que se reñirá sobre el césped el nuevo estadio lisboeta, que el Real Madrid ha ganado ya su encuentro. Ha ganado el match de la hidalguía deportiva, de la risueña cordialidad y la elegancia en modos y maneras. Ha ganado, en justicia, antes de saltar al terreno de juego lo más importante de toda la excursión portuguesa: el trofeo de la amistad”.

También se loaba la figura de Bernabéu: “Lleva la capitanía moral de una expedición cuyo remate final no dudamos en profetizar desde ahora mismo como absolutamente venturoso. Su hombría de bien, su franqueza deportiva, su afán por hallar la verdad en las relaciones de los hombres y su elegante nobleza de viejo hidalgo labrador tienen que representar en este viaje cartas decisivas para el éxito de la tarea. Luego, su equipo culminará en el terreno de juego la tarea humana de su presidente. Pero ambos (equipo y Bernabéu) están rindiéndole a la causa deportiva española un servicio inestimable. Líder del Campeonato el Real Madrid, líder también del señorío, nuestro Real Madrid pasea a estas horas por Portugal el pabellón español con todo merecimiento. (…) Nadie mejor que el Real Madrid podía representarnos. Y nadie mejor que Santiago Bernabéu encarnar con todo honor la representación del presente deporte español”.

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Dos noches antes del encuentro, la directiva del Benfica organizó una cena con los jugadores madridistas y encarnados en el chalet donde habitualmente se concentra el cuadro lisboeta. En la previa del partido la expedición merengue realizó una excursión por la Costa del Sol, y almorzó en Estoril después de visitar los bellos pueblos que rodean Lisboa. La prensa catalogó el duelo con una importancia que se salía del carácter de amistoso. No regatearon en espacio ni alabanzas, congratulándose de la visita a tierras portuguesas. En Mundo Deportivo, por ejemplo, elogiaron con páginas enteras a Di Stéfano, del quien decían que era el delantero centro más extraordinario de todos los tiempos, y que nunca había pasado por Lisboa una figura tan grande, a pesar de que fueron muchos los ases mundiales que se exhibieron en campos portugueses.

En lo deportivo, a última hora se incorporó a la expedición el cancerbero Juanito Alonso, que estaba en proceso de recuperación de unas anginas que le hicieron ser baja en el choque contra el Deportivo de la Coruña. De todas formas, no se encontraba plenamente recuperado y no estaba prevista su titularidad. Además, según acordaron las dos directivas, en el partido se podrían realizar dos sustituciones de jugadores durante el primer tiempo y la del guardameta en cualquier momento del encuentro. El conjunto benfiquista se concentró dos días antes en las cercanías de Lisboa por las ganas de triunfo y como si de un partido oficial se tratase.

El día del encuentro amaneció gris y con lluvia, pero eso no impidió que el estadio de Da Luz ofreciera un aspecto magnífico. Se colgó el cartel de no hay billetes, el lleno era total y las banderas española y portuguesa ondeaban en los mástiles. El recibimiento y la ovación al equipo español al saltar al terreno de juego fue espectacular y el clima de amistad y cordialidad entre ambos clubes fue total. Antes de comenzar el encuentro hubo intercambio de regalos y el presidente Santiago Bernabéu obsequió a su homólogo portugués con una obra en la que figuraban Don Quijote y Sancho. También se interpretaron los himnos nacionales de ambos países y se aplaudió al embajador español Nicolás Franco, que se encontraba en el palco de autoridades.

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En cuanto a los onces ambos equipos, alinearon conjuntos muy competitivos. En el Benfica, que dirigía Otto Gloria, ya estaban algunos grandes jugadores que años después conquistarían la Copa de Europa, como el portero Costa Pereira, el lateral Angelo Martins, el delantero de origen angoleño José Águas o el formidable todocampista e interior izquierdo Mário Coluna. En el cuadro madridista, Juanito González ocupó el marco; Navarro, Oliva y Lesmes la defensa; Muñoz y Atienza II la media; y Joseíto, Pérez Payá, Di Stéfano, Rial y Molowny la delantera. También tendrían minutos luego Roque Olsen y Atienza I.

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En líneas generales, el duelo tuvo buen nivel y el “fútbol del Madrid causó impresión en Lisboa”, según el titular de la crónica de Marca por parte de su enviado especial José Carrasco. Los madridistas ganaron por 2-0, resultando una de las claves del triunfo el posicionamiento y la mejor técnica de sus jugadores. El terreno de juego encharcado y las quejas por la ligereza del balón no eclipsaron momentos de buen juego de ambos equipos, con el Benfica teniendo sus mejores minutos en la primera parte.

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Durante la misma, Héctor Rial marcó dos tantos, pero solo uno subió al marcador. En el 39’, un gol espléndido del argentino fue validado y más tarde anulado por offside tras las reclamaciones de los benfiquistas al árbitro portugués Viera da Costa. Cinco minutos más tarde, el interior de Pergamino adelantó a los blancos después de un pase de Di Stéfano, batiendo a Costa Pereira, con un precioso remate a la media vuelta sin que el balón tocase el suelo. El segundo y definitivo tanto que terminó con la resistencia de los portugueses llevó la firma de La Saeta Rubia en la segunda mitad. Rial le devolvió la asistencia del primer tanto con un pase para que el delantero disparase con potencia al marco encarnado. Al final del partido y por la victoria, el embajador Nicolás Franco le entregó una copa al capitán blanco Miguel Muñoz.

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Gloria utilizó un sistema en base al 1-4-2-4 pero no tan diagonal como se decía. Según la directiva benfiquista, los jugadores todavía andaban algo desorientados por la idea del técnico brasileño recién llegado. Su juego era brioso, pero le faltaba calidad en lo individual en varios de sus elementos. Por su parte, el entrenador madridista Enrique Fernández que no era demasiado partidario de la WM continuó con la idea que le estaba dando tantos éxitos en la Liga. Un equipo equilibrado para que no se rompieran las líneas, fuerte en defensa y con las tareas y roles perfectamente distribuidos.

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Después del partido, los madridistas mostraron su alegría por el triunfo y la deportividad en la que se desarrolló el choque. Pese a las prisas en la expedición para coger el Lusitania Express y regresar a España, habló Ipiña, secretario técnico blanco, que comentó que fue “un buen encuentro, muy correcto y enérgico por los dos bandos. Los portugueses han sacado a relucir un fútbol muy alegre”. En el otro bando, uno de los que realizó declaraciones fue Gomes Junior, el secretario general del Benfica: “La exhibición de mi equipo superó en algunos aspectos al Madrid”. Mientras que, entre los periodistas locales, el crítico Manuel Mota de Mundo Deportivo afirmó que “el Madrid puede decirse que ganó por su mayor capacidad realizadora” y, Tavares da Silva en Diario de Lisboa, explicó que “la superioridad madrileña se puso en evidencia de forma positiva en la clase técnica de sus individualidades. El futbolista español tiene una gracia y donaire le distingue de los demás”.

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En la vuelta a la capital española, cuando se pensaba que el viaje había sido un éxito, explotó una gran crisis en la parcela técnica madridista. Ipiña, en la prensa portuguesa, se tomó la licencia de proclamarse entrenador del Real Madrid, algo que no sentó bien a Enrique Fernández, el dueño del cargo. El charrúa, en unas manifestaciones al diario Marca, aclaró que “el técnico del Madrid soy yo” y apuntó con rotundidad al vasco: “El señor Ipiña ha pasado por tal en Lisboa, mientras yo era como un cero a la izquierda. Esta actitud es evidente que lesiona mi prestigio profesional. Y lo lamentable que es que el cargo que desempeña el señor Ipiña no tiene nada que ver con el mío”. Estas declaraciones fueron consideradas en la directiva madridista como un acto de indisciplina del uruguayo, que fue suspendido de sus funciones provisionalmente. Unos días después, la decisión definitiva de Bernabéu fue el cese y Fernández se marchó, siendo sustituido por Villalonga, que hasta entonces ejercía como preparador físico.

Fotografías: archivo de Alberto Cosín

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