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·29 de noviembre de 2025

El madridista 42

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"Durante siete millones y medio de años, el gran Pensamiento Profundo había calculado la Pregunta Definitiva a la Vida, el Universo y Todo lo Demás, y finalmente la respuesta es... [pausa dramática]... Cuarenta y dos."


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Decía Baldassare Castiglione que en cada uno de nosotros hay una simiente de locura la cual, si se granjea, puede multiplicarse en infinito.

Siempre pensé que Castiglione se refería a la afición del Atleti, pero de un tiempo a esta parte me he dado cuenta de que pensaba en realidad en ese sector de aficionados madridistas que usted y yo sabemos. Se trata de un sector de lo más curioso y desconcertante, hay quien lo llama “Twitter Real Madrid”, como si fuera una suerte de vinagrismo 2.0 con acceso a redes sociales, aunque su hábitat natural no se reduce al manicomio de Elon Musk, pues también son visibles en canales de YouTube y sucedáneos.

El ideario de este seguidor merengue es una especie de aberración socrática en negativo y podría resumirse en la máxima: “yo solo sé que lo sé todo”; porque este madridista presume de un conocimiento infalible en todo lo que se refiere al club, al equipo, sus jugadores, su directiva, el fútbol, la vida, el universo y todo lo demás. Es la respuesta a todas las incógnitas. Es el madridista Pensamiento Profundo. El Madridista 42 (si no pilla la referencia, no se preocupe: proceda a leer la “Guía del Autoestopista Galáctico” de Douglas Adams, que además se divertirá muchísimo).

El ideario del Madridista 42 es una especie de aberración socrática en negativo y podría resumirse en la máxima: “yo solo sé que lo sé todo”; porque este madridista presume de un conocimiento infalible en todo lo que se refiere al club, al equipo, sus jugadores, su directiva, el fútbol, la vida, el universo y todo lo demás

El Madridista 42 es sentencioso. Nunca opina, solo dogmatiza. Su mundo está compuesto de certezas inamovibles y es muy de tomarle ojeriza a determinados jugadores por el motivo que sea: Vinícius es un impresentable, Mbappé es un sinvergüenza, Güler es un fraude y aseveraciones similares son la evolución lógica de aquel Madridista 42 que, una década atrás, te decía que Benzema jugaba por decreto, que Bale era un jeta y que a Kroos había que regalarlo. El Madridista 42 volcaba estas sentencias en un tono que parecía que en su mente las viera talladas en mármol y con un coro angélico haciendo sonar trompetas de fondo.

Otro rasgo de este peculiar madridismo es que se crece en el infortunio. Es patológicamente incapaz de manifestar algo remotamente parecido a un pensamiento positivo. La esperanza no está entre sus planes inmediatos. Todo lo ve mal. Todo le parece un error. Una victoria sufrida es solo síntoma de un futuro descalabro, un empate es motivo para echar a media plantilla y una derrota lo es para fusilar a la mitad que queda.

Las soluciones del Madridista 42 tienden a lo expeditivo. Nunca contempla una solución quirúrgica sino el uso indiscriminado de la motosierra: si el Madrid empata en Getafe, hay que despedir a Vinícius, Militao, Rodrygo, Endrick, Valverde y al jerbo de Dani Ceballos para comprar a (yo qué sé) Cucurella, Estevao y una Air Fryer. Al Madridista 42 le encantan las soluciones espectaculares y con derramamiento de sangre.

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El Madridista 42 suele justificar su tremendismo en la “autoexigencia”. Insulta mucho a cuerpo técnico y jugadores porque se cree, con total sinceridad, que en eso consiste el ADN del Real Madrid: en machacar a tu equipo cuando pierde. Vive con un terror perpetuo a ser tomado por un aficionado blando o permisivo, lo cual quizá tenga algo que ver con algún tipo de compensación de la virilidad, no tengo ni idea; pero la relación entre el nivel de ira y aspavientos con que se insulta a Vinícius, Xabi o Mbappé y la falta de envergadura genital del insultador tal vez deba estudiarse con más profundidad por los expertos del ramo de la psicología.

Las siempre peculiares e inalterables convicciones del Madridista 42 pueden resultar chocantes, pero raras veces son originales: casi siempre son un mero eco de las tonterías que repiten los periodistas deportivos de toda la vida. El Madridista 42 cuando se transmuta en lo que se conoce como “insider” no es más que una simple cámara de resonancia de los rumores descabellados de la prensa generalista sobre las supuestas interioridades del vestuario del Real Madrid. Es decir: cuando el tuitero de turno asevera que los jugadores le están “haciendo la cama” a Xabi Alonso o que Bellingham cierra los bares de Ibiza todas las noches, carece por completo de pruebas en que apoyarse, es solo que se lo ha oído mencionar a Manolo Lama o a algún risueño tertuliano de El Chiringuito. Esas son sus fuentes.

Otro rasgo de este peculiar madridismo es que se crece en el infortunio. Es patológicamente incapaz de manifestar algo remotamente parecido a un pensamiento positivo. La esperanza no está entre sus planes inmediatos. Todo lo ve mal. Todo le parece un error

Jesús Bengoechea, el fundador de esta santa casa, La Galerna, lo ha expresado con mucho acierto recientemente usando estas palabras:

Ya lo he entendido todo. Los madridistas de las redes estábamos hartos de un periodismo que, hablando de nuestro equipo, no aportaba más que negatividad y sesgo odiador. Durante años me alegré viendo cómo los íbamos desplazando, ocupando su lugar. Ahora me doy cuenta, cuando básicamente lo hemos logrado, de que queríamos ocupar ese lugar para ser exactamente igual que ellos.

Exactamente, querido Jesús, esa es la clave del Madridista 42, se ha convertido en lo que siempre dijo odiar: un periodista deportivo. Tampoco debería extrañarnos del todo. La mala praxis periodística referida al Real Madrid es como una suerte de herejía que se resiste a desaparecer, tan solo evoluciona con el tiempo. Es como el gnosticismo del universo fútbol hispano.

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Cualquiera que tenga algo de conocimiento sobre la historia de la heterodoxia cristiana sabrá que el gnosticismo es la más antigua herejía del cristianismo, la cual nunca ha desaparecido del todo en 2000 años porque tiene la capacidad de adaptarse a los tiempos. Podría trazarse una línea recta entre los textos de Valentín de Alejandría, los cátaros, la New Age de Jane Fonda y la serie “Misa de Medianoche” de Mike Flanagan en Netflix (que es una serie tontísima); de igual modo que, en lo que a pseudoperiodismo madridista se refiere, podría establecerse una conexión directa entre Antón Meana y su “no cambio a Modric por De las Cuevas” y la obsesión de Iñaki Angulo con Mbappé.

Y conste que no dudo del madridismo sincero de Iñaki Angulo (como tampoco dudo del madridismo de Valentín de Alejandría) ni siento ninguna antipatía personal hacia él. Al contrario. En cierto modo, me resulta incluso entrañable: es como ese amigo que en los botellones se te acercaba con aire intenso, vaso de Martini con limón en la mano, te pasaba un brazo por el hombro y te daba consejos para ligarte a la chica que te gustaba porque te apreciaba de veras y quería verte triunfar. Lo malo era que sus consejos no solo eran disparatados, sino que a menudo rozaban la ilegalidad. Pero, qué diantre, lo hacía por tu bien.

El Madridista 42 suele justificar su tremendismo en la “autoexigencia”. Insulta mucho a cuerpo técnico y jugadores porque se cree que en eso consiste el ADN del Real Madrid: en machacar a tu equipo cuando pierde. Vive con un terror perpetuo a ser tomado por un aficionado blando o permisivo, lo cual quizá tenga algo que ver con algún tipo de compensación de la virilidad, no tengo ni idea

A Iñaki Angulo le pasa como al común de los Madridistas 42, que son sinceramente merengues y, a su extraña manera, solo desean lo mejor para el Real Madrid. Eso no se les puede negar. De hecho, puede que sean incluso más madridistas que usted y que yo. Tal vez incluso sean los únicos verdaderos madridistas que existen, quién sabe. Pero una cosa tengo muy clara: prefiero que no me toque sentarme al lado de uno la próxima vez que vaya al Bernabéu.

Cabe la posibilidad de que el tremendismo del Madridista 42 sea la forma correcta de sentir los colores del club, que, en efecto, ese sea el verdadero ADN de la afición del Real Madrid: agarrarse un cabreo inmenso cuando el equipo palma en Vallecas, cuando empata en Getafe o cuando gana en Atenas. No lo niego, pero el caso es que a mí no me sale esa rabia furibunda del Madridista 42 cuando al Real Madrid no le salen las cosas como me gustaría.

Demándenme. Soy un mal madridista porque no me enfado lo suficiente, y encima creo que el equipo de Xabi Alonso jugará muy bien en el futuro y nos dará muchas alegrías. Qué le vamos a hacer. Citando de nuevo la “Guía del Autoestopista Galáctico” de Douglas Adams: “prefiero ser feliz antes que tener razón.”

Pues para eso me hice del Madrid al fin y al cabo. Para ser feliz.

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