Anfield Index
·2 de septiembre de 2026
El mercado irregular del Liverpool deja gran incertidumbre

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Liverpool cerró el mercado de fichajes con el ya habitual debate girando en torno a la plantilla. Los aficionados querían que se hiciera más, y con razón. Las actuaciones del inicio de temporada han planteado dudas legítimas sobre la profundidad en el lateral derecho y la composición del centro del campo, especialmente después de que no llegara un especialista para el puesto de ‘6’ y de la salida de Curtis Jones. Esas preocupaciones no han desaparecido, y Andoni Iraola carga ahora con la responsabilidad de encontrar soluciones internas en los entrenamientos y en los partidos.
Sin embargo, en medio de esa frustración, una decisión tomada al final del mercado parece acertada. Según The Athletic, Liverpool optó por no vender a Cody Gakpo al Manchester City después de considerar seriamente una operación de alrededor de 80 millones de libras. Cuando se asiente el polvo, esa decisión puede acabar siendo una de las maniobras más inteligentes del club en todo el verano.
No era una situación sencilla. Liverpool ya había comprometido una gran suma por Bradley Barcola, cerrando un traspaso de 123 millones de libras desde el Paris Saint-Germain, y existía una sensación clara de que la remodelación de la delantera aún podía ir más allá. Gakpo tenía interés de más de un club, con el Tottenham Hotspur también en escena, pero el City era el destino preferido. Por su parte, Liverpool exploró alternativas y valoró si una venta podía compensarse con una nueva incorporación por banda.
Ahí fue donde la lógica del mercado se encontró con la realidad futbolística de la plantilla. Hubo conversaciones en torno a Yankuba Minteh después de que Brighton & Hove Albion rechazara ofertas previas de 50 y 60 millones de libras. Ismaila Sarr fue otro de los jugadores considerados. Ambos son nombres creíbles, ambos aportan velocidad y ambos podrían haber alterado el equilibrio ofensivo dentro de las opciones de Iraola. Aun así, reemplazar a Gakpo por cualquiera de los dos habría parecido más un movimiento por mover que una mejora real.

La propuesta tenía un atractivo financiero evidente. Liverpool fichó a Gakpo desde el PSV por 44 millones de libras en enero de 2023, así que una venta por 80 millones habría supuesto una ganancia considerable sobre el papel. Para los departamentos de captación y los directivos, esos márgenes importan. Moldean la flexibilidad futura y pueden hacer que decisiones difíciles parezcan muy atractivas.
Pero los clubes de élite no pueden evaluar cada salida únicamente desde la óptica del valor de reventa. Liverpool está en un periodo de transición con Iraola, y aunque la plantilla ha evolucionado en ataque con las llegadas de Barcola y Victor Munoz, la continuidad también importa. Gakpo ofrece eso. Está asentado, es versátil y, sobre todo, ya entiende el nivel que se exige en un club llamado a competir en múltiples torneos.
Su forma reciente refuerza el argumento. Fue muy influyente en la campaña 2024-25 que acabó con el título de la Premier League, marcando 18 goles en todas las competiciones, y aunque su rendimiento bajó la temporada pasada junto al de otros integrantes de la plantilla, su arranque de esta campaña ha sido alentador. Marcó ante el Newcastle United en el empate 2-2 y dio la asistencia a Alexander Isak contra el Nottingham Forest. Son aportaciones tangibles en un equipo que todavía busca ritmo.
También hay un punto práctico importante. La profundidad ofensiva de Liverpool parece más sólida con Gakpo quedándose. Isak es fundamental en las aspiraciones goleadoras del equipo, mientras que Hugo Ekitike sigue de baja por una lesión en el tendón de Aquiles hasta aproximadamente mitad de temporada. Barcola, por toda su calidad, quizá necesite tiempo para afinarse tras no jugar desde el Mundial. En ese contexto, desprenderse de un delantero contrastado habría introducido un riesgo evitable.

foto IMAGO
Siempre existe cierta sensibilidad cuando se habla de negocios directos entre grandes rivales, especialmente entre dos clubes que han competido muy de cerca durante gran parte de la última década. Liverpool y Manchester City no suelen intercambiar jugadores, y es fácil entender por qué una operación de este perfil habría generado inquietud. Más allá de la reacción de los aficionados, hay una preocupación estratégica más amplia. Si intentas recortar distancias en la cima, reforzar voluntariamente a un competidor directo exige una ventaja muy clara.
Cuesta identificar esa ventaja en este caso. Puede que Gakpo no sea el encaje estilístico perfecto para todas las configuraciones ofensivas, pero sigue siendo una opción de alto nivel capaz de jugar en toda la línea de ataque. Si Liverpool lo hubiera vendido y hubiera terminado con un Minteh lesionado o un Sarr caro, el resultado podría haber parecido muy malo muy rápido.
Minteh, con 22 años, tiene talento y margen de crecimiento, pero se espera que una operación en su pierna derecha lo mantenga fuera unos dos meses. Sarr firmó buenos números con el Crystal Palace la temporada pasada, pero pagar más de 60 millones de libras por un jugador que cumple 29 años en febrero habría despertado dudas. En ambos casos, Liverpool habría asumido o una baja a corto plazo o un valor a largo plazo discutible, mientras se desprendía de un jugador en el que ya se confía dentro del club.
Por eso esto pasó a ser menos una cuestión sentimental y más una cuestión de arquitectura de plantilla. Liverpool tiene suficiente calidad ofensiva para rotar y adaptarse durante un calendario cargado. No tiene la misma abundancia de certezas en otras zonas. En ese contexto, conservar a un atacante fiable parece prudente.
Las primeras semanas de Iraola ya han dejado algo claro. Valora la intensidad, la flexibilidad y a los jugadores dispuestos a rendir en distintos roles. Gakpo encaja en ese perfil. Empezó por la derecha contra el Forest, tiene experiencia por la izquierda y puede actuar por dentro si hace falta. La mezcla de extremos de Liverpool le da al entrenador opciones para variar su delantera de un partido a otro, algo que cobra aún más importancia con cinco encuentros por delante en 16 días.
Esa versatilidad es especialmente relevante porque el mercado de Liverpool se construyó alrededor de añadir velocidad y dinamismo por fuera. Barcola y Munoz fueron incorporados con esas exigencias en mente. El club también se movió para reforzar otras áreas, con Jeremy Jacquet visto como sustituto de Ibrahima Konate y Ronald Araujo llegando cedido para ayudar a aliviar las preocupaciones por las lesiones en defensa. Esos fichajes tienen lógica. Aportan cualidades específicas de perfil y cubren al menos parte del desgaste que acompaña a una temporada larga.
Lo que Liverpool no hizo fue completar la última capa en el centro del campo o en el lateral. La ausencia de Conor Bradley ya ha puesto presión sobre Jeremie Frimpong, cuyo inicio no ha sido convincente, y el debate constante sobre el equilibrio en la medular solo se intensificará si los resultados siguen siendo irregulares. Ese contexto hace aún más comprensible que Liverpool decidiera finalmente no crear otro problema en ataque.
A menudo existe la tentación, al final del mercado, de tratar cada salida como una oportunidad, especialmente cuando llega una gran oferta. Los clubes sensatos saben cuándo resistir. Liverpool parece haberlo hecho aquí. Evaluó las alternativas, reconoció los compromisos que implicaban y se apartó.
Otro punto que merece destacarse es cómo Gakpo ha manejado la incertidumbre. Situaciones así pueden volverse incómodas con facilidad, especialmente cuando un jugador tiene interés de otros clubes y una salida alcanza una fase avanzada de conversación. Sin embargo, él siguió implicado, entrenó con normalidad y continuó aportando en los días de partido. Ese profesionalismo debería contar para algo dentro del vestuario y entre los aficionados.
También ayuda a explicar por qué Iraola siguió confiando en él desde el inicio pese al ruido alrededor. Los entrenadores suelen leer el lenguaje corporal muy rápido, y las alineaciones normalmente reflejan lo que ven a diario. Si Gakpo se hubiera desconectado, probablemente se habría notado. En cambio, Liverpool ha retenido a un jugador que parece preparado para pelear por su puesto y ayudar al equipo de inmediato.
El capitán Virgil van Dijk dejó clara su postura tras el empate ante el Forest cuando dijo: “Quiero que Cody se quede no solo porque es un jugador de calidad, sino también porque es amigo mío. Es muy importante para nosotros. Creo que debemos mantener a los jugadores de calidad”. Ese sentimiento, aunque personal, también encajaba con la lógica futbolística.
Liverpool todavía puede pagar un precio más adelante en la temporada por no haber hecho más en el lateral derecho y en el centro del campo. Esa preocupación sigue siendo válida y puede influir en cómo se juzgue este mercado en los próximos meses. Pero los mercados deben analizarse operación por operación, además de en su conjunto. En este asunto concreto, el club parece haber llegado a la conclusión correcta.
Ya hay suficiente incertidumbre en otras zonas de la plantilla como para renunciar voluntariamente a calidad contrastada en ataque. Que Gakpo se quede no soluciona todos los problemas, ni borra el debate más amplio sobre las prioridades de fichajes. Lo que sí hace es preservar profundidad, mantener flexibilidad y evitar entregarle al Manchester City un delantero de nivel que podría haber marcado diferencias en la lucha por el título.
A veces, el movimiento más inteligente en un mercado de fichajes es el que un club decide no hacer. Para Liverpool, retener a Cody Gakpo puede encajar de lleno en esa categoría.
Fuente: Athletic
Este artículo fue traducido al español por inteligencia artificial. Puedes leer la versión original en 🏴 en este enlace.







































