La Colina de Nervión
·29 de septiembre de 2025
El método Almeyda

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·29 de septiembre de 2025

Esto es lo que tiene la ciencia: a veces coincide con tu deseo y otras no. Ante el Villarreal, ciencia y deseo chocaban; ante el Rayo, se besan amorosamente. Porque la ciencia va de la vida, eso que el filósofo italiano Maurizio Ferraris llama las “realidades impertinentes”. La probabilidad cuántica nos dijo que ganábamos ante el Alavés, perdíamos ante el Villarreal y ganábamos ante el Rayo. De momento, tres de tres en estos partidos para el Sevilla Fútbol Club. Yo no soy de esos que juegan a adivinar y que, con tal de acertar la predicción del día de su muerte, serían capaces de suicidarse antes.
La victoria ante el Rayo se cocía en la derrota frente al Villarreal. Al final, Matías Almeyda habla sobre la vida, como ya dijo Marcão al término del partido. Miren cómo, en cada encuentro, las ruedas de prensa del entrenador argentino del Sevilla Fútbol Club son más largas, pero no porque él las prolongue con monólogos aburridos, sino porque la prensa —que también tiene su parte de saber— ha encontrado en este hombre un pequeño oráculo sincero e inteligente.
A Matías Almeyda se le reprochan tres errores por la derrota ante el Villarreal: uno, la alineación inicial con ocho cambios respecto al partido del Sevilla Fútbol Club contra el Alavés; dos, los cambios en el minuto 55; y tres, no haber previsto la posible lesión o expulsión de algún jugador, quedándose así sin capacidad de respuesta desde el banquillo.
La diferencia entre errores conceptuales y de ejecución es muy simple. Pongamos un ejemplo: alguien enferma de COVID porque no se vacunó este año. Puede deberse a una objeción global contra las vacunas o, simplemente, a un olvido. El resultado es el mismo —contraer la enfermedad—, pero el olvido es un error de ejecución, mientras que la objeción global contra las vacunas es un error conceptual. Entre uno y otro hay una diferencia muy notable: el error conceptual tiende a repetirse en el tiempo, mientras que el de ejecución, con un simple ajuste técnico o mental, es fácilmente subsanable.
Pues bien, trataré de demostrar que, de los tres supuestos errores adjudicables al míster del Sevilla Fútbol Club, dos serían conceptuales y, en realidad, no lo son, sino apuestas estratégicas del método Almeyda. El tercero, en cambio, sí sería un error, y además de ejecución. Es más, intentaré mostrar que los conceptuales no deben verse como fallos, sino como decisiones tácticas coherentes con su propuesta de juego, mientras que el de ejecución fue el que, finalmente, nos hizo perder el partido.
Llegamos al minuto 45 perdiendo por un solo gol y con un periodo de dominio y oportunidades claras desde el minuto 30 al 45. Empatamos con la misma alineación que saltó al campo. Luego, el partido no se perdió por el once inicial. El segundo error tampoco es aceptable: los cambios. Hasta ese momento el Sevilla Fútbol Club no sufría y cualquiera que observara el encuentro habría apostado por que el triunfo se quedaría en Nervión. Los cambios no mejoraron al equipo, pero tampoco lo hundieron: ya estaba muy fuerte en los primeros minutos de la segunda mitad. Fue la lesión de Nianzou la que interrumpió bruscamente la progresión del equipo. Ahí llegó el segundo tanto del Villarreal y, aun así, Mendy estuvo a punto de empatar en los minutos finales.
Una vez demostrado que el partido no se perdió ni por la alineación ni por los cambios, queda claro que la derrota se debió a un error de ejecución de Matías Almeyda, motivado por su ambición de ir a por la victoria, una ambición que, en este caso, lo cegó. Demostrado cómo los supuestos errores uno y dos no fueron la causa de la derrota, resta explicar cuál fue, a mi juicio, la apuesta estratégica del método Almeyda que justifica tanto la alineación como los cambios.
El método Almeyda consiste en hacer rotaciones no solo para evitar lesiones o refrescar a los jugadores, sino también para mantener enchufada a toda la plantilla. Ha conseguido que Marcão parezca de nuevo un futbolista en activo y ha logrado que Januzaj empiece a mostrar al gran jugador que lleva dentro. Eso solo puede conseguirse haciendo que el equipo sea verdaderamente un equipo y que las sinergias superen a la suma de individualidades. Con una plantilla tan corta, en número y en virtudes, no hay otra estrategia posible. Además, creo que Matías Almeyda lo hace no solo por necesidad, sino por convicción: así lo ha demostrado siempre a lo largo de su carrera. Repetir las prácticas en el terreno de juego es la única forma de consolidar la hechura de un equipo.
Al final del partido creí que se iba a romper un poco la predicción de la IA, pero en eso llegó el gigante Adams y mandó a callar. Al igual que Triana es un arrabal de Sevilla, Vallekas es un arrabal de Triana. Durante muchos años, el centro social alternativo del barrio vallecano tomó el nombre de uno de los discos más grandes del rock andaluz: Hijos del agobio, del grupo Triana, que lideraba un vocalista nacido en la calle Feria, Jesús de la Rosa. Pues en Vallekas, patria de los hermanos bucaneros, el Sevilla Fútbol Club ganó con un portero que las para todas y un equipo que va a muerte en cada disputa. Luego tendremos que vernos las caras con el Barça, y aquí de nuevo se moverán los números, porque la probabilidad no es una foto fija.
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