Major League Soccer
·7 de julio de 2026
El Mundial 2026 le dejó a EE.UU. algo más que ilusión, una herida

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·7 de julio de 2026

Estados Unidos quedó eliminada del Mundial 2026, y por primera vez en mucho tiempo, la sensación no fue solo deportiva. Fue más profunda. Fue incómoda. Fue de vacío. De quedarse mirando la pantalla un rato más, esperando que alguien explicara cómo algo que había llenado de ilusión a un país, podía terminar tan rápido, una vez más en octavos de final. Dolió. Y si dolió, es porque ya empezó a importar mucho más.
La selección de Estados Unidos perdió contra Bélgica y dejó a millones de personas con la sensación de haber creído. La de haber imaginado algo más. La de haber visto a Christian Pulisic, Folarin Balogun, Malik Tillman, Weston McKennie, Matt Freese, Gio Reyna, Sebastian Berhalter o Chris Richards cargar con una ilusión que ya no era solo de un grupo de jugadores o del DT, Mauricio Pochettino, sino de un país que se empezó a mirar en ellos.
No fue una ilusión chiquita para nadie. La victoria ante Bosnia y Herzegovina, en la ronda de 32, fue vista por más de 24 millones de personas en inglés y superó los 33 millones en total entre FOX y Telemundo. Eso habla de un país que prestó atención.
Por eso duele más.
Partidos que se escapan, momentums que se pierden, goleadas que no esperas. Vaya que la historia de fútbol tiene anécdotas para tirar para arriba.
Brasil lo sabe desde el Maracanazo en la Copa del Mundo de 1950. Y lo volvió a sentir, incluso, con su reciente eliminación en 2026.
Argentina también lo vivió con todas esas finales perdidas en las úiltimas décadas, antes de volver a tocar el cielo y ser campeona del mundo.
Hasta Alemania ha sufrido muchísimo. La tetracampeona también perdió más finales que ninguna otra selección en la historia.
Ser fanático no es fácil, I'll tell you that. Pero nadie se vuelve fanático de verdad sin aprender primero a perder.
Y se que los dolores más grandes llegan cuando pierdes luego de haber comenzado a creer, eso debe sentir el estadounidense ahora mismo. Es frustrante.
Aunque, si hubo esperanza para las selecciones con más historia en los Mundiales, con más trayectoria en el fútbol, créeme, aún hay camino por delante.
Perder también sirve. Duele, claro. Nadie quiere quedar fuera de un Mundial en casa. Pero esa es una parte inevitable del fútbol: probar, equivocarse, corregir y volver.
Estados Unidos está aprendiendo eso. Este Mundial hizo que mucha gente creyera de verdad en la USMNT. Y cuando crees de verdad, perder pega distinto. Ya no es solo un resultado. Es bronca, preguntas, conversación, análisis y ganas de que la próxima vez sea diferente.
Así crecieron todos. Ninguna selección grande llegó a ser grande sin golpes. Alemania perdió finales. Brasil tuvo sequías largas. Argentina pasó años cargando frustraciones. Uruguay todavía vive entre su historia enorme y la necesidad de volver a competir por lo más alto.
Ese camino también incluye a Estados Unidos, un país en el que el soccer sigue siendo joven. Y ahora toca mirar qué faltó, qué se puede mejorar y cómo se sigue. Todo eso en el medio del dolor, así funciona.
La respuesta no está a cuatro años de distancia.
Está mucho más cerca.
El Mundial le dio a millones de personas una razón para mirar fútbol, les ilusionó, les empezó a interesar.
La pregunta ahora no es solo cómo se recupera Estados Unidos de este golpe. La pregunta es cómo aprovecha todo lo que este Mundial despertó, ahí la MLS juega un papel fundamental.
Al final, la ilusión necesita una estructura de la que anclarse para seguir su curso y su desarrollo.
La eliminación duele, pero el camino no empieza de cero. Estados Unidos no tiene que inventar una cultura futbolera desde la nada. Tiene que seguir alimentando la que ya mostró en esta Copa del Mundo.
Antes de la derrota, el mismo Poch lo decía, que ya el legado y la relación emocional con el fanático existe gracias a sus jugadores: "Antes de la Copa del Mundo, la gente jugaba solo football y baseball en las calles, y después de la victoria ante Australia, los niños juegan soccer", y esa es la base del legado que sus jugadores dejan.
Se vieron estadios llenos, jerseys blancas con rayas rojas en las calles... el país entero miró, se ilusionó, creyó y sufrió.
Ahora, esa emoción necesita continuidad. Y ahí MLS tiene un papel fundamental.
MLS tiene la estructura que el fútbol estadounidense necesita para seguir el proceso y la base para seguir creciendo esa cultura.
La ilusión no se sostiene solo con una Copa del Mundo. Se sostiene con clubes, academias, minutos, entrenadores, competencia real y jóvenes que tengan dónde crecer cuando se apagan las luces del torneo más grande del mundo.
Detrás de la liga no está solo el espectáculo del fin de semana. Hay academias, equipos de MLS NEXT Pro, segundos equipos y un camino cada vez más claro entre el talento joven y la primera división.
Caso más puntuales de Cavan Sullivan, una promesa del fútbol de EE.UU. canterano de Philadelphia Union, o Julian Hall y Adri Mehmeti, juveniles de Red Bull New York. Quizás sea esa misma generación la que, más adelante, pueda volver a intentar algo así.
El camino es largo, claro, pero hay con qué.
El Mundial encendió algo. MLS tiene que ayudar a que no se apague. Aunque duela, y aunque no deje de doler por un buen tiempo.
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