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Balonazos

·1 de abril de 2026

El «Patrón Vizca» tomó el timón con cautela

Imagen del artículo:El «Patrón Vizca» tomó el timón con cautela
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El fútbol venezolano vive en una eterna montaña rusa emocional, pasamos en un “tris” del «Mano, tengo fe» al pesimismo absoluto más rápido en lo que tarda en pitarse un fuera de juego. Tras la reciente gloria alcanzada en el Clásico Mundial de Béisbol, esa sombra comparativa que siempre acecha al balompié nacional volvió a aparecer: «En fútbol no ganamos nada», sentenciaron algunos con sorna.

Sin embargo, el debut de Oswaldo Vizcarrondo en la FIFA Series europea nos invita a mirar el tablero con otro prisma, lejos de la toxicidad de algunos micrófonos y las redes, claro está, y más cerca de la pizarra. Vencer 4-1 a Trinidad y Tobago y sostener un empate sin goles ante una selección tan física como Uzbekistán, clasificada al Mundial, además (aunque la lotería de los penales no favoreció) es, por donde se mire, un arranque esperanzador. Pero más allá del marcador, lo que «Vizca» puso sobre el césped fue la sincronía. Vimos un bloque que no se partió, una defensa que tuvo tropiezos, pero supo cuándo achicar y un ataque que no dependió del pelotazo al azar.


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Entre traumas dirigenciales y el desfile de técnicos

Para entender dónde estamos, hay que recordar de dónde venimos, el fútbol venezolano de los últimos años ha transitado un camino de espinas: desde un presidente que se vio involucrado en el FIFA Gate, hasta una inestabilidad administrativa que parecía no tener fin. Esa crisis se trasladó al banquillo, donde vimos un desfile de nombres extranjeros con distintas filosofías: el orden europeo de Peseiro, la jerarquía de Pekerman (aunque su entorno produjo una especie de Venezuela Gate) y la opacidad de Batista.

Vizcarrondo no llega solo a dirigir once jugadores; llega, también, a sanar un proceso fracturado. Su misión es clara pero titánica: el Mundial 2030. A diferencia de sus predecesores, Oswaldo conoce el terreno y la gloria de vestir la camiseta Vinotinto. Esa identidad no se compra en un curso de la UEFA, por más linajudo que sea esto; eso, mis “panas”, se lleva en el ADN. El «Patrón Vizca» sabe que el fanático venezolano está herido y que la única medicina es la coherencia deportiva. Es algo que, en estos primeros 180 minutos, se empezó a mostrar por gotas, eso sí.

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El equilibrio táctico frente al ruido de las redes

Lo más destacable de este nuevo ciclo es la solidaridad entre las líneas, en un equipo que no lució descompensado. Por más caras nuevas que vimos en los dos partidos; en fin, hubo una armonía entre el repliegue y la transición ofensiva que hace tiempo no se sentía de forma tan natural. Vizcarrondo parece buscar en estos momentos esa sobriedad que él mismo tenía como central: contundencia sin adornos innecesarios.

Criticar a priori, como se ha visto en los variados escenarios de la crítica especializada o la afición misma. Es, digamos, un deporte nacional del venezolano, tan practicado como el fútbol mismo. Muchos caen en el extremismo de restarle méritos porque «solo fue Trinidad». Olvidan que, en el pasado, estos mismos partidos se nos complicaban por falta de orden. Vizca tiene virtudes y errores, por supuesto, como cualquier DT que está armando un rompecabezas. Quizás en la lectura de algunos cambios o en la profundidad del banquillo. Son detalles que son pulibles bajo la luz de un proyecto a largo plazo.

Un proyecto con nombre propio hacia 2030

No se trata de alabar por alabar ni de vender espejitos de colores. algo muy dado en el pasado en estos predios del mundo. Se trata de reconocer que, por primera vez en mucho tiempo. El director de la orquesta habla nuestro mismo idioma. Entiende que el éxito de deportes como el béisbol no es un enemigo, sino un espejo de que el atleta venezolano puede asumir nuevos retos. La meta es 2030 y el camino es largo.

Vizcarrondo mostró temple; ahora necesita el blindaje de la dirigencia y la paciencia de una hinchada que debe entender que el fútbol, a diferencia de otros deportes, es un juego de procesos lentos. Si logramos mantener esa sincronía ataque-defensa y blindamos el camerino del ruido exterior, el «Patrón» podría ser quien finalmente nos lleve a la tierra prometida. Menos teclado, más apoyo y, sobre todo, mucho análisis sesudo.

El ciclo del Patrón Vizca apenas comienza. !Veremos!

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