Diario La Escuadra
·22 de agosto de 2026
El Real Betis ganó donde quiso jugar: correr, presionar y golpear antes que dominar

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·22 de agosto de 2026

El 1-0 del conjunto de Pellegrini ante los Txuri-Urdinak se explica mucho mejor desde el juego que desde el marcador. Los verdiblancos no dominaron durante los 90 minutos, pero consiguieron llevar el encuentro durante más tiempo hacia el escenario que más les convenía: presionar, recuperar y atacar antes de que el rival pudiera organizarse.
Los números reflejan esa diferencia. El Real Betis terminó con 18 remates y siete tiros a puerta, frente a los diez intentos y tres disparos entre palos de la Real Sociedad. Sin embargo, los donostiarras tuvieron un xG superior y dispusieron de oportunidades muy claras para empatar, especialmente a través de Óskarsson y Sučić.
La diferencia estuvo en cómo aprovechó cada equipo sus mejores momentos. Antony agitó el partido, Isco aportó pausa, Cucho Hernández encontró el pase decisivo y Riquelme convirtió la ocasión que rompió el encuentro. Cuando la Real Sociedad reaccionó, Álvaro Valles apareció para conservar una ventaja que el Real Betis no había sabido dormir con el balón.
Pellegrini planteó un partido de ritmo alto. El Real Betis buscó recuperar arriba y acelerar inmediatamente, aprovechando la profundidad de Antony y Riquelme y la incorporación de los laterales. Fue así como generó buena parte de sus llegadas y obligó al conjunto de Matarazzo a defender hacia atrás.
El problema apareció cuando tuvo que atacar ante un bloque organizado. Con Bernal y Marc Roca sosteniendo el centro del campo y Fornals tratando de conectar líneas, al equipo le faltó creatividad y, sobre todo, precisión en los metros finales. La intensidad permitía llegar al área, pero demasiadas acciones terminaban precipitadamente.
La entrada de Isco en el minuto 57 modificó el ataque verdiblanco. Sin monopolizar el juego, el malagueño ofreció una referencia entre líneas y obligó al centro del campo de la Real Sociedad a preocuparse también de lo que ocurría a su espalda.
Seis minutos después llegó el 1-0. Antony aceleró la jugada, Cucho detectó el movimiento de Riquelme y el extremo atacó el espacio a la espalda de Aramburu para superar a Remiro con una gran definición de zurda. No fue una acción aislada, sino la mejor ejecución del tipo de ataque que el Real Betis había perseguido durante todo el encuentro.
El planteamiento de la Real Sociedad consiguió contener durante muchos minutos al Real Betis, pero también redujo su propia amenaza ofensiva. Óskarsson quedó demasiado aislado, Kubo tuvo poca continuidad y Sučić apenas encontró espacios mientras el marcador permaneció igualado.
La entrada de Oyarzabal cambió el escenario. La Real Sociedad comenzó a encontrar espacios entre el centro del campo y la defensa bética, Sučić se encontró con el poste y Óskarsson tuvo una ocasión clarísima ante Valles. El conjunto de Pellegrini había dejado de presionar con la misma eficacia y tampoco conseguía conservar el balón para enfriar el partido.
Ahí apareció Álvaro Valles. Su intervención ante Óskarsson tuvo prácticamente tanto valor como el gol de Riquelme: cuando la estructura defensiva dejó de ser suficiente, el guardameta evitó el empate.
El Real Betis terminó sufriendo porque no supo transformar el 1-0 en una fase de control. La victoria deja así una conclusión clara sobre este inicio de temporada: el equipo de Pellegrini es mucho más peligroso acelerando el fútbol que gobernándolo.
Ante la Real Sociedad le bastó porque provocó más situaciones favorables, encontró calidad en el momento decisivo y tuvo a Valles cuando el rival amenazó con igualar. Una fórmula efectiva para ganar, aunque todavía con margen de mejora cuando el partido exige pausa y control.







































