Da igual la pelota
·6 de febrero de 2026
El Real Betis perdió la eliminatoria desde el segundo cero

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·6 de febrero de 2026

No fue solo una derrota. Fue la sensación amarga de haber tirado una eliminatoria en casa, con casi 70.000 béticos empujando desde la grada a su betis, sin dar la talla ni futbolística ni emocionalmente. Y lo más duro de asumir es que el partido, para muchos, se perdió desde el segundo cero.
Porque cuando el balón empezó a rodar, el Real Betis ya estaba en desventaja. No en el marcador, pero sí en el planteamiento. Manuel Pellegrini se equivocó en el once inicial y en la idea de partido. En una cita de este calibre, el equipo debía salir a morder, a imponer ritmo, a contagiar a la grada desde el primer minuto. Y ocurrió todo lo contrario: un Betis plano, previsible, sin colmillo arriba y sin la tensión competitiva que exige una noche de este nivel.
No se trata de señalar por señalar, pero es inevitable mirar al banquillo. El once inicial no terminó de encajar ni en la previa ni, mucho menos, sobre el césped. Faltó coherencia con lo que pedía el partido. El rival tenía claras sus virtudes y sus defectos, y aun así el Betis no supo dónde hacerle daño ni cómo protegerse de sus amenazas. El planteamiento fue conservador cuando el contexto pedía valentía, intensidad y ritmo alto.
El problema no fue solo táctico, sino también de lectura del momento emocional del encuentro. En una eliminatoria en casa, el primer cuarto de hora es clave: ahí se marcan las intenciones, se aprieta al rival, se mete a la grada en el partido. El Betis no supo aprovechar ese impulso inicial y permitió que el rival se sintiera cómodo desde demasiado pronto.
Pero sería injusto cargarlo todo en el entrenador. La actitud del equipo fue, sencillamente, pésima para lo que se estaba jugando. Se puede perder, claro que sí. El fútbol es así. Pero lo que cuesta aceptar es no competir. No puedes dejarte ganar de esa manera delante de tu gente, en una noche que debía ser especial. Faltó alma, faltó agresividad en los duelos, faltó esa sensación de “no pasa nadie”. Cuando un equipo no compite, da igual el plan: el resultado casi siempre es el mismo.
Es cierto que el Betis llega a este tramo de la temporada con problemas evidentes. Lesiones importantes, un mercado de fichajes incompleto y una plantilla que, en determinadas posiciones, se queda corta para aspirar a competir de verdad en varias competiciones. Todo eso es real y hay que tenerlo en cuenta. No se le puede pedir lo mismo a un equipo que va con todas las piezas que a otro que juega con medio puzzle por completar.
Pero también es verdad que no puedes aspirar a competir sin un delantero centro de referencia. Esa carencia se nota partido tras partido. Falta presencia en el área, falta una amenaza constante para fijar centrales, falta ese recurso al que agarrarte cuando el partido se atasca. Puedes maquillar el problema con soluciones improvisadas, pero en noches como la de ayer, la realidad te acaba explotando en la cara.
La eliminación duele por el contexto, por la forma y por la sensación de oportunidad perdida. No era una noche imposible. No era un rival inabordable. Era, simplemente, una eliminatoria para competirla de verdad. Y el Betis no lo hizo.
Ahora queda reflexionar. Pellegrini, el club y la plantilla tienen que sacar conclusiones. Porque no es solo un partido. Es el mensaje que se manda a la afición: el de un equipo que, en el momento clave, no estuvo a la altura de su gente. Y eso, en un estadio con casi 70.000 personas empujando, pesa más que cualquier derrota en el marcador.
Autor: Raúl León
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