Un 10 Puro
·7 de junio de 2026
El rey de Europa elige al Presidente de las 7 Copas de Europa

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·7 de junio de 2026

Hace menos de un mes, Florentino Pérez sorprendía al madridismo con una decisión inesperada: convocar elecciones a la presidencia del Real Madrid. Aquella rueda de prensa, cargada de titulares y de polémica, abrió un escenario que muchos no imaginaban. Por primera vez en mucho tiempo, el club blanco se preparaba para unas elecciones reales, con preguntas en el aire y con el socio llamado a pronunciarse.
¿Seguía siendo Florentino el candidato adecuado? ¿Podían sus 79 años pesar en el ánimo del madridismo? ¿Le pasaría factura aquella comparecencia? ¿Existía de verdad una alternativa capaz de mover los cimientos de un presidente que ha marcado una época?
Las urnas ya han respondido.
Desde el primer momento, la campaña quedó dibujada con claridad. De un lado, Florentino Pérez, el presidente de las siete Copas de Europa, el hombre que devolvió al Real Madrid a la cima del fútbol mundial y que presentó un mensaje de continuidad: seguir haciendo grande al club, seguir mirando al futuro y seguir alimentando esa frase que deja clara su himno: "historia que tú hiciste, historia por hacer”.
Al otro lado, Enrique Riquelme, un nombre prácticamente desconocido para buena parte de los socios y para el gran público, pero que supo leer una parte del ambiente. Su candidatura consiguió atraer al madridista descontento, al socio crítico, al que quería escuchar otra voz y al que entendía que, después de tantos años, era sano que el club tuviera debate.
Durante dos semanas, la precampaña pareció dividirse entre el voto florentinista y el voto antiflorentinista. Algo lógico cuando un presidente acumula más de dos décadas al frente de una institución tan grande, tan exigente y tan emocional como el Real Madrid. Pero el resultado ha demostrado que el madridismo, cuando ha tenido que decidir, ha vuelto a mirar a Florentino Pérez como el hombre capaz de custodiar el trono europeo.
Riquelme hizo una campaña intensa, valiente y con nombres de mucho peso sentimental para el madridismo. Su intento de rodearse de figuras históricas como Raúl, Fernando Hierro o Iker Casillas buscaba tocar una fibra muy concreta: la de la memoria, la de los ídolos, la de quienes hicieron llorar, celebrar y sentirse orgullosos a varias generaciones de madridistas.
Pero no fue suficiente.
Durante días, estas elecciones se comentaron en bares, calles, restaurantes, oficinas y tertulias de toda España. Porque el Real Madrid nunca es solo un club de fútbol. El Real Madrid es conversación nacional, es familia, es discusión, es orgullo, es herencia.
Pero estas no eran unas elecciones generales. No votaba todo el mundo. Votaban los socios. Votaban los madridistas.
Y ser madridista no se explica solo con títulos, balances, estadios o proyectos económicos. Ser madridista es otra cosa. Es acordarse del gol de Sergio Ramos en Lisboa y notar todavía un nudo en la garganta. Es cerrar los ojos y volver a ver a Rodrygo marcando dos goles imposibles al Manchester City cuando todo parecía perdido. Es tener más de 35 años y emocionarse todavía con aquella volea de Mijatovic que cambió la historia. Es entrar una noche de Champions en el Santiago Bernabéu y sentir que algo distinto recorre el cuerpo.
Ser madridista es ir al estadio con tu padre, con tu abuelo, con tu hijo o con esa persona que te enseñó que el Real Madrid no se mira: se siente. Es saber que en este club nunca se rinde nadie. Que cuando todo parece acabado, empieza el Madrid. Que hay camisetas que pesan más que otras porque llevan cosida una historia que no se compra, se hereda.
Eso es lo que estaba en juego. No solo una presidencia. También una forma de entender el Real Madrid.
El Real Madrid es el rey de Europa. Nadie lo discute. Pero ningún rey sostiene su corona sin un escudero fiel. Y para la mayoría del madridismo, ese escudero sigue siendo Florentino Pérez.
Han ganado las siete Copas de Europa levantadas durante su mandato. Ha ganado el recuerdo de los galácticos. Ha ganado la transformación del Bernabéu. Ha ganado la idea de que el Real Madrid debe seguir siendo el club más grande del mundo no por nostalgia, sino por ambición.
Porque el Real Madrid es pasión, sentimiento y corazón. Es poner el orgullo por delante cuando más falta hace. Es entender que jugadores como Carvajal, Nacho, Modric o Kroos puedan retirarse con más Champions que Ligas porque este club vive para las noches que hacen historia. Para esos momentos en los que el resto duda y el Madrid cree.
Florentino Pérez no solo ha ganado unas elecciones. Ha vuelto a recibir el respaldo de un socio que, entre el cambio y la continuidad, ha elegido seguir caminando con el presidente que convirtió al Real Madrid moderno en una máquina de conquistar Europa.
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