MuyDeFútbol
·13 de junio de 2026
El último baile

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Una de las dos preguntas más manidas en la historia de la humanidad es cuál es el propósito de la vida; la otra es qué hay después de la muerte pero, por la cuenta que nos trae, mejor centrarnos en la primera. Aristóteles sostenía que el fin último del ser humano es la felicidad. Es una meta ambigua, porque ¿quién determina su significado? La clave de esta precisamente es que no sigue unos cánones de universalidad, y cada individuo la alcanza con su propia concepción de esta. Cuando se habla de fútbol en la infancia y el mayor sueño correspondiente a la materia, todo prematuro soñador se imagina levantando la Copa del Mundo como acceso a la plena felicidad deportiva.
El anhelo de Cristiano Ronaldo es brindar el primer título mundial a su país. Sería el culmen perfecto. El punto y final a una carrera sin mácula. Las consecuencias para el luso de alzar la diosa Victoria al cielo de Estados Unidos trascienden el éxito deportivo y adquiere tintes narrativos que le incluyen en la lista de los Pelé, Messi y Maradona en la historia de los mundiales. Pero quizás la realidad más cruda y dolorosa sea la aparente imposibilidad de guiar a su país como líder deportivo, y que deba ejercer de líder espiritual.
Cristiano Ronaldo y la selección portuguesa, en el partido ante Chile. Fuente: Cristiano Ronaldo. Vía: X
La historia de Cristiano Ronaldo es idílica. Un inicio marcado por la superación personal en los barrios de Madeira hasta el glamour de Old Trafford. Los capítulos troncales en el Real Madrid, alcanzando su zénit futbolístico con tres Champions seguidas y la Eurocopa de 2016. Sin embargo, el desenlace dista de estar a la altura de su trayectoria. Llegó a Manchester como un niño, se fue como el mejor del mundo y volvió como un hombre, pero se fue por la puerta de atrás. Además, quedará para la posteridad su llanto desconsolado tras la eliminación en el Mundial de 2022, donde tampoco pudo ser relevante. Entonces parecía el final de la historia de Cristiano y los Mundiales, dejando un sabor amargo. De vinagre en las heridas. El Mundial de 2026 es la última oportunidad para el luso de redimirse y escribir el mejor final posible a un capítulo trágico en su carrera. Su último baile para conquistar un amor imposible para él: la Copa del Mundo.
Cristiano Ronaldo celebrando su gol ante Hungría en el clasificatorio al Mundial 2026. Fuente: GOAL







































