Agente Libre Digital
·4 de enero de 2026
El Zamora es fiel a sus propósitos de año nuevo

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Ni las vacaciones, ni el frío invernal consiguieron aplacar ni un ápice de la ilusión de los aficionados del Zamora. El club rojiblanco cumplió su parte del trato poniendo en funcionamiento una macrodiscoteca en las inmediaciones del estadio y los parroquianos no fallaron a la cita.
Los hombres de Óscar Cano adoptaron desde un inicio ese rol de equipo propositivo con balón que tanto cuesta ver en la categoría, el Arenas adelantó sus líneas, pero el buen trato de balón local y la ventaja competitiva de tener uno más en zona de iniciación por el buen hacer de Fermín desbarataron todo intento de robo en campo rival.
Los rojiblancos siguieron creciendo en el encuentro, pero sin la finunar que les caracteriza en tres cuartos de campo rival.
Álvaro Romero, que no estaba firmando su mejor partido a nivel individual, se deshizo de su par como un auténtico ratón de área y cayó al suelo para conseguir una pena máxima para su equipo. Tras la pertinente revisión del VAR, el colegiado ratificó su decisión y Kike Márquez colocó con mimo la pelota, talonó, respiró hondo y… entregó la pelota mansa las manos de Gastesi.
Jaime Sancho corrió como una exhalación, se deshizo de su par y ahora sí, rompió la igualdad colocando con sutileza la pelota junto a la cepa del poste. Cuando el viento parecía soplar a favor, Kike realizó una internada en el área y sirvió la pelota en bandeja de plata a un Farrel que no supo si empujarla con la derecha o con la izquierda y que terminó echándola fuera.
El segundo tiempo arrancó tan gélido como el tiempo que imperaba en el Ruta de la Plata. El Zamora pareció entrar en un trance en el que daba por válido el gol de diferencia y el Arenas no demostró demasiado ahínco para darle la vuelta.
Los minutos se fueron sucediendo, el bombo retumbaba menos, los cánticos se ocultaban tras las bragas y las bufandas y los jugadores ya no eran tan precisos en sus envíos, ni tan aguerridos en los duelos. Fermín acudió a la cita, como de costumbre, en las esporádicas llegadas de los visitantes.
Con el tiempo consumiéndose, una buena transición del Zamora puso en jaque al Arenas, el recién incorporado Zabala se decidió a cortarla y tuvo que emprender el camino de vuelta a los vestuarios antes de tiempo. La inferioridad numérica sólo hizo que despertar al Arenas de su letargo y comenzar a atacar con más empeño.
Con la conclusión, los aficionados del Zamora huyeron en estampida, con el frío en los huesos, pero la satisfacción de ver a su equipo en continuo ascenso y con unas miras que parecían imposibles hace no tanto.









































