DameBola
·24 de junio de 2026
Endorfina Deportiva: El fútbol de cuatro tiempos, cuando la hidratación huele a negocio

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·24 de junio de 2026

La Copa Mundial de la FIFA 2026 pasará a la historia no solo por sus 48 selecciones, sino por transformar el deporte más fluido del planeta en algo peligrosamente parecido al fútbol americano. Las polémicas pausas obligatorias de hidratación de tres minutos, en los minutos 22 y 67 de cada encuentro, han fracturado el juego, abriendo un debate ardiente entre la tradición deportiva y la maquinaria comercial.
Ante la lluvia de críticas de técnicos de la talla de Marcelo Bielsa —quien sentenció con dureza que esto “altera la concepción cultural del fútbol”—, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha salido a defender la medida con su habitual narrativa benevolente. Según el mandatario, las interrupciones responden estrictamente al bienestar de los atletas ante el calor sofocante y a una búsqueda de “equidad deportiva”. El argumento de Infantino es que si se suspende el juego por clima en una sede, debe suspenderse en todas para que ningún entrenador tenga ventajas tácticas temporales. Además, remató con una frase que roza el cinismo: “La FIFA no gana absolutamente nada con esto… no es una cuestión económica”.
Cuesta creerle a la FIFA cuando nos pide que miremos al cielo mientras ellos miran la caja registradora. Para las televisoras comerciales, esta ventana de transmisión no es un lujo, sino una urgencia financiera de supervivencia. El reconocido periodista David Medrano Félix reveló una realidad contundente en México: TV Azteca invirtió la estratosférica suma de 60 millones de dólares para transmitir 32 partidos de forma gratuita en televisión abierta a través de Azteca 7. Esto significa que cada partido le cuesta a la televisora 1.875 millones de dólares. En el ecosistema televisivo actual, la única vía real para intentar amortizar semejante desembolso es la venta de comerciales durante los infames tiempos muertos de las pausas de hidratación. E incluso con ese espacio extra en pantalla dividida, ni siquiera tienen garantizado conseguir los anunciantes suficientes para recuperar la inversión.
Que las televisoras busquen rentabilidad es completamente válido; al fin y al cabo, financian el espectáculo y llevan los partidos gratis a millones de hogares. Lo que resulta insostenible e indignante es que la FIFA mantenga una narrativa purista, asegurando que la medida obedece a razones estrictamente deportivas. El argumento de la “salud” se desmorona por su propio peso cuando vemos partidos disputándose a placenteros 19 grados centígrados, o dentro de colosos techados con aire acondicionado de última generación (como ocurrió con Argentina en Dallas), donde el árbitro detiene el balón obligatoriamente. ¿Qué necesidad médica existe de enfriar a un jugador en un ambiente climatizado? Ninguna.
Al final, las pausas de hidratación actúan como un caballo de Troya corporativo. Bajo la noble bandera de proteger al futbolista, la FIFA de Infantino ha vuelto a meterle mano al reglamento para complacer las dinámicas de consumo norteamericanas. Nos quieren acostumbrar a un fútbol fragmentado, a un juego de cuatro cuartos diseñado para el espectador de sofá y el anunciante de turno. Infantino insiste en que el fútbol gana intensidad, pero la realidad es que el juego pierde su alma. Romper el romance de los noventa minutos de agonía y éxtasis continuo a cambio de tres minutos de comerciales disfrazados de agua mineral es, sencillamente, un gol en contra para el balompié mundial.







































