Grada3
·19 de enero de 2026
Endrick sigue de dulce en Lyon

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·19 de enero de 2026

Endrick sigue de dulce en el Olympique Lyonnais (OL). El delantero brasileño apenas ha llegado a la Ligue 1 y su nombre resuena en todo el campeonato francés. En su segundo partido con el Lyon, el ‘9’ ha vuelto a ser decisivo. No marcó, pero sí asistió. Y como extremo derecho, no como delantero centro. El nativo de Taguatinga encontró a Abner en la frontal del área y su compatriota no falló. Radiografía de unos inicios perfectos.
Mientras la noche caía sobre el Groupama Stadium, un rayo de luz irrumpió para transformar la oscuridad del domingo en pura alegría. Endrick pisó por primera vez el césped de Lyon como si el escenario le perteneciera desde siempre: cabeza alta, mirada encendida, pasos firmes. Durante 89 minutos, el joven brasileño fue el epicentro de una sinfonía que mezcló potencia y poesía, descaro y precisión.
Su juego tuvo algo de intuición pura, de niño que no ha perdido la alegría del balón. Cada toque desprendía intención; cada regate, un desafío. Endrick asistió con sutileza a Abner, pero también creó cinco ocasiones y dos de ellas dignas de gol, moviéndose entre líneas con una madurez impropia de su edad. Completó seis de ocho pases largos, ganó doce duelos y no rehuyó el sacrificio: tres entradas, tres ganadas, como si defendiera un sueño que no quería mancharse de duda. Una actuación perfecta.
Cuando Paulo Fonseca decidió darle descanso, el estadio se levantó en un aplauso unánime. Cuatro disparos, una asistencia, ocho regates facturados y la sensación de que algo grande empezaba a gestarse en Lyon. El nombre de Endrick resonaba ya entre las gradas como un eco de futuro. MVP del partido, sí, pero sobre todo protagonista de una primera página escrita con la tinta de los elegidos. En el OL ya temen el día de su adiós. Porque sí, ese romance durará seis meses. No más.
Y es que lo de Endrick con el Lyon ya había empezado días atrás, en la Copa de Francia. Mientras el Real Madrid disputaba la final de la Supercopa de España ante el Barcelona, el brasileño debutaba con el cuadro francés frente al Lille LOSC. Y mientras que los merengues caían, el de Taguatinga se reivindicaba. Titular desde el inicio, apenas necesitó unos minutos para hacer notar que su talento no entiende de transiciones. Marcó su primer tanto con la camiseta del OL como si llevara años en el equipo: un instinto puro de delantero, una lectura perfecta del espacio, y ese toque sereno que convierte el caos del área en arte de precisión. Cazó un rechace al segundo palo, le pegó tenso, seco, limpio. Gol. Así de simple. Así de inevitable.
No fue su única huella en el partido. Había empezado muy fuerte. En su primer disparo del encuentro, su primer balón, apenas unos minutos antes, había rozado el gol con un latigazo al palo desde fuera del área. La madera le negó el estreno, pero solo por un instante: el destino le debía un gol y se lo pagó con intereses. Su estreno fue una declaración de intenciones y, sobre todo, una promesa cumplida: la de un joven que no llega a adaptarse, sino a conquistar.
Desde su aterrizaje en Lyon, Endrick ha caído de pie. Él se siente como en casa y el vestuario lo ha recibido como a un elegido. La grada ya lo ha adoptado como a un hijo que trae esperanza. Por su parte, Paulo Fonseca lo ve ya como algo más que un refuerzo temporal: es un motor emocional, un jugador que eleva la temperatura del equipo con solo recibir un balón. En el Groupama Stadium, están convencidos que estos seis meses serán fructíferos, tanto para el club como el jugador. Nadie duda de ello.
Porque el brasileño parece haber encontrado en Francia lo que no podía tener todavía en Madrid: continuidad, confianza y minutos para demostrar que su fútbol no entiende de estados intermedios. Y lo hace en un Lyon necesitado de ilusión, de identidad, de jugadores capaces de devolver la sonrisa a su hinchada. Endrick, con apenas unos partidos, ha encendido la chispa. No ha ido al OL a esperar. Ha ido a mandar. Y lo está logrando con la naturalidad de quien parece haber nacido para eso: para brillar ahí donde otros apenas se atreven a mirar.









































