Un 10 Puro
·1 de abril de 2026
Endrick y Vinicius rescatan a Brasil en una noche sin mucho fútbol

In partnership with
Yahoo sportsUn 10 Puro
·1 de abril de 2026

Brasil sigue sin encontrarse, pero sigue ganando. Y en el fútbol de selecciones, a veces eso basta… En Orlando, ante una Croacia más ordenada que brillante, la selección de Carlo Ancelotti volvió a dejar más preguntas que respuestas. El 3-1 final maquilla una noche de fútbol espesa que salvaron dos nombres: Vinícius y Endrick.
Porque si algo tiene esta Brasil es talento para resolver lo que no sabe construir.
El partido nació espeso. Croacia, con Luka Modrić al mando, impuso un ritmo bajo pero incómodo, de posesiones largas y campo estrecho. Brasil, en cambio, parecía dividido: demasiados metros entre líneas y poca claridad en la base. La apuesta de juntar a Casemiro con un perfil más llegador como Danilo ofrecía sorpresa… pero también grietas.
Y por ahí empezó a respirar Croacia.
Solo Dominik Livaković sostuvo el equilibrio cuando Brasil encontró algo de profundidad. Dos paradas de mérito evitaron que el partido se rompiera antes de tiempo. Hasta que apareció Vinícius.
No fue una jugada más. Fue una de esas acciones que justifican encender la televisión. Arrancó, amagó, atrajo rivales y, cuando todo parecía resolverse en individualismo, eligió lo correcto: asistir. Danilo llegó desde atrás y definió. Gol y ventaja. Sin dominar, pero golpeando.
Brasil se iba al descanso ganando… sin convencer.
Lo peor vino después.
La segunda parte desnudó a la Canarinha. Sin balón, sin control y sin capacidad de enfriar el partido, empezó a retroceder. Croacia creció desde la paciencia y encontró premio en un error defensivo que Lovro Majer transformó en empate.
Ahí sí, el partido se puso serio.
Y ahí apareció Endrick.
El delantero propiedad del Real Madrid, todavía en fase de irrupción internacional, cambió el guion en cuestión de minutos. Primero, atacando el espacio con picardía para forzar un penalti ante Josip Šutalo. Después, demostrando que no solo vive del gol: arrancada, pausa y asistencia para que Gabriel Martinelli sentenciara.
Dos acciones, dos decisiones correctas, dos golpes definitivos. Pura jerarquía.
El marcador final (3-1) resulta engañoso. Brasil no fue superior en el desarrollo, ni tampoco tuvo control emocional del partido. Pero tiene algo que Croacia, hoy, ya no puede sostener durante 90 minutos: desequilibrio puro.
Y ahí está la clave.
Ancelotti acumula pruebas, cambios y ajustes, pero el equipo sigue siendo un borrador. Le falta estructura, continuidad y, sobre todo, una idea clara que vaya más allá del talento individual. Porque cuando el plan no aparece, todo queda en manos de chispazos.
Hoy funcionó.
Hoy bastaron Vinícius y Endrick.
En vivo


En vivo







































