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·12 de septiembre de 2026

España muere de pie y a puertas de la final frente al todopoderoso Estados Unidos

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Hay derrotas que duelen por lo que se escapa y otras que dejan la sensación de que algo importante acaba de empezar. La de España ante Estados Unidos pertenece a la segunda categoría.

El marcador dirá 66-76. Dirá también que la selección española se quedó a las puertas de una final mundial y que Estados Unidos volvió a imponer su ley. Pero habrá que mirar un poco más allá del resultado para entender lo ocurrido este sábado en Berlín. Porque durante buena parte de la noche, España consiguió algo que parecía reservado para muy pocas: hacer dudar a la gran dominadora del baloncesto mundial.


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No hubo miedo. No hubo rendición. Hubo baloncesto. España salió a la pista sabiendo que enfrente tenía un muro. Estados Unidos llevaba décadas construyendo una hegemonía casi inexpugnable y llegaba a Berlín con el objetivo de alcanzar una nueva final mundial. Desde 2002, las estadounidenses habían ganado 47 de sus 48 partidos en Mundiales. El único tropiezo había llegado en 2006. El reto, por tanto, rozaba lo imposible.

Raquel Carrera puso la primera piedra con un arranque fulgurante. Un 9-1 que obligó a Estados Unidos a reaccionar y que confirmó desde el primer minuto que las españolas no habían viajado hasta Berlín para ejercer de comparsa. La respuesta estadounidense llegó antes del final del primer cuarto, pero España ya había enviado el mensaje: iba a competir cada balón. Y lo hizo.

Estados Unidos comenzó a castigar las segundas oportunidades y su poderío físico empezó a inclinar algunos duelos. El partido podía escaparse. De hecho, por momentos pareció hacerlo. Pero apareció Iyana Martín.

La joven base volvió a demostrar por qué este Mundial está siendo también el nacimiento de una nueva referente para la selección. Con 17 puntos, compartió con María Conde el liderazgo anotador español y volvió a levantar a un equipo que necesitaba energía.

No estuvo sola. Awa Fam se hizo enorme en los momentos en los que más falta hacía. Maite Cazorla aportó serenidad y calidad. María Conde sostuvo a España cuando Estados Unidos apretó. Raquel Carrera abrió el camino. Y detrás de ellas hubo un grupo entero dispuesto a dejarse la piel. Porque ese fue quizás el mayor mérito de esta España: nunca dejó que el partido se convirtiera en una cuestión de jerarquía.

Estados Unidos tenía a Breanna Stewart, que terminó con 16 puntos y fue decisiva. Tenía talento en cada posición, profundidad de banquillo y una capacidad física que acabó pesando. Pero durante muchos minutos tuvo enfrente a una selección española que se negó a aceptar el guion que parecía escrito antes del salto inicial.

El segundo cuarto terminó con España todavía viva, apenas tres puntos abajo (36-39). Y entonces llegó el tercer cuarto. El momento en el que el sueño pareció posible. Dos triples de María Conde y otro de Iyana Martín devolvieron la ventaja a España. La selección jugaba con confianza, movía el balón y encontraba respuestas ante cada golpe estadounidense. Las diferencias se deshicieron. El partido se convirtió en un intercambio de golpes.

Y al terminar el tercer periodo, el marcador era un perfecto 58-58. Quedaban diez minutos. Diez minutos para la historia. Durante unos instantes, Berlín pudo imaginar una España en la final. Pero Estados Unidos es Estados Unidos. El conjunto norteamericano elevó todavía más su intensidad defensiva, aprovechó las pérdidas españolas y encontró en Kahleah Copper y Breanna Stewart las respuestas que necesitaba. El parcial definitivo empezó a abrir una brecha que esta vez sí resultaría demasiado grande.

España lo intentó hasta la última posesión. María Conde buscó mantener con vida a las suyas. Las piernas ya pesaban y el esfuerzo acumulado comenzaba a pasar factura, pero nadie bajó los brazos. El 66-76 terminó siendo demasiado contundente para reflejar todo lo que había ocurrido durante los 40 minutos.

La derrota deja a España fuera de la final, pero no fuera de la historia. Esta selección ha demostrado que puede mirar a los ojos a Estados Unidos y sostenerle el pulso durante tres cuartos. Ha demostrado que una generación joven puede competir al máximo nivel mundial. Y, sobre todo, ha demostrado que el futuro no es una promesa lejana: ya está aquí.

Iyana Martín, María Conde, Awa Fam, Raquel Carrera y compañía no consiguieron derribar el muro. Pero lo golpearon con tanta fuerza que, por momentos, pareció agrietarse.

Ahora queda Alemania. El domingo, España tendrá que levantarse, borrar el golpe y volver a competir. Habrá una medalla de bronce en juego ante la anfitriona, derrotada por Francia en la otra semifinal. Y quizá ahí esté la verdadera grandeza de este equipo: en levantarse.

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