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Un 10 Puro

·31 de marzo de 2026

España se pierde en sus pruebas

Imagen del artículo:España se pierde en sus pruebas
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Pedri intentó dar sentido al juego de España en un partido espeso ante Egipto en Cornellà.Getty Images

El ruido no era de partido grande, pero sí de expectación. Gente entrando con calma al RCDE Stadium, camisetas nuevas, móviles en alto… y una pregunta repetida en los pasillos: “¿este es el once?”. No era crítica, era sorpresa. España había decidido tocarlo todo.


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La Selección Española de Fútbol arrancó como si el partido le quedara lejos. Sin ritmo, sin presión y, sobre todo, sin conexiones. No era un problema de nombres. Era otra cosa. Once jugadores correctos… pero ningún equipo.

El balón iba y venía sin sentido. Mucho pase, poca intención. Lamine Yamal aparecía por derecha, pedía, intentaba algo distinto. Pero alrededor no pasaba nada. Ni apoyos claros, ni rupturas, ni ese punto de agresividad que convierte la posesión en peligro.

Egipto, mientras tanto, entendió el guion mejor que España. Ordenada, cómoda, sin prisa. Sin Mohamed Salah, pero con Omar Marmoush suficiente para hacer daño. Su disparo al palo en el 29’ fue lo más serio del primer tiempo. Y también el mejor resumen de lo que se estaba viendo: ellos sabían a qué jugaban, España no.

Hubo fases en las que ni siquiera dominaba la posesión. Raro. Más raro aún era verla partirse en tres: defensa por un lado, mediocampo por otro y ataque desconectado. Todo llegaba tarde. Todo forzado.

Desde el banquillo ya se intuía el cambio antes del descanso. Rodri Hernández y Pedri calentaban. Era una señal clara: el experimento no estaba funcionando.

Y la respuesta llegó tras el paso por vestuarios. No fue magia, pero sí lógica. España empezó a parecerse a sí misma. Más ritmo, más orden, más sentido con balón.

Fermín entró como entra siempre: sin pedir permiso. Víctor Muñoz agitó el partido en dos acciones. Pedri empezó a darle forma a cada jugada y Rodri puso el equilibrio que no había existido en la primera parte.

Otra España. Tarde, pero otra.

El problema es que el partido ya pedía algo más que control. Pedía gol. Y ahí se volvió a quedar corta.

Llegadas hubo. Varias. Pero sin precisión. Sin ese jugador que convierta una buena jugada en algo definitivo. Todo se quedaba en intento. En sensación. En “casi”.

En medio de ese tramo apareció otro foco: el debut de Joan García. En su estadio. Con parte de la grada en contra. No fue un detalle menor. Fue uno de esos momentos que explican el fútbol más allá del juego.

Egipto, ya con diez, hizo lo que tocaba: cerrarse y resistir. Cada minuto que pasaba era una pequeña victoria. España empujaba, sí, pero sin claridad. Mucho balón, poco filo.

El 0-0 final no es un drama. Pero tampoco engaña.

España probó demasiado. Cambió tanto que dejó de reconocerse durante un buen rato. Y cuando quiso volver, ya no le dio.

A dos meses del Mundial, el mensaje no es el resultado. Es otro.

España jugó como si no se conociera. Y eso sí preocupa.

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