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·11 de junio de 2026

España ya sueña con su segunda estrella: así llega la Roja al Mundial 2026

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España vuelve a un Mundial con una sensación que no se recordaba desde hace muchos años: la de ser candidata real al título. La de Luis de la Fuente no es una selección con opciones remotas ni un dark horse, que dirían los modernitos para referirse a una aspirante en un segundo escalón. Una favorita de verdad. La campeona de Europa aterriza en Estados Unidos, México y Canadá con la convicción de que puede pelear por la segunda estrella y con una generación que ha devuelto la ilusión al país.

Luis de la Fuente ha construido un equipo reconocible, competitivo y tremendamente ambicioso. La lista definitiva para la cita mundialista combina experiencia, talento y juventud en proporciones casi perfectas. Ahí aparecen nombres consolidados como Unai Simón, Rodri, Laporte, Fabián Ruiz, Pedri u Oyarzabal, pero también futbolistas llamados a dominar el fútbol internacional durante la próxima década como Cubarsí, Gavi, Baena o Yeremy Pino.


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Entre las decisiones más comprometidas del seleccionador hubo espacio para algunas sorpresas. La presencia de Joan García tras una temporada espectacular dejando fuera a un líder de vestuario como Álex Remiro o la confianza mantenida en jugadores como Borja Iglesias reflejan una filosofía que De la Fuente ha repetido desde su llegada al banquillo: nadie tiene el puesto asegurado y el rendimiento pesa más que la fama o la trayectoria. Es sello marca de la casa.

Hay una imagen que resume perfectamente el cambio de ciclo que vive el fútbol español. La Roja acudirá al Mundial sin representación del Real Madrid, algo impensable durante buena parte de la historia reciente de la selección. Sin embargo, lejos de interpretarse como una debilidad, el dato refleja la enorme profundidad del fútbol español. Luis de la Fuente ha confeccionado una lista basada exclusivamente en rendimiento, estado físico y encaje colectivo, sin mirar escudos ni jerarquías. Así que Huijsen y Carvajal, los dos jugadore blancos con más opciones de estar presentes en la cita mundialista, se quedaron compuestos... y sin sello en el pasaporte.

Las dudas sobre lo que hace a España diferente

La gran preocupación tiene nombres propios. Nico Williams y Lamine Yamal llegan a la cita entre algodones después de arrastrar molestias físicas durante las últimas semanas. Ninguno ha podido completar la preparación en plenitud de condiciones y desde la Selección se maneja el asunto con máxima prudencia. Son dos jugadores capaces de desequilibrar cualquier partido y su ritmo de juego cuando arranque el torneo será una de las claves del recorrido español en la Copa del Mundo, porque son los dos jugadores que hacen a España diferente, por su amplitud en banda, velocidad y desequilibrio constante.

La buena noticia es que España ya ha demostrado que sabe competir incluso cuando le faltan algunas de sus grandes figuras. Lo dejó claro durante la Eurocopa y también en los amistosos previos al Mundial. Pedri atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera, Oyarzabal se ha convertido en una garantía permanente de gol y Rodri continúa siendo el gran director de orquesta de un centro del campo que pocos equipos pueden igualar.

Razones para creer

La sensación que transmite esta selección es la de un bloque sólido y maduro. No depende exclusivamente de una estrella, como sí ocurre con otras candidatas. Tiene alternativas en prácticamente todas las posiciones, profundidad de banquillo y recursos suficientes para afrontar un torneo largo. Además, llega respaldada por una dinámica ganadora que ha reforzado la confianza de un vestuario que no esconde su ambición.

Han pasado ya dieciséis años desde aquella noche mágica de Johannesburgo en la que Andrés Iniesta cambió para siempre la historia del fútbol español. Desde entonces, ninguna generación había llegado a un Mundial con una combinación tan equilibrada de talento, juventud, experiencia y hambre competitiva. Francia, Argentina, Brasil o Inglaterra aparecen entre las candidatas, pero pocas selecciones ofrecen tantas razones para creer.

Por eso España aterriza en Norteamérica con algo más que ilusión. Lo hace con argumentos. Con una idea de juego definida, con un seleccionador que ha sabido construir un grupo ganador y con una generación que no parece tener techo. La segunda estrella sigue siendo un sueño, pero ya no suena a fantasía. Suena a desafío. Y la Roja está preparada para subir al cielo y traérnosla de vuelta a casa.

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