Pericos Marca
·9 de mayo de 2026
Esperando a Godot, nuevamente, por Fran Sánchez Alaminos

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·9 de mayo de 2026

MAILS QUENUNCA ENVIÉ
De: Fran Sánchez Alaminos Para: Vladimir y Estragón CC: Godot, Samuel Beckett
Asunto: “Esperando a Godot, nuevamente”
Fecha: 9 de mayo de 2026
Esperando a Godot, nuevamente
Queridos Vladimir y Estragón:
En Esperando a Godot bien sabéis no pasa prácticamente nada. Y precisamente por eso pasa todo.
Mientras esperáis, habláis, os contradecís, os distraéis, mirais el horizonte, intentais convenceros de que alguien llamado Godot aparecerá en algún momento. Pero nunca llega. Siempre hay una excusa. Siempre queda el recurso del “quizá mañana”, como le pasa al Espanyol con sus presidentes.
Primero tuvimos la etapa de Chen Yansheng. Nuestro propietario chino tan lejano que durante años uno dudaba si realmente dirigía el club o simplemente aparecía mencionado en un PDF corporativo enviado desde otra dimensión. El espanyolismo desarrolló con él una relación casi espiritual: sabíamos que existía, pero rara vez se manifestaba físicamente. Cada aparición pública tenía algo de eclipse solar. Breve, extraordinaria y rodeada de interpretaciones.
Mientras el club atravesaba ascensos, descensos, incendios deportivos y reconstrucciones permanentes, el perico miraba al palco como los protagonistas de Beckett miran el camino: “igual hoy sí”, pero no.
Y entonces apareció el relevo americano. Alan Pace aterrizó con energía de serie de Netflix sobre ejecutivos modernos: selfies, proximidad, cerveza con aficionados, sonrisas, abrazos, cercanía impostada pero eficaz. Parecía que, por fin, el Espanyol había pasado del presidente holograma al presidente de carne y hueso.

Había tanto entusiasmo que solo faltaba verle repartir bufandas desde una Harley por los alrededores del RCDE Stadium.
Pero el fútbol, que tiene una crueldad casi literaria, volvió a girar el guion.
El equipo encadena diecisiete jornadas sin ganar o como diría Solsona 6 de 51. Toda una segunda vuelta convertida en una excursión organizada hacia la depresión colectiva. Y, curiosamente, mientras desaparecían las victorias, también empezó a desaparecer el presidente. Menos apariciones. Menos mensajes. Menos cercanía. Menos “uno de los nuestros”.
Otra vez Godot.
Porque en el Espanyol los presidentes parecen cumplir una extraña tradición institucional: hacerse visibles cuando luce el sol y convertirse en figura metafísica cuando llega la tormenta.
Y el problema ya no es únicamente perder partidos. El problema es esa sensación constante de club esperando siempre a alguien. Esperando liderazgo. Esperando una voz. Esperando una explicación. Esperando una presencia real cuando vienen mal dadas.
En la obra de Beckett, los protagonistas continúan esperando incluso cuando intuyen que Godot probablemente no aparecerá nunca. Quizá porque la esperanza absurda es lo único que les queda.
Y eso, tristemente, el perico lo entiende demasiado bien.
EnX@SanchezAlaminos







































