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La Galerna

·16 de enero de 2026

Espiral de derrota

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Yo también podría sumarme al linchamiento. Es muy tentador. A quién no le gusta disfrutar del ventajismo: dejarse caer por el tobogán es mucho más fácil que resistirse. Cómo no sumarse a una cuadrilla de gorilas que te invitan a apalear a un borracho desorientado, que además lleva abusando de tu paciencia los últimos dieciocho meses, aunque un poco antes te hubiera llevado a la mejor fiesta a la que asististe en tu vida.

Ni les cuento ya el disfrute de insultar y ofender a un casi octogenario. Sobre todo si ha demostrado en su vida que nunca fue como tú. Él ha sido capaz de crear un imperio. Sólo después de ser millonario se atrevió a gobernar el Real Madrid. Dedicó su vida y su talento a generar un motor perpetuo de ingresos que garantizará la eternidad del club.


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A diferencia de Florentino, la mayoría no tiene la capacidad de ver el futuro. Es muy fácil detectar la estulticia, la estupidez, la ignorancia repentina sobrevenida. Es comodísimo exigir éxitos inmediatos a cambio de nada cuando las cosas van mal, queriendo perpetuar los milagros de los que venimos, incluso sobreviviendo a los años de plomo de la corrupción galopante del fútbol español. Estamos en la era de la hiperinformación y del fast forward emocional. Ni siquiera nos hacen falta tóxicos para colocarnos. Vivimos en un estado permanente de abstinencia de dopamina que nos satisface las redes sociales y sus tontos de guardia, dispuestos a amargarnos la vida en horario 24x7 a los demás.

Amigos, Florentino Pérez es abuelo, sí, ya ve la mayor parte de su vida por el retrovisor, pero mantiene su cabeza funcionando en overclocking, créanme. A pesar de la escasa densidad neuronal de la chusma neomadridista, no deben olvidar que este caballero nos ha proporcionado momentos de felicidad increíbles. Cuando pensábamos que no era posible ganar dos Champions seguidas, lo vivimos. Y un año después vimos a Bale meter una chilena imposible al pobre Karius y levantar una tercera. Eso ocurrió hace cuatro días.

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También vimos a Vini golear en dos finales, tras quitarse la pelusa de la adolescencia e irrumpir en la edad adulta torturado por la chusma. Y le vimos desplomarse después del atraco del balón de oro de 2024, encargado desde las catacumbas del fútbol europeo, probablemente tan corrupto como el español. Todo lo que genera dinero a espuertas es corruptible y tentador para el hampa, lo sabemos desde antes de la ley seca de Chicago.

Florentino nos ha traído a los mejores futbolistas del mundo. Algunos siendo niños. Otros, en su momento preciso de maduración; otros, con infinita paciencia. Este buen hombre ha contribuido como nadie a agigantar la leyenda madridista y consiguió duplicar en 25 años la cosecha de títulos continentales obtenida en los 50 años anteriores. Pueden desear que se retire. Pueden atribuirle, con justicia, la responsabilidad de estos dos años de mierda y dolorosas derrotas en los que nos hemos ido a la cama cabreados y nos hemos levantado el lunes sin ganas de ir a trabajar. Esto sucede porque el Real Madrid llena un espacio emocional inmenso en nuestra vida. A mí también me pasa, ¿qué creen? Pero no tolero a la gentuza que le falta el respeto, que exige soluciones a los demás cuando no tiene nada que ofrecer más que charleta cansina desde un canal de YouTube.

La vida no es simple y los problemas no tienen soluciones mágicas. Aquí, algunos de los síntomas detectados y reproducidos masivamente por los medios y por las redes.

Mbappe ha desequilibrado el equipo. No hacía falta traerlo. No es un delantero centro.

Vinicius no se va de nadie.

Nos falta un organizador en el centro del campo.

Se nos lesionan demasiados futbolistas.

Tenemos muy mala preparación física.

Siempre corremos menos que el rival

Mastantuono no hacía falta, no tiene nivel.

No tenemos extremo derecho.

Bellingham no lleva una vida de deportista.

Valverde no rinde.

Güler es irrelevante.

Carvajal, Alaba y Rüdiger están acabados.

Mendy no sale de la enfermería.

No sabemos qué le pasa a Trent.

Camavinga no ha evolucionado en los últimos 4 años.

Florentino pasa de todo y quiere vender el club.

El Bernabéu es feo y una ruina.

Xabi era un entrenador sin autoridad.

A los jugadores no les gustan las correcciones tácticas en los entrenamientos.

Arbeloa no tiene experiencia en la élite.

No debimos echar a Ancelotti.

El club va a la deriva.

¿Me dejo algo?

Algunas de las afirmaciones anteriores son opiniones más o menos obvias; otras, la tradicional basura monetizable que acompaña al club. Si nos vamos a algo más sólido, como la ciencia y la psicología del deporte, encontraremos menos ruido y tal vez alguna explicación. No puede ser que todo esté tan mal y que todas las desgracias vengan tan juntas durante tanto tiempo porque sí.

Factores como la falta de confianza grupal o una desavenencia interna (a Bellingham, Vini, Valverde o Mastantuono parece que no les gustaba Xabi) pueden agravarlo, haciendo que los jugadores se sientan “mentalmente ausentes”

En los deportes de equipo, las tendencias negativas se explican por patrones colectivos que afectan el rendimiento, la motivación y el bienestar mental de los jugadores. Pueden manifestarse como colapsos motivacionales durante partidos, deserción (dropout) de jugadores, underperformance crónico, burnout o dinámicas tóxicas dentro del grupo.

El colapso colectivo ocurre cuando un equipo que iba bien (13 victorias en 14 partidos) repentinamente se desmorona, con múltiples jugadores fallando al mismo tiempo. Psicológicamente, se explica por el “contagio emocional negativo”, donde la ansiedad o la frustración de un jugador (¿tal vez el balón de oro robado a Vini?¿tensión por la renovación astronómica que le exige su entorno?) se propaga al resto, reduciendo la cohesión y la eficacia colectiva. Un evento precipitante puede generar stress, cambios cognitivos (pensamientos negativos), afectivos y comportamentales (pasividad), creando una cadena de bajo rendimiento. Factores como la falta de confianza grupal o una desavenencia interna (a Bellingham, Vini, Valverde o Mastantuono parece que no les gustaba Xabi) pueden agravarlo, haciendo que los jugadores se sientan “mentalmente ausentes”.

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En situaciones de alta presión, como partidos decisivos, los deportistas experimentan ansiedad que distrae su atención o genera un exceso de autoenfoque, interrumpiendo automatismos naturales. La ansiedad reduce la capacidad de reacción, llevando a distracciones por miedo al fracaso o control consciente de habilidades que deberían ser intuitivas (¿por qué Vini, Mastantuono, Güler ya no se van de los rivales?). En equipos, esto se amplifica por modelos donde los jugadores se preocupan por cómo son percibidos por compañeros, entrenadores o público, aumentando la ansiedad social y el riesgo de fracaso colectivo.

El burnout (deserción), surge de demandas crónicas como entrenamientos insatisfactorios (¿los videos, las correcciones de los ayudantes de Xabi?), expectativas altas y falta de recuperación, llevando a agotamiento emocional. En adolescentes y jóvenes, la “pérdida de diversión” es clave: demandas crecientes generan reacciones negativas, donde el deporte deja de ser placentero y se asocia con ansiedad o frustración generando una cadena autodestructiva.

El Real Madrid es una picadora de carne. La presión mediática, las expectativas, un mal entendimiento con un entrenador, más el entorno tóxico de jóvenes millonarios adictos al halago permanente produce personalidades débiles y puede conllevar una espiral de derrota y de negatividad que se retroalimenta, perdiéndose la confianza en el grupo.

La única fórmula posible para recuperarnos es ganar, de cualquier manera. Enlazar victorias. Es el bálsamo que lo cura todo. El futbolista necesita estabilidad y confianza

Hemos perdido dos partidos importantes en setenta y dos horas en los minutos finales, encajando goles por desatención, pasividad, angustia y errores groseros. El gol de Raphinha de la Supercopa tuvo un componente de fortuna que nosotros no tuvimos frente a la portería rival en un choque bastante parejo. Ni decir que en el partido de Copa frente al Albacete, los dos últimos goles fueron dos casualidades exóticas del fútbol, que sólo te pasan cuando estás atrapado en una tendencia negativa: en el 2-1 el delantero recibe un "centro" perfecto de Gonzalo, que intentaba despejar. La volea posterior tiene intención pero es un remate afortunado, que va a las manos de Lunin con un bote alto y que termina dentro de la portería fortuitamente. El 3-2 es un golazo, precedido de un remate repelido por la pierna de Carvajal en el que la pelota regresa increíblemente al delantero en lugar de rebotar hacia a la grada o a la banda. El balón es redondo y el fútbol es un juego en el que el azar, a veces, es un jugador activo que ayuda o que condena.

No voy a negar ni las evidentes carencias de la plantilla (que no deberían ser obstáculo para ganarle al 80% de los rivales) ni todo lo que ha hecho mal el club (incluyendo la "incomprensible" paciencia de Florentino en la reconstrucción de un equipo de futuro después de una década de éxitos sin precedentes). La única fórmula posible para recuperarnos es ganar, de cualquier manera. Enlazar victorias. Es el bálsamo que lo cura todo. El futbolista necesita estabilidad y confianza. Posiblemente el entorno mediático que vive del Real Madrid actualmente es el más tóxico de la historia. Un manicomio. Siempre hemos sentido el antimadridismo exógeno como se siente el viento de cara, pero el antimadridismo madridista definitivamente ha enloquecido. Centrémonos en que Arbeloa es un hombre tranquilo y que sabe lo que hace. Si no hemos tocado fondo aún, no puede quedar mucho. La cosa no puede más que mejorar, con el Bernabéu silbando o coreando Els segadors, tanto da.

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