La Galerna
·3 de enero de 2026
Esta película ya la hemos visto

In partnership with
Yahoo sportsLa Galerna
·3 de enero de 2026

El año ha empezado y este domingo termina la breve tregua navideña en esta sobredosis de fútbol en la que vivimos atrapados de agosto a junio. Este curso, además, la FIFA decidió añadir un nuevo invento al calendario: un Mundial de Clubes disputado en junio y julio que no ha hecho sino agravar el desgaste. Ese fue, precisamente, el primer obstáculo (ese “sí, pero no”, ese pellizco de monja) en el nacimiento del proyecto de Xabi Alonso.
La temporada anterior fue mediocre. No tanto por los resultados (segundos en Liga, finalistas de Copa y cuartos de final en la Champions) como por la imagen ofrecida: triste, agotada, sin pulso. La necesidad de infundir ilusión, unida a la extraña situación creada por el nuevo torneo de la FIFA y a la presión creciente sobre Ancelotti, con su anunciadísima llegada a la Canarinha, precipitó la llegada del nuevo entrenador.

Lo lógico, lo deseable, habría sido empezar en julio, como mandan los cánones. Hacer una pretemporada medio normal (si es que hoy eso todavía existe entre giras y compromisos comerciales) y disponer al menos de un par de semanas para trabajar sin la urgencia inmediata de competir por un título oficial, por nuevo y carente de prestigio que fuera. Pero no fue así. Y, por más que se intente disfrazar, esta no es la mejor forma de empezar un proyecto.
Han pasado ya seis meses. Y aquella ilusión inicial se ha diluido hasta desaparecer. En su lugar queda un ambiente tóxico: miradas de soslayo, desconfianza, ruido y, lo peor de todo, esa sensación tan conocida en el madridismo de sentencia firmada. Da igual que sea ahora, en febrero, o al final de la temporada. Salvo giro absolutamente inverosímil del fútbol, Xabi Alonso parece un cadáver deportivo en diferido. Y cada día huele un poco más. Y ante eso no puedo hacer otra cosa que rebelarme. Enfadarme. Indignarme. Esta historia ya la he visto. Y no sólo una vez.

Me parece inconcebible que un club con el poder, la historia y la fortaleza reciente del Real Madrid no sea capaz de marcar el paso, de proteger a su entrenador y de asumir una mala coyuntura deportiva sin esperar, una vez más, a la próxima ilusión. A ese nuevo nombre que lo arregle todo cuando ya sí se hagan los deberes que no se han hecho hasta ahora. Porque responsabilidades hay muchas y repartidas. Pero la dirección deportiva ha incurrido en una mala praxis evidente, pese a todas las luces rojas encendidas la temporada pasada. Construir sobre arena y no sobre roca tiene estas consecuencias: cuando llega la tempestad, todo se viene abajo.
Empecemos por Xabi Alonso. Nadie puede negar que el consenso ante su fichaje era mayoritario entre afición y prensa. Leyenda total como jugador, con una personalidad y trayectoria fuera de toda duda. Las cosas podrían salir mal, pero nunca por falta de personalidad y pusilanimidad en un vestuario siempre complicado como el blanco. Su trabajo como primer entrenador en la élite se ceñía a sus extraordinarias dos temporadas y media en el Bayer Leverkusen. Entrenador joven, moderno, del tipo que tanto se estila entre los grandes de Europa como PSG, Arsenal o Bayern, de los que envidiamos sobre todo la intensidad y la claridad de ideas sobre el terreno de juego.

A mí, personalmente, lo que me generaba duda no es Xabi Alonso, sino la confección de la plantilla. Desde la marcha de Kroos es evidente, palmario, de cajón, obvio, que se necesita un centrocampista organizador, que sepa controlar el ritmo del juego. Los nombres, muchos; uno por encima de todos, Zubimendi (rompiéndola en el Arsenal). Este ya lo tenía hecho con el Arsenal y entiendo que, para afrontar su fichaje, el precio se habría disparado escandalosamente por la probable cláusula de penalización a favor del Arsenal si se rompía el acuerdo que ya tendrían. Esto lo entiende hasta un ornitorrinco almizclado.
Lo que no tiene perdón es qué se hizo desde el final de la 2023/24 hasta el trato entre el vasco y el Arsenal. ¿Dónde tenía la cabeza la dirección deportiva? ¿Qué dudas tenían? ¿Pensaban que alguno de los centrocampistas que tenemos en plantilla tiene las cualidades que debe tener el tipo de jugador que se necesita? ¿ Beckham de mediocentro haciendo Makelele?

Algunos sacan a colación el tiro al aire que supuso Illarramendi hace más de una década para justificar el no lanzarse a por Zubimendi después de la Euro 2024, pero ¿y? Si el fichaje sale rana, eso ya es algo que no se puede predecir, pero lo que sí sabíamos todos es que el chaval demostró poso, calidad y claridad en la Real. Y, para rematarlo, el día de la final ante Inglaterra tuvo que salir en sustitución del pilar de la selección, Rodri, un marrón de considerables dimensiones ante el que quien no tiene carácter se diluye como un azucarillo. Y pasó la prueba.
Una vez que se confirmó que el fichaje no podía acometerse, no se entiende la cerrazón del club a fichar otro mediocentro, ni se entiende que Xabi Alonso dijese que no era necesario. Más plausible es que, tras los fichajes de Huijsen y Carreras, el club transmitiese al entrenador que esto es lo que había y que se apañe con lo que ya se tenía en plantilla. Viendo el modo de jugar del Leverkusen de Xabi y los sistemas que aplicó en la Real B, cuesta creer que él tomase la decisión. Probablemente pensaría que ya conseguiría, de algún modo, adaptarse (como debe ser) a lo que tenía, pero para empezar ya se empezaba mal. Y aquí el debe es de la dirección deportiva, del club. Ver a Modric rompiéndola en el Milan (jugador de campo con más partidos) es muy doloroso. Que grandioso habría sido verle esta temporada retirándose del Madrid y jugando con su selección el Mundial, habría sido una retirada legendariamente épica. Algunos pensaban que renovarle para jugar muy poco no tenía sentido pero no estoy de acuerdo. Jugando poco o mucho su presencia en el Mundial está fuera de toda duda. Otros que su presencia podía opacar a Guler. Pues esto es el Madrid y si quieres triunfar tienes que arremangarte de verdad. Si un compañero de cuarenta años te gana la partida en el once hay que aceptarlo. Cómo se le echa de menos ,y más viendo la situación actual...

Durante el Mundial de Clubes y el comienzo de la temporada sí se vio la presión alta que todos esperábamos: intensidad, transiciones rápidas y todos arrimando el hombro. Quizás no era el juego ideal o el que la mayoría querríamos y, desde luego, tampoco el que Xabi querría si de él dependiese, pero con esos ingredientes y tanta calidad y dinamita sí se podía pensar en grandes cotas.
Estas sensaciones se vieron refrendadas las primeras semanas de la temporada oficial. Pero aquí entra en juego algo que conviene ponderar. La presión que ejercía el equipo era muy fuerte, y sostenerla todo el partido es impensable: acabas reventado, necesitas tener el balón durante algunos ratos, aunque sea para descansar y recuperar, y para eso es necesario tener la pelota con criterio. De ahí el intento de hacer de Güler un Pirlo II, cuando este fue reconvertido a centrocampista organizador por Carletto en el Milan allá por el año 2002.

La idea no era mala, pero para eso el compromiso en la defensa, en mantener las posiciones, debía ser máximo. Y es aquí donde, por el motivo que sea, Xabi Alonso no ha conseguido convencer a los jugadores o mantenerlo en el tiempo. Pareciera que cuando llegó la primera prueba con fuego pesado, como fue la visita al Wanda y la inapelable derrota, algo se rompió. Una sensación, un pulso invisible que hasta entonces el equipo sí había mantenido, pero contra equipos menores; esto es así. Aquel día hubo cambios discutibles: la entrada de Bellingham en el once apenas recuperado de su lesión, los cambios y su orden durante el partido... Aún así lo bueno que se había visto hasta entonces no podía borrarse de un plumazo. Sea por lo que sea, pienso que un entrenador con el apoyo absoluto del club lo habría tenido más fácil que Alonso en esos momentos. A las primeras de cambio, volvieron las sensaciones de la pasada temporada. De hecho, un Liverpool en horas muy bajas nos atropelló en Anfield. La sensación de lánguida melancolía del equipo volvía a golpearnos en la cara.

Y es aquí donde insisto: el apoyo del club es clave. Fichas a un técnico que hace unos meses te parecía el idóneo, representante de ese entrenador joven, moderno, a lo Arteta o Kompany, o de un Luis Enrique ya no tan joven, pero máximo exponente del fútbol que se estila en estos días, pero el apoyo que ellos siempre tuvieron no se lo das. Solo hay que revisar cómo fueron sus primeras temporadas en los equipos donde ahora triunfan. Y esto un vestuario lo detecta. Da igual que Xabi Alonso sea campeón del mundo, de Eurocopa dos veces, de Europa, leyenda, megacrack con más calidad en una pierna que todo el medio campo del Madrid actual: los jugadores se acaban subiendo a la chepa. Es lamentable.
El colmo, la guinda, el petardazo final fue la pataleta de diva que protagonizó Vinícius el día del Barcelona. Aquel día el club ese que pagó veinte años al que decidía ascensos y descensos de los árbitros no se encontraba en un buen momento. No hay que olvidarlo. Y sí, entonces el equipo sí apretó desde el pitido inicial y no bajaron la intensidad. Aun así, si hacemos memoria, aquel día un Barcelona que estaba para reventarlo pudo empatar. Apretamos y presionamos como debe ser, pero no hubo un solo momento en que hubiese una pausa en nuestro juego, convirtiendo aquello en un correcalles en el que bien podrían haber empatado un partido que era para meterles cinco.

Y fue en esos momentos en los que, a pesar de que sin duda estaba siendo el mejor en el ataque, Xabi tomó la decisión de sentar a Vinícius. Este no seguía a Balde nunca y dejaba a Camavinga dos contra uno cada vez que llegaban por su zona. Aquí podemos debatir si fue acertado o no; a mí me parece que, tal y como estaba el partido, era más probable el tercer gol blanco que el empate, así que no lo habría quitado, pero si el entrenador decide hacerlo es intolerable que Vinícius haga lo que hizo. De una forma tan escandalosa, pueril, ridícula, con esa actitud de llorica que tan nervioso pone al personal. ¿Y qué hizo el club? ¿No decide el club los fichajes y no ficha a Zubimendi por no sé qué motivo? Entonces, ¿cómo es posible que no interviniese inmediatamente, el mismo domingo tras el partido, en esta situación?
El club dejó vendido al entrenador dentro del vestuario. Dirán que ellos no dijeron nada a Xabi, que él tenía manos libres para actuar, pero esto es de una hipocresía tan tóxica y deleznable que me rebelo contra ello. No. Se llama al entrenador y se le comunica que Vinícius va a ser castigado con una multa y que no será convocado para uno, dos o los partidos que ahí sí considere el entrenador. Y se le comunica al jugador con toda la contundencia y se explica a la afición y prensa con total naturalidad y normalidad. “Vinícius ha sido sancionado por su comportamiento fuera de lugar durante el partido contra el FC Barcelona cuando fue sustituido. Su reacción es una falta de respeto al club, afición, a su entrenador y compañeros. Por supuesto, sigue siendo un jugador importantísimo y queridísimo para nosotros, pero tanto él como el resto de jugadores deben entender que comportamientos así no caben en el Real Madrid”. Algo así, como les diera la gana hacerlo, pero no se hizo. El comunicado de Vinícius dos días después, pidiendo perdón pero sin nombrar al entrenador, es indignante.

Y es aquí que Xabi Alonso me decepcionó. Aun sin el apoyo del club, no le convoques, castígalo, qué más da, muere con tus ideas. ¿Qué no habría hecho Camacho en esta situación? Ponerle de titular el día del Valencia, primer partido después del incidente, fue un mensaje horrible a jugadores como Brahim. Como aficionado me sentí frustrado. El club debe respaldar al entrenador y, si no cree en él, también. Hay muchos antecedentes. En la temporada 99/00 el club no dudó en vender a Clarence Seedorf al Inter durante el mercado de invierno. Del Bosque detectó que su presencia intoxicaba el vestuario. Por entonces era un jugador de apenas 21 años; la madurez que demostró en toda su espectacular carrera estuvo ausente desde que ganamos la Séptima hasta que se marchó a Italia. Aquella victoria hizo perder el norte a varios jugadores, dando lugar a una vergonzosa temporada 98/99, marcando la salida de varios de los héroes de Ámsterdam (Mijatovic, Panucci, Suker). El Madrid no se casa con nadie. Seedorf, por edad y potencial (en conjunto creo que está entre los diez mejores jugadores que yo he visto en mi vida), continuó, pero su comportamiento dejó mucho que desear. No quería jugar de interior derecho y lo manifestaba creando mal ambiente. Lamentablemente, no se pudo reconducir y Del Bosque, con el apoyo del club, decidió cortar por lo sano. Por cierto, por increíble que parezca, Clarence terminó jugando de interior derecho en el Inter.

El caso de Anelka aquella misma temporada también fue clave. Además de estar realizando una temporada nefasta tras pagar cinco mil millones de las antiguas pesetas, al menda no se le ocurrió otra cosa que ir a Del Bosque con un vídeo del Mundial de Clubes, jugado en Brasil en diciembre, en el que al menos jugó decentemente, con la intención de enseñarle a don Vicente cómo debía jugar el equipo. Resultado: apartado del equipo y sanción económica del copón. Aquella temporada se ganó la Octava.
Otro caso fue el de Beckham el año de la Liga de las remontadas 06/07, con Fabio Capello a los mandos. Cuando el inglés anunció su marcha a Los Ángeles Galaxy a final de temporada, el italiano no dudó en apartarlo. En este caso, la conveniencia de la decisión era discutible, dado el siempre total y absoluto compromiso en el campo del 23. En todas estas ocasiones, el club apoyó al míster cien por cien, en público y en privado, con o sin confianza en su labor (Capello se llevaba ya a matar con Calderón cuando el incidente). En aquellas ocasiones, la dirección del club era otra. Conviene recordarlo.

Vinícius era merecedor de algún tipo de acción, por su bien, por el del vestuario y por el del entrenador. Un chaval que vino al Madrid con dieciocho años, que ha demostrado tesón, carácter ganador, capacidad de pasar por encima de las críticas, madridismo, clave en la consecución de las dos últimas Champions… Claro que merece aún tener la oportunidad de redimirse, pero nunca de la forma en que lo está manejando el club. Pasó la línea hace mucho.
Como indicaba al comienzo, la historia de esta temporada me trae a la memoria mucho a otros momentos ya vividos. Toda esta atmósfera alrededor de Xabi Alonso recuerda a la vivida hace ya quince años con Manuel Pellegrini. La vuelta de Florentino Pérez a la presidencia, junto con los fichajes de Cristiano, Kaká, Benzema, Xabi Alonso, Granero y De la Red, fue el marco en el que el chileno arribó con el mayoritario consenso del madridismo, avalado por su extraordinario desempeño en el Villarreal. Claramente, la recomendación de su fichaje fue de Jorge Valdano más que del presidente. El desembolso fue tremendo, casi trescientos millones de euros del año 2009, una locura. Pero algo empezaba torcido. Kaká, un jugador maravilloso, de época, pero con unas características que no eran indispensables. Recordemos que Pellegrini aconsejó que no se vendiese a Sneijder y Robben. Tampoco insistió y se adaptó a lo que el club decidió, pero estaba claro que, si por él hubiera sido, Kaká se habría quedado en Milán y los dos holandeses se habrían quedado en Madrid. Aquello no gustó en el club. El tiempo repartió razones. Tanto Sneijder como Robben se presentaron diez meses después liderando a Bayern e Inter en la final de la Champions 2010 en el Bernabéu (primera que se jugó en sábado). La campaña mediática sufrida por Pellegrini fue infame, incluso antes del desastre de Alcorcón, especialmente desde uno de los medios deportivos más importantes de este país, en el que, rozando el absurdo, usaban el término “ingeniero” como algo despectivo. Lamentable.

El equipo ganaba, pero no daba sensación de seguridad y empaque. Xabi Alonso era (ironías del destino, es el tipo de jugador que necesitamos ahora) formidable, pero el acompañamiento no estaba a la altura para competir contra aquel Barcelona y para dar forma a un nuevo conjunto. Gago, un Guti en el ocaso, Diarra y Granero. Lamentablemente, De la Red sufrió el percance de Mendizorroza y nunca sabremos hasta dónde habría llegado un jugador de la casa con pinta de larga carrera en el centro del campo blanco.
Pellegrini se adaptó y pasó la temporada. El día de Lyon, la mala suerte en el remate y el cambio de posición de Toulalan al medio del campo, junto a un excelso Pjanic, dieron combustible a la Inquisición que perseguía al entrenador sin piedad. Lo de Alcorcón es algo de lo que Pellegrini tuvo mucha responsabilidad, sobre todo en la vuelta, pero estaba sentenciado desde antes.
En todo ese tiempo, al igual que Xabi ahora, ni una mala palabra, ni una salida del tiesto, la entereza, educación y señorío que se espera de un entrenador del Real Madrid. Recordar la lesión de Cristiano durante dos meses y la de Pepe toda la temporada; otros habrían estado llorando desde el minuto cero. Lo que sucedió después ya lo sabemos. Se decidió fichar al artista de moda y a este sí se le dio todo el poder, absoluto, pasando por encima de la imagen del club si era necesario y agregando a la plantilla, ahora sí, a jugadores de un perfil que quizás habrían cambiado algo las tornas: Di María, Özil, Khedira, Pedro León, Canales. ¿Qué habría pasado si a Pellegrini se le hubiese tratado igual? Su trayectoria desde su salida del Madrid habla por sí sola.
Podríamos también hablar de lo que se vivió al comienzo de la 04/05 con Camacho. Otra situación, sí, pero el necesario apoyo sin miramientos por parte del club al entrenador brillaron por su ausencia. La leyenda madridista no se lo pensó dos veces y dimitió.
Y ahora, con Xabi Alonso, hay elementos muy similares, y esto a mí me subleva, me indigna. El club, tras seis Champions en diez años y con una estabilidad social y económica amplísimas, ¿no puede apostar por un proyecto aunque el resultado deportivo diste mucho de lo esperado? Me resulta inconcebible la situación actual.
Todavía se está a tiempo de cambiar la dinámica y, aunque esto es fútbol y no se puede asegurar lo que va a ocurrir, sería deseable que se intentase. Pensar en que el entrenador termine la temporada capeando el temporal, a trancas y barrancas, y que un “Klopp” empiece a sonar por aquí y por allá y venga con todo el poder y con fichajes de relumbrón en el centro del campo me parece terrible.
En fin, esta película ya la hemos visto. Ojalá el final sea diferente y el club decida no huir del conflicto, sino afrontarlo. Ahí es donde siempre fue invencible.
Getty Images
En vivo









































