La Galerna
·12 de febrero de 2026
Florentino va por delante de todos

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·12 de febrero de 2026

Durante estos días, la jauría digital —esa mezcla de analista financiero autodidacta y hooligan con WiFi— ha decretado que Florentino Pérez “se ha bajado los pantalones” ante la UEFA. El diagnóstico es rotundo, viral y, como casi todo lo viral, intelectualmente perezoso.
Conviene respirar, porque si algo no ha hecho el Real Madrid en esta historia es arrodillarse.
Empecemos por el supuesto aislamiento. Se nos ha repetido hasta la náusea que el Real Madrid estaba “solo contra todos”: contra la UEFA, contra la ECA, contra los grandes clubes, contra el orden establecido y, si me apuran, contra la gravedad.
Muy bien.

Si realmente estaba solo, irrelevante y derrotado, ¿por qué hay acuerdo? ¿Por qué negociar con quien ya está vencido? ¿Por qué sentarse con quien no tiene cartas?
La política —también la deportiva— tiene una regla elemental: las mayorías aplastantes no pactan. Imponen. Cuando alguien firma un “acuerdo de principios” no lo hace desde la comodidad del monopolio incontestable. Lo hace porque enfrente hay capacidad de daño, de influencia o de transformación.
Y eso nos lleva al primer punto incómodo para el relato fácil.
El Real Madrid no estaba solo; estaba adelantado
Que no hubiera clubes alineados públicamente no significa que el diagnóstico fuera minoritario. Muchos comparten en privado lo que no pueden defender en público. Porque depender de la UEFA para tu supervivencia financiera no es exactamente un contexto que invite a la rebeldía.
El Real Madrid no estaba aislado; estaba adelantado. Y el adelantado siempre parece solo hasta que los demás llegan.

Durante estos años, el club blanco sostuvo algo más que un capricho: sostuvo una batalla jurídica de calado europeo. Y aquí entramos en el terreno que suele incomodar a los comentaristas de barra virtual.
La cuestión no era simplemente crear una liga cerrada. La cuestión era discutir el monopolio. Discutir si la UEFA puede ser organizador, regulador y juez al mismo tiempo. Discutir si la autorización previa para competir es compatible con el derecho de competencia europeo. Eso no es una pataleta. Es una discusión estructural.
Y cuando una discusión estructural se judicializa, ya no estamos en el terreno del berrinche; estamos en el de la arquitectura institucional.
Los 4.500 millones que nadie quiere perder.
Se habla con frivolidad de la demanda multimillonaria. Cuatro mil quinientos millones no son una amenaza retórica. Son una bomba contable.
Pero lo verdaderamente peligroso no era la cifra. Era el precedente.
Porque si un tribunal consolida que el modelo restrictivo vulnera normas de competencia, el problema ya no es indemnizatorio. Es sistémico. Se abre la puerta a que otros operadores entren en el mercado. Se debilita el monopolio de facto.
Si realmente estaba solo, irrelevante y derrotado, ¿por qué hay acuerdo? ¿Por qué negociar con quien ya está vencido?
¿De verdad alguien cree que la UEFA, si estuviera blindada jurídicamente, se sentaría a negociar? ¿Alguien con “la sartén por el mango” ofrece acuerdos de principios por cortesía?
Cuando hay pacto es porque hay riesgo. Y cuando hay riesgo es porque el contrario no es irrelevante.
La UEFA no negocia por compasión.
El relato sentimental habla de “reconciliación”. La realidad habla de equilibrio.
La UEFA no es una ONG. Es una estructura de poder. Y el poder no concede nada sin cálculo.
Si hoy se sienta con el Real Madrid es porque el modelo económico del fútbol europeo está tensionado, porque la Premier crece como un mercado financiero y el resto intenta no quedarse atrás, porque los grandes clubes exigen más participación en la gobernanza y en el reparto.

Y porque, guste o no, el Real Madrid representa una parte esencial del producto global. No una parte simpática, una parte imprescindible, es más…. La parte.
Quien quiera entender esto que lo traduzca a números: audiencias, contratos, mercados internacionales, marca global. Nadie se negocia con irrelevantes.
La Superliga no ha muerto; ha mutado
Muchos celebran el “entierro” de la Superliga. Lo celebran con la misma euforia con la que se celebró su supuesta muerte en 2021. Y sin embargo aquí estamos, cinco años después, hablando de reformas estructurales.
La Superliga como formato cerrado era una propuesta concreta. Pero el concepto que la sustentaba —reordenar el modelo económico del fútbol europeo— no ha desaparecido. Lo que ha ocurrido es más sofisticado: el conflicto externo se ha transformado en negociación interna.
Si el debate pasa de “romper el sistema” a “reformar el sistema desde dentro”, el Madrid no pierde influencia; la consolida.
En medio de todo este ajedrez de adultos aparece, cómo no, el club cliente de Negreira —ése del que usted me habla— anunciando con solemnidad su salida del proyecto para, cuarenta y ocho horas después, descubrir que el tablero se había movido sin avisarles. No es que quedaran descolocados. Es que quedaron desnudos.
Declararon que se iban… y el sistema entero se sienta a negociar. Proclamaron ruptura… y al día siguiente hay principio de acuerdo. Anunciaron dignidad institucional… y lo que se percibe es precipitación, ansiedad y necesidad de quedar bien con quien manda esta semana y con el electorado borrego que va a consolidar al trilero Jan en el poder. El problema de vivir pendiente del titular inmediato es que cuando la política real se mueve bajo tierra.
Mientras unos hacían comunicados para salvar el relato, otros estaban negociando el poder. Mientras unos buscaban aplauso coyuntural, otros gestionaban correlaciones de fuerza. Mientras unos corrían a desmarcarse, el Real Madrid sostenía el pulso sin aspavientos.
Eso es lo que duele. Duele porque revela profundidad frente a superficialidad, estrategia frente a nerviosismo,paciencia frente a oportunismo. El Real Madrid no da volantazos. No emite comunicados impulsivos para apagar incendios reputacionales, no se mueve por pánico mediático. Diseña a largo plazo, soporta la presión, asume el desgaste.. y espera. Esa espera, para quien vive de la urgencia y del aplauso inmediato, es insoportable, porque el poder de verdad no grita, maniobra. Lo demás es relato barato y “carnaza p’al pueblo”.
Una bajada de pantalones sería:
– Retirada unilateral de demandas.
– Reconocimiento de error.
– Regreso sumiso al redil sin contraprestaciones.
Lo que hay es:
– Acuerdo de principios.
– Resolución pactada de litigios.
– Reconocimiento mutuo como interlocutores necesarios.
Eso no es rendición. Es negociación entre actores con capacidad real.
Y aquí entra el personaje central de esta historia.

A Florentino se le puede discutir casi todo menos una cosa: la visión estratégica. Cuando lanzó la Superliga sabía que no se ganaba en 48 horas, sabía que el primer formato no sería el definitivo, sabía que el verdadero terreno era jurídico y político, no mediático. Quien piense que el presidente del Real Madrid ha atravesado este proceso durante años para terminar arrodillado subestima no solo al dirigente, sino a la institución que representa. El Real Madrid no actúa por pulsiones. Actúa por cálculo.
Y el cálculo, hoy, indica que el sistema se mueve. Que la UEFA ya no puede ignorar ciertas demandas. Que el debate sobre gobernanza y reparto ha dejado de ser tabú… y eso, amigos míos, eso es un principio de victoria.
Hay una constante histórica que conviene recordar. El Real Madrid suele ir por delante del ecosistema. Lo hizo en la profesionalización, en la explotación comercial, en la internacionalización, en la modernización del estadio, en la concepción global de la marca.
Ser el primero tiene un coste: parecer arrogante, parecer aislado, parecer incómodo, pero el tiempo suele colocar las cosas. Hoy el club blanco no aparece como rebelde antisistema, sino como actor central en la redefinición del sistema. Y eso es poder.
El Real Madrid suele ir por delante del ecosistema. Lo hizo en la profesionalización, en la explotación comercial, en la internacionalización, en la modernización del estadio, en la concepción global de la marca
Nada de esto significa que la partida esté cerrada. Al contrario: empieza otra y no menos dura.
Quedan cuestiones de gobernanza, quedan repartos económicos, queda el equilibrio entre mérito deportivo y atractivo comercial, queda la tensión permanente entre tradición y mercado, pero el Real Madrid no entra en esta fase como derrotado. Entra como interlocutor imprescindible y eso cambia todo.
Porque si algo ha demostrado este episodio es que no basta con tener la estructura formal del poder. Hace falta tener la legitimidad del mercado, la fortaleza jurídica y la capacidad de presión suficiente para sentarse en igualdad, y el Real Madrid la tiene. En X se analizan estrategias geopolíticas con el mismo rigor con el que se comenta un fuera de juego dudoso. Se necesita un héroe o un traidor cada cuarenta y ocho horas.
Pero la política real es más lenta, más gris y más compleja. No sabemos cómo terminará la negociación. No sabemos cuánto del modelo original sobrevivirá. No sabemos si el sistema cambiará poco o mucho.
Lo que sí sabemos es esto: si el Real Madrid hubiera estado realmente aislado, irrelevante y derrotado, no habría acuerdo. Habría sentencia…y no la hay.
Así que no, Florentino Pérez no se ha bajado los pantalones. Ha cambiado el terreno de juego, ha obligado al sistema a sentarse y ha demostrado que el club más grande del mundo no necesita mayorías ruidosas para influir. A veces basta con tener razón jurídica, músculo económico y paciencia estratégica.
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