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·21 de febrero de 2026

Genuflexión en el Palau: la vergonzosa tibieza de Illa ante el dogma culé

Imagen del artículo:Genuflexión en el Palau: la vergonzosa tibieza de Illa ante el dogma culé

Salvador Illa ha sido entrevistado por Jordi Basté en TVE, y el encuentro ha dejado un regusto amargo para quienes esperaban un mínimo de orgullo institucional —y deportivo—. Es un secreto a voces, casi un dato biográfico de rigor, que el hoy presidente de la Generalitat es socio del Espanyol. Sin embargo, desde que habita el Palau, Illa parece transitar por la vida pública pidiendo perdón por su carnet, como si su militancia blanquiazul fuera una mancha en el expediente que hay que diluir a golpe de corrección política.

La escena en televisión fue el vivo retrato de esta claudicación estética. Basté, olfateando esa inseguridad que emana del dirigente, no dudó en lanzarle una pregunta que roza lo absurdo: ¿Sigue siendo socio del Espanyol? Es un ejercicio de imaginación imposible visualizar al periodista cuestionando la militancia de un presidente culé; la pregunta misma solo existe porque el sujeto es perico y el entorno, históricamente, lo señala como una anomalía.


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Lo que indigna a la parroquia espanyolista no es el silencio, sino la tibieza servil. Ante el envite de Basté, Illa no optó por la naturalidad de quien defiende sus colores, sino que salió raudo y veloz por la tangente de la hegemonía: “El Barça es muy importante para Catalunya”, afirmó con la mirada puesta en el manual de estilo de la Generalitat.

@rtvecatalunya 🩵🤍 El cor del president @salvador_illa és perico. ▶️ Tens el #PlaSeqüència, presentat per @jordibaste, a rtveplay.cat. #PlaSalvadorIlla #La2Cat #LaQueParlaComTu ♬ so original – RTVE Catalunya

Mientras sus antecesores en el cargo lucieron su barcelonismo sin complejos, sin necesidad de justificar la importancia de otros clubes para equilibrar la balanza, Illa parece vivir en una genuflexión constante.

Esta actitud ya no sorprende a nadie. La afición no pide privilegios, solo la dignidad de no ver a su socio más ‘ilustre’ pedir disculpas por existir. El mensaje que proyecta el presidente de la Generalitat es peligroso: que para representar a la Catalunya ‘real’, hay que pedir perdón por no ser parte de la mayoría.

Al final, la sensación es de una orfandad absoluta. Con socios así de acomplejados en las altas esferas, el Espanyol no necesita enemigos; ya tiene suficiente con sus propios ‘representantes’.

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