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·15 de mayo de 2026
Georgia Katsnouri, la internacional chipriota que sueña con jugar en As Celtas

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Vigo y Chipre están separados por más de 3.500 kilómetros, pero el celtismo es capaz de atravesar cualquier frontera y distancia para llegar al corazón de gente que nunca ha tenido ninguna vinculación con Vigo y Galicia. Este es el caso de Georgia Katsonouri, guardameta internacional con la selección de Chipre, que conoció al Celta a través de un amigo y se ha enamorado del club y de su idiosincrasia.
Georgia ha concedido una entrevista a Moiceleste en la que cuenta cómo ha sido su trayectoria futbolística, cómo conoció al Celta y su deseo de poder defender algún día la camiseta de As Celtas. Georgia se define como una persona con“una personalidad intensa, alegre, resiliente, con mentalidad inquebrantable y apasionada” en todo lo que hace. Sus referentes de pequeña eran guardametas, como no podía ser de otra manera: Iker Casillas, Courtois, Neuer o Ter Stegen son algunos de los porteros en los que se fijó cuando decidió ser guardameta.
Esta decisión llegó, como tantas otras veces, motivada por amigos o familiares. Así nos lo cuenta:“Uno de mis primos trillizos era portero. Cuando jugábamos pachangas en el garaje de mi abuelo siempre intentaba imitar sus movimientos y gestos en la portería. Nunca se lo he dicho, pero cuando lo veía en el campo jugando con el Sub-10 en su equipo en Pafos siempre me daban ganas de entrar y jugar con ellos. Un día, en un entrenamiento, faltaba un portero, me ofrecí y así es como empecé, jugando con los chicos en el equipo de mis primos hasta los 13 añitos”.
Así fue creciendo y posteriormente llegó al equipo de su ciudad, que jugaba en la máxima categoría de Chipre:“Me convocaron para la selección Sub-19, me votaron como la mejor portera de la liga en la temporada 2017-18 y, en 2019, conseguí una beca completa para estudiar y jugar al fútbol universitario en los Estados Unidos”, explica.
Durante años jugó al fútbol en Norteamérica, que señala como“muy físico”, y describe: “Allí entrenábamos en el gimnasio dos veces a la semana durante la temporada, que solo dura tres meses, pero muy intensos, con dos partidos por semana. En la off-season, de enero a abril, se entrena en el gimnasio tres veces por semana”. Ahí es donde ve la principal diferencia con el fútbol español: “Aquí se focaliza demasiado en las tácticas. Se trabaja mucho la salida de balón, el comportamiento con y sin balón, y la prioridad es intentar jugar bonito. En Chipre yo diría que, lamentablemente, no tenemos un estilo o filosofía. Según las jugadoras, el equipo se ajusta a su manera de jugar”, apunta.
Tras su periplo en Estados Unidos regresó a su país para jugar en uno de los grandes, el Apollon Limassol, club que acumula 16 ligas en su país, muy por delante del siguiente equipo, el AEK Konstantias, que ha ganado el campeonato local en cinco ocasiones:“Como el mejor club de Chipre, hay que ganar cada partido, y cada partido tiene su importancia. El objetivo del club no es solo ganar, sino jugar bonito al fútbol y marcar cuantos más goles posible”, rememora Georgia, que pudo disputar la fase previa de la Champions con este equipo.
Defendiendo la portería del Apollon recibió la convocatoria de la selección chipriota, lo que define como“un orgullo puro”. “Es un sentimiento especial. Cuando llevo el escudo en el pecho siento que represento a todos esos héroes que han sacrificado su vida por el país, por la libertad. Puro honor, mil sentimientos”, nos cuenta emocionada.
Esta temporada ha cumplido uno de sus sueños: jugar en España, tras fichar por el Club Deportivo Argual, que milita en la misma categoría que As Celtas. Tras no poder jugar en las primeras jornadas por unos problemas administrativos, tuvo paciencia para encontrar su oportunidad y acabó la temporada siendo titular. Fue su primera toma de contacto con el fútbol femenino en España, que describe del siguiente modo:
“El Argual es un club que logró el ascenso a Segunda Federación la pasada temporada, igual que As Celtas. Este era su primer año en la categoría y el objetivo era mantenerse. La directiva invirtió dinero en jugadoras con experiencia en categorías superiores, otras del extranjero y de fuera de Canarias. Ha sido una temporada desafiante para mí, ya que debía adaptarme a un nuevo estilo de juego, conocer muchas personalidades diferentes y aceptar el hecho de que, por inexperiencia, quizás algunos aspectos no iban a ser tan profesionales como en un club de la reputación del Apollon. Disfruté mucho jugando con los pies y aprendí nuevas tácticas de mi entrenador. En fin, fue un año de aprendizaje que me ha hecho más resiliente y, claro, me ayudó bastante con el español”, cuenta.
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